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DOSSIER ANALICEMOS NUESTRA IDENTIDAD COOPERATIVA
Ecología, cooperativismo y creatividad. Doce porpuestas para orientar las políticas cooperativas de transición ecológica
Número 238 / Año 2022 / Por Busso, Hugo
El contexto actual de nuestra civilización interpela el rol, la misión y los objetivos políticos estratégicos del movimiento cooperativo internacional (ACI), de sus organizaciones y gestiones locales y regionales. Los destinos que abre la crisis multidimensional a la que asistimos, imponen decidir en el momento de la oportunidad (Kairós), porque ya estamos en el tiempo de la dehiscencia (el momento en que el fruto explotó, haciendo saltar la cimiente). Los aprietos ambientales muestran ya, en el tiempo del interregno, un nuevo momento civilizacional en gestación de un ciclo vital, que tiene a nuestro modo de vida, producción y consumo como elementos simbióticos-parasitarios de lo viviente. Las posibilidades y alternativas para el futuro próximo abren tres escenarios factibles, como ensayos de respuesta política. El primero, el “más de lo mismo”, el neoliberalismo con múltiples rostros y versiones (populistas, socialdemócratas, liberales, conservadoras y ambientalistas). En segundo lugar, “el ecofascismo”, justificado por los desafíos ambientales, que hará una profunda degradación democrática. Estas dos primeras versiones son las que se perfilan con más fuerza, como la resistencia de lo que se niega a morir, o dejar su lugar a la emergencia de lo nuevo. La tercera posibilidad por crear en la praxis es la ecoocreatividad, por la que debería transitar, apostar y consolidar un nuevo imaginario postneoliberal.
Ecology, co-operativism and creativity. Twelve proposals to guide co-operative policies of ecological transition. The current context of our civilization challenges the role, the mission and the strategic political objectives of the international co-operative movement (ICA), of its local and regional organizations and managing bodies. The destinies opened by the multidimensional crisis we are witnessing call us to make a decision at the right time (Kairos), because we are already in the time of dehiscence (the moment when the fruit splits, causing the seeds to disperse). The environmental predicaments already show, at this time of transition, that a new vital cycle in civilization is being born, which has our way of life, production and consumption as symbiotic-parasitic elements of the living. The possibilities and alternatives for the near future open three feasible scenarios, as potential political responses. The first one, the "more of the same” scenario: neoliberalism with multiple faces and versions (populists, social democrats, liberals, conservatives and environmentalists). The second one, "eco-fascism", warranted by environmental challenges, which will lead to a profound democratic degradation. These first two versions are the ones that emerge with the greatest force, as the resistance of that which refuses to die, or leave its place to the new. The third possibility to be created in praxis is eco-creativity, which should be practised, fostered and consolidated by a new post-neoliberal imaginary.
Ecologia, cooperativismo e criatividade. Doze propostas para nortear as políticas cooperativas de transição ecológica. O contexto atual de nossa civilização questiona o papel, a missão e os objetivos políticos estratégicos da Aliança Cooperativa Internacional (ACI), de suas organizações e gerenciamentos locais e regionais. Os destinos que a crise multidimensional que estamos presenciando abre, obrigam-nos a decidir agora, no momento da oportunidade (Kairós), pois já estamos na hora da deiscência (momento em que o fruto explodiu, fazendo saltar a semente). As dificuldades ambientais já mostram, na era do interregno, uma nova fase civilizacional gestando um ciclo vital, que tem o nosso modo de vida, produção e consumo como elementos simbiótico-parasitários do viver. As possibilidades e alternativas para o futuro próximo abrem três cenários factíveis, como ensaios de resposta política. O primeiro ensaio é "mais do mesmo", o neoliberalismo com múltiplas faces e versões (populistas, socialdemocratas, liberais, conservadores e ambientalistas). O segundo, o "eco fascismo", justificado pelos desafios ambientais, que causarão uma profunda deterioração democrática. Essas duas versões primeiras são as que se apresentam com a forca maior, com a resistência do que se recusa a morrer, para dar lugar ao novo paradigma emergente. O terceiro paradigma a ser criado nas práxis é a eco criatividade, na que um imaginário novo, pós-neoliberal, deveria se encaminhar, tornar-se firme e se consolidar.

Revista Idelcoop nº 238 - Noviembre 2022 - ISSN Electrónico 2451-5418 /  Sección Dossier

Idelcoop Fundación de Educación Cooperativa

Ecología, cooperativismo y creatividad.

Doce propuestas para orientar las políticas cooperativas de transición ecológica

Hugo Busso[1]

Resumen: El contexto actual de nuestra civilización interpela el rol, la misión y los objetivos políticos estratégicos del movimiento cooperativo internacional (ACI), de sus organizaciones y gestiones locales y regionales (IMFC). Los destinos que abre la crisis multidimensional a la que asistimos, imponen decidir en el momento de la oportunidad (Kairós), porque ya estamos en el tiempo de la dehiscencia (el momento en que el fruto explotó, haciendo saltar la cimiente). Los aprietos ambientales muestran ya, en el tiempo del interregno, un nuevo momento civilizacional en gestación de un ciclo vital, que tiene a nuestro modo de vida, producción y consumo como elementos simbióticos-parasitarios de lo viviente. Las posibilidades y alternativas para el futuro próximo abren tres escenarios factibles, como ensayos de respuesta política. El primero, el “más de lo mismo”, el neoliberalismo con múltiples rostros y versiones (populistas, socialdemócratas, liberales, conservadoras y ambientalistas). En segundo lugar, “el ecofascismo”, justificado por los desafíos ambientales, que hará una profunda degradación democrática. Estas dos primeras versiones son las que se perfilan con más fuerza, como la resistencia de lo que se niega a morir, o dejar su lugar a la emergencia de lo nuevo. La tercera posibilidad por crear en la praxis es la ecoocreatividad, por la que debería transitar, apostar y consolidar un nuevo imaginario postneoliberal.

Palabras claves: cooperativismo, democracia, ecología, economía, mundialización económica, neoliberalismo, política.

Introducción

Nuestras hipótesis parten de la idea de que democracia, ecología y cooperativismo son interdependientes e inescindibles para pensar transformaciones parciales y cambios de rumