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REFLEXIONES Y DEBATES
Mujeres y cooperativas: desafíos y respuestas desde dos continentes
Número 226 / Año 2018 / Por Sarría Icaza, Ana Mercedes - Buchielli, Marietta - Hopp, Malena - Vuotto, Mirta - Zuluaga, David - Claudia
En el marco del X Encuentro de Investigadores Latinoamericanos en Cooperativismo desarrollado en Buenos Aires los días 2 y 3 de agosto pasados, se desarrolló el “Mujeres y cooperativas: desafíos y respuestas desde dos continentes”, cuyas intervenciones se transcriben. El mismo se proponía reflexionar sobre la relación entre las mujeres y las cooperativas a partir del análisis de cuatro experiencias desarrolladas en Argentina, Colombia, Brasil y Marruecos. Los objetivos eran evaluar si las cooperativas estudiadas ayudaban a sustentar a las mujeres y a sus familias y si promueven el empoderamiento de género. Además, pretendía identificar los debates sobre el tema en cada uno de los países, el nivel en que se da esta discusión, cómo se da y cuál es el enfoque principal de estos debates.
Women and cooperatives: challenges and answers from two continents As part of the X Conference of the Latin American Network of Researchers on Cooperatives held in Buenos Aires, on August 2 and 3, the panel “Women and cooperatives: challenges and answers from two continents” was set up, and the lectures transcribed. The aim of the panel was to reflect on the relationship between women and co-operatives based on the analysis of four experiences in Argentina, Colombia, Brazil and Morocco. The objectives were to evaluate if the co-operatives under study help to support women and their families, and whether they promote gender empowerment. The panel also intended to identify those same debates in each of the countries, the level at which this discussion takes place, the manner in which it occurs, and which is the main focus of these debates.
No quadro do X Encontro de Investigadores Latino-americanos em Cooperativismo que teve lugar em Buenos Aires nos dias 2 e 3 de agosto passados, desenvolveu-se o evento “Mulheres e cooperativas: desafios e respostas dos continentes”, cujas intervenções são transcritas a seguir. O tal evento visava refletir sobre a relação entre as mulheres e as cooperativas a partir da análise de quatro experiências desenvolvidas na Argentina, na Colômbia, no Brasil em Marrocos. O objetivo era avaliar o fato de serem tais cooperativas de ajuda para sustentar às mulheres e suas famílias, promovendo o empoderamento de gênero. Além disso, tinha a intensão de identificar os debates sobre o assunto em cada um dos países, os termos em que discussão foi apresentada, como ela foi desenvolvida e qual o foco principal destes debates.
Revista Idelcoop, nº 226, Noviembre 2018. ISSN 0327-1919 / Sección Reflexiones y Debates

Fundación de Educación Cooperativa Idelcoop

 

Mujeres y cooperativas: desafíos y respuestas desde dos continentes

 

Resumen

En el marco del X Encuentro de Investigadores Latinoamericanos en Cooperativismo desarrollado en Buenos Aires los días 2 y 3 de agosto pasados, se desarrolló el “Mujeres y cooperativas: desafíos y respuestas desde dos continentes”, cuyas intervenciones se transcriben. El mismo se proponía reflexionar sobre la relación entre las mujeres y las cooperativas a partir del análisis de cuatro experiencias desarrolladas en Argentina, Colombia, Brasil y Marruecos. Los objetivos eran evaluar si las cooperativas estudiadas ayudaban a sustentar a las mujeres y a sus familias y si promueven el empoderamiento de género. Además, pretendía identificar los debates sobre el tema en cada uno de los países, el nivel en que se da esta discusión, cómo se da y cuál es el enfoque principal de estos debates.

 

Palabras clave: mujeres, cooperativas, género, Latinoamérica

 

Introducción

Entre el 2 y el 3 de agosto de 2018 se realizó en la ciudad de Buenos Aires el X Encuentro de Investigadores Latinoamericanos en Cooperativismo. El mismo se realizó en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, organizado en esta oportunidad por el Centro de Estudios de Sociología del Trabajo (IADCOM).

La Red de Investigadores Latinoamericanos en Cooperativismo (RILC) fue creada en el año 2000 con el propósito de estimular la reflexión sobre las problemáticas del cooperativismo en la región y generar un debate crítico sobre el quehacer cooperativo al establecer vínculos de colaboración para la investigación e incentivar el fortalecimiento de relaciones entre el ámbito cooperativo y el ámbito académico. Es un espacio abierto a todas aquellas personas interesadas en compartir la investigación sobre el modelo cooperativo de empresa.

En el marco de la consigna de la Alianza Cooperativa Internacional para el Día Internacional de las Cooperativas 2017, “Las cooperativas aseguran que nadie se quede atrás”, la convocatoria al X Encuentro se centró en el tema “las cooperativas como constructoras de inclusión”, una cuestión de importancia significativa para la investigación de aquellas iniciativas en que intervienen las cooperativas. Como parte de las actividades, el 3 de agosto se desarrolló el panel “Mujeres y cooperativas: desafíos y respuestas desde dos continentes” integrado por David Zuluaga, Ana Mercedes Sarría Icaza, Marietta Buchielli, Malena Hopp y Mirta Vuotto, con la coordinación de Claudia Sánchez Bajo.

El panel se proponía reflexionar sobre la relación entre las mujeres y las cooperativas a partir del análisis de cuatro experiencias desarrolladas en Argentina, Colombia, Brasil y Marruecos. Los objetivos eran evaluar si las cooperativas estudiadas ayudaban a sustentar a las mujeres y a sus familias y si promueven el empoderamiento de género.

Además, se pretendía identificar los debates sobre el tema en cada uno de los países, el nivel en que se da esta discusión, cómo se da y cuál es el enfoque principal de estos debates. A continuación, transcribimos las intervenciones del panel.

 

Claudia Sánchez Bajo,[1] moderadora

Buenos días y bienvenidos a este panel público sobre género y cooperativas en el cual habrá cuatro ponentes, de los cuales estaba prevista una persona de Marruecos que no pudo llegar, y por lo cual Mirta Vuotto hará la presentación en su nombre. Como introducción, deseamos hacer notar que se han hecho las mismas preguntas a cada ponente. Las preguntas son las siguientes: 1) ¿Ayuda la cooperativa o el caso que está presentando a sustentar a las mujeres y a sus familias? ¿De qué modo? 2) ¿En qué sobresale el caso que está presentando? 3) ¿Cómo se construye o surge el empoderamiento de género en las cooperativas? ¿Cuáles son los ejemplos que pueden dar? Y, finalmente, 4) ¿Hay debates sobre el tema en sus países? ¿En qué nivel se da esta discusión, cómo se da y cuál es el enfoque principal de estos debates, si los hay?

Para concluir, les pedimos algo que normalmente no es muy común, pero nos pareció interesante para poder luego compartirlo en otros ámbitos, incluyendo en la enseñanza o en futuros debates. Por ejemplo: ¿pueden mencionar una película o un documental interesante sobre el tema de género y cooperativas; un libro o autor que les parezca importante; un video que puede estar en YouTube, que nos va a permitir multiplicar estos debates? Esta ha sido la organización general para las ponencias. Al final de las mismas, esperamos tener tiempo para unas dos o tres preguntas. Muchas gracias por su presencia. Como pequeña nota, querría agregar que David Zuluaga, quien nos acompaña en este panel, hizo una maestría cuya tesis era sobre género, titulada El techo de cristal y las mujeres en las cooperativas de Andalucía.

 

David Zuluaga

Buenos días, tengo el agrado de presentar a Ana Mercedes Sarria Icaza, doctora en Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica. Actúa hace más de diez años como docente e investigadora de la Escuela de Administración de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul (UFRGS), del área de Gestión de organizaciones públicas y sociales, en la temática de economía solidaria. Posee diversas publicaciones en libros y revistas sobre movimientos sociales, economía solidaria y políticas públicas. Ha participado activamente en la construcción de los foros de economía solidaria, y entre 2008 y 2012, coordinó la Red Universitaria de Incubadoras Tecnológicas de Cooperativas Populares (Red de ITCP) e integró el Consejo Nacional de Economía Solidaria de Brasil. Actualmente, es una de las coordinadoras del Núcleo de Estudios en Gestión Alternativa (NEGA), que desarrolla actividades de docencia, investigación y extensión universitaria en el campo de organizaciones y experiencias asociativas cuya dinámica y funcionamiento se distinguen de los modelos hegemónicos. Le doy la palabra para su presentación.

 

Ana Mercedes Sarría Icaza

Buen día. En primer lugar, quiero agradecer la invitación para formar parte de este panel y comentar que discutíamos en el grupo de trabajo las razones por las que este tema resulta fundamental y la forma en que podíamos traerlo a este encuentro, para una reflexión amplia, que va más allá de la presentación de experiencias de grupos de mujeres y que tiene que ver con cuestiones esenciales sobre ese cooperativismo y esta otra economía que queremos construir.

Por ello, voy a presentar en este caso la experiencia de la Cooperativa de Costureras Unidas Venceremos (UNIVENS), ubicada en Porto Alegre. Vamos a intentar responder algunas de las preguntas, pero creo que, más que eso, vamos a colocar principalmente algunos desafíos, ya que las respuestas nos toca discutirlas entre todos.

La UNIVENS es una cooperativa fundada el 23 de mayo de 1996, es decir, estamos hablando de una experiencia que tiene más de veinte años, y que está formada por aproximadamente treinta mujeres en una villa de la periferia de Porto Alegre, buscando generar trabajo e ingresos de forma colectiva. Es una experiencia que simboliza todo el proceso de la economía solidaria de Brasil y que surge en un período de crisis, cuando los resultados del proceso de ajuste neoliberal en América Latina se dejan sentir con fuerza.

En su proceso de organización, ellas logran, inclusive, a través del presupuesto participativo de su comunidad, que llegue una incubadora al barrio, una de las primeras creadas por el poder público para apoyar procesos de grupos de generación de ingresos, de lo que entonces comenzaba a llamarse como “economía solidaria”. Ha formado parte también de diversos procesos de la experiencia de economía solidaria en Brasil, lo que incluye su participación en el foro de economía solidaria, de Rio Grande do Sul y de Brasil, así como en la central de cooperativas UNISOL. Es decir, ellas se constituyen como grupo y al mismo tiempo forman parte de un proceso más amplio de discusión y de ampliación del espacio cooperativo en niveles urbanos. Todas las cooperadas son mujeres, actualmente 24 en total, y trabajan produciendo camisetas y uniformes. Además, forman parte de una red de algodón orgánico que se llama Justa Trama, que es una cadena que incorpora desde el plantío del algodón que se hace en el nordeste y centro oeste del Brasil –la transformación que se hace principalmente en San Pablo y Minas Gerais, y llega hasta Porto Alegre–, donde se realizan las piezas de ropas. Son todas mujeres de la comunidad y alrededores, que se mantienen y sustentan a sus familias a través de la cooperativa.

Tienen además una importante inserción en el territorio, que fue formado a partir de ocupaciones urbanas. El proceso de participación dentro de la propia villa, de la propia comunidad es parte central de la historia de la cooperativa. Impulsaron también la creación de otra cooperativa para niños, una guardería, y recientemente crearon y están implementando un banco comunitario de desarrollo, el Banco Justa Troca. Nosotros, desde la universidad, estamos apoyando ese proceso, que viene desde 2015, y que trata de articular circuitos socioeconómicos en la comunidad.

La cooperativa está coordinada por una de las principales exponentes de la economía solidaria en Brasil, y construida en amplias articulaciones nacionales e internacionales. Esto nos coloca un debate importante, pues tenemos una líder que es pieza clave en el fortalecimiento y papel de esta cooperativa. Ella se construyó como tal a partir del propio proceso de organización, en todo el camino para crear la cooperativa, pero en este momento analizamos que hay una cierta diferencia entre su nivel de envolvimiento y el del resto del grupo, que acompaña y participa, pero que no tiene ese mismo nivel de protagonismo. Entonces, una de las cuestiones que surgen para la discusión es el papel que juegan las líderes en el proceso de ampliación y fortalecimiento del trabajo cooperativo.

El caso de la UNIVENS es un caso emblemático que tiene que ver con un proceso de ampliación de la participación de las mujeres en las cooperativas en Brasil. Históricamente, por el tipo de cooperativas que prevalecían, esa participación era muchísimo menor, pero que se expande a partir de la crisis de los años 90, con el proceso de la economía solidaria. Hay un cambio de perfil, y pasamos a tener muchos grupos integrados principalmente por mujeres, y dedicados principalmente a actividades ligadas a los trabajos domésticos, como costura, alimentación, artesanías. Ese proceso se fortalece con los foros de economía solidaria, los cuales están integrados principalmente por mujeres, evidenciando una diferencia en las dinámicas de participación de lo que venía siendo el cooperativismo hasta ese momento. Es interesante, porque estadísticamente la participación de las mujeres aún continúa siendo menor, pero cuando tomamos los emprendimientos con menos de diez personas, ahí la relación se invierte. Y estos grupos, aunque funcionan de manera colectiva, no adquieren la forma cooperativa, permanecen en su mayoría en la informalidad. En el caso de Brasil, un primer debate importante que surge con la economía solidaria es la visibilidad del papel de las mujeres, cómo esa otra economía tiene que articularse con la problemática del trabajo informal, de la economía popular, de otras lógicas que colocan en su centro la reproducción ampliada de la vida.

La cuestión de la economía feminista como tal es un debate más reciente, viene siendo colocado de forma más explícita a partir del 2010, a partir de la creación de una red de economía solidaria feminista, en un debate que aún es inicial. Ya no es solamente el problema de la visibilidad y de la inserción de las mujeres, pero sí también de la problematización del tema del cuidado, de la relación con el proyecto de la otra economía que se quiere construir. Es un debate todavía inicial, pero marca un momento en el que las mujeres se colocan en relación a un movimiento más amplio, del feminismo, de la discusión sobre el papel del patriarcado, una politización del debate que es bastante más reciente dentro de la economía solidaria. Es en esa perspectiva que se amplía la reflexión sobre el papel de las experiencias de mujeres, aportando elementos para el debate y la acción, considerando la visibilidad y el fortalecimiento de los movimientos feministas y su relación con otros movimientos. Por otro lado, el tema del cuidado para pensar la construcción de otra economía.

Son diversos elementos que aparecen de manera significativa en la experiencia de la UNIVENS, que es solo de mujeres, pues hay una diferencia entre su protagonismo y participación en relación a los casos de cooperativas mixtas. La experiencia nos muestra justamente cómo, en su proceso de organización, las mujeres van entrando en espacios más amplios, de visibilidad, de incidencia en políticas públicas, inclusive de articulaciones políticas, como los foros de economía solidaria y de construcción cooperativa en Brasil.

 

David Zuluaga

Para presentar la segunda experiencia nos acompaña Marietta Buchielli, doctora en Administración de Empresas de la Université de Sherbrooke, Quebec, Canadá y magíster en Desarrollo Rural de la Universidad Javeriana. Es directora del Instituto de Estudios Rurales; editora de la revista Cuadernos de Desarrollo Rural y directora del posgrado en Economía Social y Solidaria de la Universidad Javeriana. Se desempeña también como docente en el programa de doctorado en Estudios Ambientales y Rurales y profesora asociada en la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales de esa universidad. Miembro del Consejo de dirección del Ciriec (Colombia). Fue profesora invitada de la Université de Toulouse, Francia (2016) como titular de la cátedra América Latina. Es autora de publicaciones sobre temas de su especialidad. Los dejo con ella.

 

Marietta Buchielli

Buenos días. Gracias por esta invitación, estoy muy contenta de poder participar. En esta oportunidad les presento algunos resultados del proyecto de investigación guiado por la siguiente pregunta: ¿cómo responde la gestión solidaria a los desafíos de la relación sociedad/naturaleza expresados en el Laudato Si’? La investigación es financiada por la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, Colombia y los hallazgos que presentaré están relacionados con el componente de territorio de dicha propuesta. Para esto, me baso en dos de los cuatro casos estudiados. La cooperativa de crédito, recreación y ahorro familiar Creafam (fundada el 5 de abril de 1993) y la cooperativa de ahorro y crédito San Pío X-Coogranada (fundada el 2 de octubre de 1958), entidades localizadas en el municipio de Granada, departamento de Antioquia, Colombia.

Coogranada, hacia los años 60, era una cooperativa dirigida solamente a campesinos, aunque la confianza que fue ganando en el municipio produjo la adhesión de los maestros de escuelas de la zona, además de otras personas de la localidad. En la década del 90, la confianza se fue ampliando y llegó a constituirse en una entidad muy importante en el municipio. Sin embargo, en el año 2000, la población de Granada fue atacada, primero por las Autodefensas el 3 de noviembre de 2000 y luego por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el 6 de diciembre del mismo año. “Llegó la guerra” comentaban los asociados. En ambas incursiones, las cooperativas no fueron atacadas, aunque estos hechos produjeron el desplazamiento del 80% de la población del municipio de Granada. La situación condujo a llevar adelante cuatro acciones, pilares para el sostenimiento del territorio por parte de asociados. Ellas se expresaron según fue mencionado en acciones como: a) Tenemos que seguir con la cooperativa, no fue necesario siquiera decir: tenemos que conservar a la cooperativa, porque ya llevaban desde la década del 60 un aprendizaje colectivo de lo que era la cooperativa; b) hay que perder el miedo a regresar a Granada y perder el miedo de salir de las zonas rurales hacia las oficinas de la cooperativa en el casco urbano; c) es necesario educar a los niños en la importancia de la cooperativa; y d) es necesario reconocer el pasado histórico.

Las acciones fueron ejecutadas a través de diversas actividades que profundizaron su arraigo a partir de 2002. Por su parte, la cooperativa Creafam utilizó su potencial de recreación programando actividades lúdicas y constructivas para que la población destinara parte de su tiempo a ellas. Lo anterior con el fin de “perder el miedo y utilizar el tiempo libre en algo constructivo”. La primera actividad consistió en celebrar una navidad comunitaria. Los miembros del Consejo de Administración se dirigieron a las zonas rurales donde aún había habitantes y los invitaron al pueblo a participar en actividades conjuntas: cursos varios para las mujeres, Día del Padre, Día de la Madre. Así, la cooperativa organizó actividades deportivas para los jóvenes y los niños y a la fecha, 2018, cuentan ya con un gimnasio. A partir de la necesidad de mantener una generación de relevo en materia cooperativa, así como debido al interés por conservar a la población joven en el municipio, Creafam y Coogranada crearon en 2002 la cooperativa infantil granadina Coingra. En una oportunidad, nos atendió el presidente del Consejo, un niño de diez años que nos decía que conocía la historia del pueblo, qué era lo que había pasado, para dónde fue la gente, etc. Cabe destacar que Coingra creó una guardería que enseña a los niños qué es una cooperativa con el apoyo de diversas actividades lúdicas.

La cooperativa Creafam continuó dando créditos sin intereses a los asociados que no pudieron salir o que decidieron quedarse porque no tenían otra opción, todo basado en la confianza, para que la gente volviera a sus parcelas, al municipio. Esta actividad produjo un retorno al campo logrando una producción destinada tanto para la venta como para el consumo, lo que indujo a la creación de una red de distribución de alimentos y de emprendimientos.

Es importante mencionar que las cooperativas fueron apoyadas por los habitantes que se desplazaron de las localidades originales. En el caso de Creafam, los “granadinos” que se reubicaron en otras ciudades crearon oficinas de Creafam de modo que, en 2018, la cooperativa cuenta con dieciséis oficinas en diversos territorios del país. Asimismo, los asociados que se desplazaron contribuyeron a la reconstrucción del municipio, llegando a obtener una suma de $600.000 millones de pesos ($200.000 dólares). Con este monto, la cooperativa acudió a entidades del Estado para solicitar apoyo y entre otros beneficios se reconstruyeron algunos barrios e instalaciones diversas.

Por último, debo destacar la creación del Museo de la Memoria en el municipio de Granada que tiene como finalidad reconocer y no olvidar el pasado histórico. En el museo, se realizan actividades de reencuentro con la ciudadanía con la participación de personas de todas las edades.

En conjunto, las anteriores acciones han permitido recobrar la confianza de las personas tanto en su territorio como en la cooperativa y lo notable es que muchas volvieron al municipio por lo que se percibe un período de reconstrucción y de acción. Por ejemplo, algunos jóvenes han creado asociaciones diversas en diferentes ámbitos, interiorizando la “validez de la vida humana”, como comentan algunas asociadas.

Para concluir, se debe destacar que la acción cooperativa ha permitido mantener un territorio y una comunidad basada en la confianza y en la integración también con el Estado y con la Confederación de Cooperativas de Antioquia, la que ha ayudado mucho a todos esos procesos. Lo anterior no ha estado exento de encuentros, desencuentros y aciertos, aunque lo importante es reconocer que las cooperativas han sido un eje fundamental en la reconstrucción del territorio. En una visita al municipio, la entonces ministra de Trabajo comentó: “Ustedes son un ejemplo de lo que se debe trabajar para superar estos conflictos, ustedes están logrando ya los acuerdos de paz”. Muchas gracias.

 

David Zuluaga

Muchas gracias, Marietta, vamos a continuar con la presentación de Malena Victoria Hopp, que es doctora en Ciencias Sociales e investigadora del Instituto de Investigaciones Gino Germani, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires (Conicet). Es investigadora del Departamento de Cooperativismo, Economía Social y Autogestión del Centro Cultural de la Cooperación y del Grupo de Trabajo CLACSO “Esquemas de bienestar en el siglo XXI”. Es docente de la Facultad de Ciencias Sociales, en la carrera de Trabajo Social de la Universidad de Buenos Aires. Adelante con la presentación.

 

Malena Hopp

Buenos días a todes. Ayer en una de las mesas de este congreso, una de las cuestiones que se planteó fue cómo empezar a usar el lenguaje inclusivo, y cómo pensar a las cooperativas como un espacio inclusivo que también considere esta perspectiva de género, así que me comprometí a traer esta idea acá al panel. Además de eso, quería agradecer a Mirta por la invitación, la verdad que es un placer compartir el panel con las y los colegas. Y, también, celebro que haya en este Congreso Latinoamericano de Investigadores del Cooperativismo una mesa específica que hable de la acción de las mujeres y las cooperativas, porque la cuestión de género, la lucha por la igualdad de las mujeres trabajadoras, cooperativistas, está, sin duda, en agenda pública. Y creo que es fundamental que el movimiento cooperativo tome como propia esta demanda, que incluye por supuesto, también, a los que investigamos desde un lugar comprometido con la construcción de “otra economía”, que podamos tomar estas temáticas como propias, porque el cooperativismo tiene herramientas muy potentes para contribuir a la transformación del rol de la mujer en la sociedad y la consecución del reconocimiento de sus derechos.

Cuando empecé a pensar en el caso de la Argentina, y me pedían que presente los datos generales del caso, me encontré con un problema bastante importante: que no teníamos demasiados datos, ni de las cooperativas en general, ni mucho menos de la situación de las mujeres cooperativistas. Creo que este es uno de los desafíos que tenemos pendientes en la academia, en la investigación, poder construir información sobre estas experiencias, sobre el aporte del sector a la economía, y también demandar que las estadísticas públicas den cuenta de este aporte, y de la situación específica de las mujeres cooperativistas.

Una de las particularidades del caso de la Argentina es que tiene una trayectoria bien larga de cooperativismo, que se remonta a los inicios del 1900, y que abarca en realidad toda la gama de actividades de las cooperativas. En esta trayectoria, podemos distinguir un sector tradicional o clásico de la economía social, y un nuevo sector que irrumpe, que podemos llamarlo como las cooperativas del siglo XXI, que irrumpe, por un lado, a partir de las estrategias que tienen los trabajadores para conservar sus fuentes de trabajo. Estoy pensando en las empresas recuperadas, pero también en todo un conjunto de emprendimientos, que algunos de ellos luego conformaron cooperativas, que se dieron más bien como estrategias de vida frente a la crisis, y fundamentalmente todo un sector de cooperativas que fueron promovidas específicamente a partir de programas sociales que tenían el objetivo de la inclusión por el trabajo. Eran programas que se proponían abordar los problemas del desempleo y de la pobreza a partir de la generación de cooperativas de trabajo.

Estas cooperativas que se promovieron a partir de distintos programas sociales (los de mayor alcance fueron Argentina Trabaja y Ellas Hacen, a esos me voy a referir cuando presente algunos ejemplos) tuvieron la participación mayoritaria de mujeres. Tal es así que, en 2013, el programa Argentina Trabaja, que fue el de mayor alcance y se lanzó en el año 2009, reconoció esta situación y se propuso la creación de una línea de intervención que se llamaba Ellas Hacen, destinada a mujeres con más de tres hijos a cargo, en situación de alta vulnerabilidad, y se priorizó también la situación de mujeres víctimas de violencia de género. Creo que esta es una parte del reconocimiento de la situación de las mujeres, y en la presentación está el dato: este programa alcanzó a más de ochenta mil mujeres, y los programas en conjunto alcanzaron a más de 260.000 personas, con lo cual no estamos solo hablando de experiencias pequeñas, sino también de un programa que tuvo al menos una pretensión de masividad y una fuerte apuesta institucional por promover el cooperativismo desde la política social como forma de resolución de estos problemas. Lamentablemente, estos programas fueron clausurados en febrero de 2018, y reconvertidos en un nuevo programa que se llama Hacemos Futuro, que es una transferencia de carácter individual, más bien una forma de asistencia individualizada, en la cual los destinatarios y las destinatarias tienen que, cada cuatro meses, acreditar que están realizando estudios.

Las cooperativas promovidas por los programas sociales fueron espacios colectivos de trabajo. Y acá ya me voy a referir a esta pregunta: ¿ayudaron las cooperativas a sustentarse a las mujeres y a sus familias? La respuesta sería para mí un “si” condicional, o un sí, pero con tensiones, conflictos y algunos límites vinculados por el propio diseño de los programas. Un ejemplo de esto es el bajo monto que otorgaban, que era un monto menor al valor del salario mínimo, vital y móvil, solo por poner un punto de comparación, y también límites asociados a la situación general de las mujeres, en Argentina, y me animaría a decir en América Latina, y quizá en el mundo. Entonces, para responder esta pregunta, a mí se me ocurría más bien reformularla y plantear cuáles son las condiciones de sostenibilidad del trabajo cooperativo en Argentina, en qué condiciones se favorecería la inserción laboral de las mujeres, y en qué condiciones estas cooperativas contribuirían efectivamente al sostenimiento de los hogares. Y, a partir de allí, plantear cuáles son sus límites y cuáles los desafíos que tenemos por delante.

El problema de la sostenibilidad refiere a las condiciones políticas, económicas, socioculturales e institucionales que son necesarias para el desarrollo del cooperativismo. En ese sentido, se me hacía difícil pensar en la situación de las cooperativas y de las mujeres sin plantear algunas cuestiones del contexto general. A partir de diciembre del 2015, con el cambio de gestión de gobierno, hay un quiebre en la orientación de las políticas públicas que comenzó a dificultar, a partir de algunas políticas económicas y laborales, el desarrollo de las cooperativas, su sostenibilidad y también su reconocimiento, a partir de una suerte de proceso de deslegitimación especialmente de estas cooperativas, que –como mencionaba– fueron teniendo cambios paulatinos que fueron borrando la figura de la cooperativa de los programas, y luego terminó esto con la clausura de los mismos. La situación de ajuste y de crisis, lo que hace es sobrecargar a las mujeres. Un dato que arrojan las encuestas del uso del tiempo en nuestro país es que las mujeres destinan, en promedio, 6,4 horas diarias a estas actividades, mientras que los varones dedican casi la mitad a estas tareas. Poder considerar estos números y esta situación es clave para pensar en qué medida estas cooperativas favorecen el sustento de los hogares, y en qué medida pueden constituirse en formas de mayor explotación a partir de la intensificación del trabajo de las mujeres en las esferas productiva y reproductiva, y también los aspectos del compromiso con la comunidad y las actividades comunitarias que tienen que ver con los principios propios del movimiento cooperativo.

Entonces, ¿cómo se construye el empoderamiento de las mujeres en estas experiencias? En las cooperativas hay espacios colectivos de trabajo, de participación social, política, de organización y aprendizajes. Como todo proceso, no se da de una vez y para siempre, sino que se va construyendo en lo cotidiano, en el trabajo en estas experiencias. Y, por supuesto, esto depende también de cada experiencia asociativa, que fue bien distinta, de cada cooperativa y de cada organización. Algunas cuestiones que las mujeres destacaron como muy valoradas, y como posibilitadoras de la transformación de la percepción de sí y de su rol en la sociedad, fueron: los aprendizajes vinculados con un oficio, las capacitaciones a partir de las diplomaturas y tecnicaturas en economía social y solidaria, que también se desarrollaron en relación con estos programas, en las que se graduaron 7.500 cooperativistas, con una participación mayoritaria de mujeres. Las mujeres, cuando podían quizás dejar la carga mayor de trabajo, porque sus hijos ya eran un poco más grandes, por ejemplo, podían, a partir de la oportunidad que les brindaba el programa, dedicarse al estudio y dedicarse a poder tener o gozar de un cierto tiempo propio, y no subordinar su tiempo a las necesidades y los deseos de los demás. Por otro lado, el programa también favoreció la problematización de los roles de género, y la desnaturalización de la división sexual del trabajo, porque las actividades que hacían estas mujeres eran vinculadas a la construcción, a los oficios, tareas en la calle, habitando espacios usualmente destinados o pensados como parte de lo masculino.

Finalmente, los debates que se están dando en Argentina están estrechamente ligados a la visibilización del movimiento feminista. Por esto, una de las cuestiones más importantes que se empezó a plantear, en este sentido, fue el paro que se realizó el 8 de marzo, que es el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, que se organizó bajo el lema “Nosotras movemos el mundo, y ahora lo paramos”, para poner de relieve la importancia de estos trabajos sistemáticos, cotidianos, de cuidado y sostenimiento del hogar, que hacen las mujeres y que son indispensables para la reproducción de la vida. Algunos ámbitos concretos que se fueron creando en el movimiento cooperativo, tanto en entidades más tradicionales como en estas nuevas cooperativas de trabajo, fueron la Secretaría de Géneros, del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos; el Comité de Equidad de Género, de Cooperar, con su campaña “Cooperar contra la violencia”; el Pacto Cooperativo por la No Violencia, que también propuso esta Confederación para declarar a estas entidades libres de violencia de género; la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular, en donde hay este tipo de cooperativas impulsadas por programas sociales; se creó una Secretaría de la Mujer y la Diversidad, y también con las empresas recuperadas hay un espacio de mujeres.

También, sugirieron que recomiende algún texto para pensar esta relación entre las mujeres y las cooperativas. Es la Revista Autogestión, que el último número es “Autogestión sin patriarcado y sin patrón”. Creo que es un buen material para leer. Hoy, también, el movimiento cooperativo se está articulando en relación a la demanda por otra economía, para la sostenibilidad de la vida, y en estos tiempos por la despenalización y legalización del aborto, que es también una reivindicación del movimiento feminista.

 

David Zuluaga

Para finalizar, se realizará la presentación de la cooperativa agrícola femenina Taitmatine de Marruecos. Youssef Alaoui ha tenido un inconveniente que le impide acompañarnos y ha confiado su presentación a la profesora Mirta Vuotto quien conoce la experiencia.

Mirta Vuotto realizó estudios de posgrado en la Universidad Católica de Louvain en Bélgica y es doctora de la Universidad de Buenos Aires. Dirige el Centro de Estudios de Sociología del Trabajo en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires. Se especializa en temas organizacionales y de trabajo, en particular en cooperativas. Ha sido fundadora, en el 2000, de la Red Latinoamericana de Investigadores en Cooperativismo y ha coordinado el desarrollo de este encuentro. Le damos la palabra.

 

Mirta Vuotto

Buenos días. Voy a mencionar algunos aspectos del contexto socioeconómico y geográfico de la cooperativa Taitmatine para entender el porqué de su importancia. Marruecos es un país de África del norte con influencias culturales bereberes, árabes y europeas. Su Gobierno es una monarquía constitucional, con legislatura bicameral y un sistema multipartidista con sufragio universal. Su población, de más de 35 millones de habitantes, reside en una superficie de 446.550 km² (equivalente al 20% de la superficie de Argentina). Es un país con estabilidad macroeconómica y bajos niveles de inflación, con un sector agrícola relevante en términos de generación de riqueza, una industria en la que sobresalen el sector textil, el refinamiento de petróleo, las nuevas industrias –como química, autopartes y producción aeroespacial– y un sector de servicios que representa más del 50% del PBI.

Uno de los factores dinamizadores del sector agropecuario, que posibilitó la creación de esta cooperativa, es la fabricación de aceite de argán. La misma proviene de una especie vegetal que prospera en la zona semiárida y árida del sudoeste del país, donde ocupa una extensión de 830.000 hectáreas. La zona fue reconocida por la UNESCO, en 1998, como Reserva de la Biosfera de Arganeraie. El fruto del argán, de forma alargada, mide entre 2 y 4 centímetros y está cubierto por una piel gruesa que envuelve la cáscara que rodea las semillas. De ellas se extrae un aceite con múltiples propiedades, tanto nutricionales como cosméticas. Cada planta produce de 10 a 30 kilos de frutos y se requieren entre 30 y 50 kilos para producir un litro de aceite. En su elaboración, sobresalen las prácticas de las mujeres por los métodos y las habilidades tradicionales empleados para la extracción de aceite, su utilización y la fabricación de herramientas para su producción. Mientras que, en la familia, los hombres se dedican a las prácticas arborícolas, las mujeres se ocupan de algunas prácticas productivas aprendidas en el ámbito familiar que pueden ejercer a partir del casamiento. Ellas recolectan los frutos que caen de las plantas cuando maduran y se ocupan del proceso productivo adoptando un conjunto de técnicas manuales que tienen su origen en el medioevo. En este proceso, parten la cáscara de cada fruto con una piedra, para llevarlo luego a la molienda en un molino de piedra y producir la pasta que permite extraer el aceite.

Este contexto permitió fundar a dieciocho mujeres la cooperativa agrícola Taitmatine que, en 2002, se creó para mejorar la condición socioeconómica de la población rural y fue sostenida en su inicio por una asociación y un proyecto financiado por el Principado de Mónaco. La cooperativa ha recibido múltiples apoyos y acciones de formación. Actualmente, trabajan 200 mujeres, de las que 102 son cooperadoras asociadas; 8 asalariadas permanentes; 60 fundadoras de una cooperativa asociada; y 30 contratadas. Ellas generan ingresos complementarios para el hogar y ocupan el 35,5% de la población total del pueblo. Las mujeres trabajan en el espacio físico de la cooperativa en una sala común y, a partir de la recolección del fruto, producen aceite con los métodos que antes mencioné. Un litro de aceite equivale al trabajo de entre uno y dos días, por el que se percibe 25 euros de ingreso (en Europa, por lo general, el litro de aceite de argán cuesta diez veces más). El 80% de la producción es exportado a Asia y Europa.

El caso de Taitmatine sobresale debido a la forma y tipo de trabajo que se realiza. Generalmente, trabajan mujeres solteras y viudas ya que a las casadas sus maridos les impiden trabajar colectivamente. A partir de técnicas artesanales, realizan las distintas etapas de un proceso que habitualmente se efectuaba en forma individual en el hogar o de manera informal. La cooperativa contribuyó a organizar e institucionalizar una actividad generadora de empleo, agrupando a quienes han podido identificarse como “integrantes” para dejar de ser reconocidas solamente por su condición tradicional de esposa o madre. En este aspecto, se destaca su papel al haber ayudado a construir el empoderamiento de género, sosteniéndolo también por la acción educativa desarrollada en el tiempo, el apoyo a las mujeres y sus familias, la alfabetización en el local de la cooperativa, la guardería para los niños del pueblo, la organización de salidas educativas y la asistencia a las trabajadoras a través de un Fondo de Solidaridad en casos de enfermedad y muerte.

Aunque la coopertiva ha permitido visibilizar la actividad de las mujeres, poniendo en evidencia un saber ancestral, el trabajo no goza de protección social y dista de ser un trabajo decente. Es un trabajo desgastante que requiere posturas corporales que provocan fatiga al estar sentadas en el suelo y tener que partir cada semilla con una piedra moliéndola eventualmente en forma manual. A esto se agrega la carencia de una cobertura de maternidad adecuada y la perdurabilidad de la brecha entre las trabajadoras y las funcionarias. Parecería que la escisión entre quienes integran el Concejo de Administración y el resto es importante.

Es una situación similar a la señalada en UNIVENS en Brasil, en términos de que la presidenta actúa como la dueña de la cooperativa y es muy difícil nivelar desde la base. Por ello, se ha planteado la necesidad de impulsar la práctica de los principios cooperativos y extender la formación en materia de gestión y especialmente en los aspectos relativos a la marcha comercial de la cooperativa.

Para concluir, es importante destacar que las informaciones que dan cuenta de esta experiencia se encuentran en sitios institucionales que ponen de relieve la importancia del trabajo de las mujeres. Se destaca también la figura de Zoubida Charrouf, química y profesora de la Universidad Mohammed V (Agdal de Marruecos), por haber descubierto las propiedades del aceite y trabajar para generar varias iniciativas de cooperativas de mujeres. El resultado de esta experiencia fue resumido por Youssef Alaoui con la palabra “coraje”. El concepto se asocia a la valentía de las mujeres para salir de sus hogares, reunirse con otras, superar los prejuicios sociales, consolidar el funcionamiento de la cooperativa y, ante numerosos impedimentos, impulsar los cambios necesarios para superar algunas limitaciones.

 

Claudia Sánchez Bajo, moderadora

Muchas gracias a todas, ahora vamos a invitar ahora a los presentes a proponer algunas preguntas que van a ser respondidas por las ponentes.

 

Pregunta 1

Mi nombre es Celia Villagra, un gusto en conocerlas. Soy abogada, y desde mi conocimiento del derecho, y el tema de los derechos económicos, sociales y culturales, las protecciones y la seguridad social, me pregunto (y la pregunta está dirigida a las cooperativas de trabajo), en estos cuatro casos, de distintos países, más allá de todo el éxito en producción, en eficiencia, de la empresa, qué ocurre con los derechos sociales de las mujeres, si están protegidos. Nunca se menciona. En la mayoría de los encuentros en los que participo, tanto nacional como internacional, poco se habla sobre la normativa con respecto a esto. Quisiera escuchar a ver si al menos tienen conocimiento de esto.

 

Malena Hopp

Yo puedo decir algo sobre la normativa, al menos en el caso de la Argentina, lo que planteas es exactamente así. Las cooperativas en Argentina han avanzado en la construcción de un entramado institucional que reconoce a la economía social. Sin embargo, quedan muchas cuestiones pendientes, por ahí no lo mencioné porque es difícil, pero el tema de la seguridad social es clave, porque la forma que tienen nuestras cooperativas es la de registrarse a través del monotributo, que es una figura mediante la cual se accede a una jubilación (que termina siendo la mínima). Es una figura tributaria individual que no contempla el carácter colectivo de las cooperativas, aunque tampoco podría adoptarse una figura patronal, porque en las cooperativas tampoco hay un patrón.

Respecto a las protecciones no reguladas con la maternidad o las licencias, creo que se trata de un problema en general de la autogestión. En el caso de las cooperativas de programas sociales, sí creo que se avanzó en cuanto a la Asignación Universal por Hijo. Fue algo que permitió igualar ciertas condiciones, porque, especialmente, los cooperativistas no podían acceder. Ahora, a partir de 2016 (si no me equivoco), se ampliaron las asignaciones familiares también a monotributistas, pero también con los mismos límites. Creo, entonces, que es un tema aún pendiente, un desafío de carácter normativo, ya que lo que existe como opción no reconoce el carácter colectivo de las cooperativas.

 

Marietta Buchelli

En cuanto a lo de cobertura social, las personas están vinculadas a la cooperativa con un contrato laboral, que implica seguro social, aportes para pensión. Al igual que en el caso de los trabajadores autónomos, los aportes a la seguridad social están totalmente a cargo de los trabajadores asociados, aunque la cooperativa puede decidir si contribuyen al pago y si son responsables de este frente a las entidades promotoras de salud y los fondos de pensiones.

 

Ana Mercedes Sarría Icaza

En relación a la normativa y los derechos, quiero decir que la mayor parte de los emprendimientos de economía solidaria son informales y pequeños, en el caso de esta cooperativa [UNIVENS] no, es formalizada y logra atender a la ley cooperativa. El objetivo es tener una mejor calidad de vida para las personas, entonces, tienen un nivel de ingresos que no es muy alto, pero que se relaciona con el nivel de cada trabajador con ese tipo de función. Logran, por ejemplo, toda la cuestión de las vacaciones, trabajan mucho esa dimensión, tienen fondos para diversos tipos de necesidades y me parece que es una cooperativa de producción que ha logrado expresarse. La mayoría de las cooperativas no logran ese nivel, justamente por toda la cuestión de las condiciones de viabilidad de esa experiencia. Sí, tenemos un problema en Brasil, por la propia ley, que es de la época de la dictadura y no se logró alterar. Es problemático. Hubo una discusión muy grande en el movimiento de economía solidaria. No se logró avanzar, porque también implica todo un debate del propio movimiento cooperativo. Es un caso interesante, porque se ha logrado avanzar en esa perspectiva, pero también hay que ver que se logró un avance, en términos de apoyo internacional, a pesar de que ellas funcionan a partir de su propio trabajo, que no cuentan con ayuda de políticas públicas, más allá del edificio y otros proyectos.

 

Pregunta 2

Buen día, quería preguntar ¿cuáles son las estrategias de formación y la diferencia entre las competencias de las cooperadas y las líderes? También, me interesa saber cuál ha sido la historia de la evolución de los cargos directivos en estas cooperativas, si es que se han producido cambios importantes.

 

Mirta Vuotto

En el caso de Marruecos, indiqué la necesidad de promover un trabajo decente. Y contestando la segunda pregunta, quiero destacar que la cooperativa hace mucho hincapié en poder generar la alternancia en los liderazgos a través de la educación. Asimismo, exceptuando a la dirigente de la cooperativa, en su origen se trataba de una población analfabeta, carenciada en ese sentido. En conjunto, han trabajado para lograr que todas las mujeres fuesen alfabetizadas y que las más jóvenes pudiesen acceder a un escalón más de estudios. La idea fue conseguir que no migrasen al finalizar los estudios y que se estableciesen en la localidad para trabajar en función de las necesidades de la comunidad. La legislación, aparentemente, es muy débil, el peso de la tradición muy fuerte, y a eso se añade la dificultad de rotar las líderes en este tipo de organizaciones.

 

Ana Mercedes Sarría Icaza

Sobre la cuestión de estrategias de formación, creo que el problema, en esa cuestión de liderazgo, no es la falta de formación, porque tienen mucha, yo misma ya participé en varias. De la misma manera, la idea de hacer una rotación en los cargos tiene que ver con un fenómeno que es la figura que va destacándose y los procesos de participación más allá del grupo, porque estos espacios cooperativos son muy importantes para ampliar la participación, pero eso significa también tener que lidiar con presupuestos participativos, espacios de representación. Me parece que a nosotros como investigadores nos demanda ir más allá, cuáles son los procesos de esas mujeres y de qué manera eso se trabaja, porque inclusive ellas toman decisiones de manera colectiva, pero en la cooperativa ellas tienen una participación mayor y nivel de territorio. Cuando van a pensar en otros espacios, ahí es que no hay la disponibilidad, digamos. Va creándose un círculo, también, relacionado a una figura de una mujer, alguien sensible, con la cual hay una relación de confianza. Entonces, diría que no es un problema de educación, sino que va más allá.

 

Pregunta 3

Quería consultarle a Mirta con respecto a si conoce qué pasa con el proceso de redistribución de la ganancia y sobre el proceso de toma de decisiones que tienen estas mujeres cooperativistas en lo relativo a la producción del aceite del argán.

 

Mirta Vuotto

Aunque el salario que perciben cooperativamente por la venta del aceite de argán no es proporcional al valor del aceite en el mercado, la cooperativa genera excedentes que, en su mayoría se aplicaron a la mecanización de una parte del proceso de la producción de aceite. Al respecto, se pueden encontrar laboratorios con maquinaria relativamente moderna que se dedica a facilitar el trabajo de la molienda que antes era casi exclusivamente manual. Hay consenso en estos temas. Otra parte del excedente se destinó a la construcción de la guardería para que puedan acudir los niños del pueblo. Esto resulta interesante ya que el impacto de la cooperativa se extiende no solo a la población de mujeres que la integran, que es relativamente reducida, sino que se generaliza y produce un efecto importante en el pueblo, que a partir de estas realizaciones ve con buenos ojos su acción y el involucramiento con las necesidades de la comunidad.

 

Claudia Sánchez Bajo, moderadora

Para cerrar, voy a enumerar una serie de puntos y preguntas que surgen a partir de las ponencias. Estos ocho puntos y cuatro preguntas me parecen muy interesantes, porque a pesar de los distintos países, e incluso continentes, en los cuales se sitúan los casos de estudio aquí expuestos, se observan procesos similares surgiendo desde los años 90, y más aún desde el 2000.

Primero, las políticas neoliberales, los procesos de ajuste y reestructuración han dado lugar a reacciones que en muchos casos parten de las mismas mujeres, y que están dando respuesta a crisis de distinto tipo. Estas crisis no son solamente crisis económicas, de trabajo y sociales, sino también de violencia, y de procesos de erosión de los recursos naturales y del medio ambiente.

Segundo, se observa que las mujeres comienzan, en principio, con un capital que es mínimo, propio, personal, de su propio trabajo, pero que luego a través de distintos procesos comienzan a acumular capital de inversión, de reinversión, capital en los territorios, para la reconversión educativa, para la acción social y política, y también para la valorización de los territorios y de los recursos naturales en los cuales viven, como en el caso del aceite de argán.

Tercero, estos procesos se construyen y analizan por medio de enfoques feministas variados, en algunos casos relacionados con la Iglesia Católica, y en otros casos mucho más críticos, es decir, que hay una variedad en las perspectivas feministas.

Cuarto, hay efectivamente una sustentación y una valorización de la parte productiva, pero también de la parte reproductiva y de la reproducción ampliada.

Quinto, y esto es un punto muy importante, las mujeres pasan de ser sujetos de políticas públicas, como en el caso de Argentina, a ser actoras de políticas públicas, siendo notable el caso de Brasil, mientras que en el ejemplo de Colombia pasan a ser coactoras, incluso en lo que pensamos normalmente como políticas y/o partenariados público/privados, algo que se puede observar en sus diálogos con el Gobierno, en procesos de reinversión o de reconversión de los territorios, como en los pactos de no-violencia.

Sexto, en estos procesos, el movimiento cooperativo parecería quedar como algo más bien marginal, más o menos activamente involucrado, siendo, sin embargo, un actor central y de apoyo clave a tales procesos.

Séptimo, el potencial de empoderamiento de género se manifiesta cuando se considera a la cooperativa como un proceso colectivo, estando en constante construcción.

En cambio, octavo y último punto, cuando se comienza a entender estos procesos de empoderamiento como algo individual, es decir, donde se trata a los asociados como receptores de algo micro (un beneficio individual, por ejemplo), se está perdiendo todo el potencial transformativo, no solo para las relaciones de género, sino también al nivel socioeconómico, incluso del desarrollo del país. Esto parece quedar bastante claro.

En cuanto a las preguntas compartidas por las ponentes, ellas tienen que ver con el liderazgo, el rol de la educación, la cuestión del poder y de la democracia. El liderazgo aparece como un factor siempre presente y constitutivo de la sostenibilidad en el tiempo de cada experiencia. Lo cual trae aparejada la pregunta sobre el remplazo de la líder, sobre cómo ejercer el poder al interior de cada cooperativa y hacia la sociedad. Vinculado a este punto, se perfila el papel esencial de la educación y la necesidad de que la educación sea constante y de calidad para que todas las mujeres puedan tener las mismas oportunidades, la misma información, alcanzar los mismos niveles en los cargos, e igualdad en la participación en sus experiencias cooperativas. Ello indica, también, que hay siempre una tensión en la dimensión del poder, y en cómo el poder se constituye y reconstruye, cómo se vive y ejerce, al interior y por medio de las cooperativas, y ello en todos los casos de estudio tratados por este panel.

No se puede olvidar, además, la cuestión de los derechos sociales y de los derechos de cobertura y de acceso a los derechos por parte de las mujeres y de sus familias, lo que queda como una pregunta abierta en una senda que las mujeres están trazando y fijando día a día. Hay, por lo tanto, muchas cosas por hacer, en una cuestión que no solo es de las mujeres, sino de todos juntos para poder construir un mundo mejor. Muchas gracias a todos.

 

[1] Claudia Sánchez Bajo es doctora en Estudios de Desarrollo de la Universidad Erasmus en Rotterdam, Países Bajos y miembro de la junta directiva de la Alianza Cooperativa Internacional (ICA-CCR) desde mediados de 2017. A partir de octubre de 2018, será profesora en la Universidad de Kassel, Alemania, sobre cooperativas y economía solidaria. Colabora como investigadora externa en el Centro de Estudios de Sociología del Trabajo, Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires. Es autora de publicaciones sobre temas de su especialidad y ha participado en reuniones de expertos de las Naciones Unidas sobre cooperativas (Nairobi, 2015 y Nueva York, 2016). Ha sido consultora de la OIT (Ginebra) y fue miembro en Canadá de la Junta de la Asociación Canadiense de Estudios para la Cooperación (CASC).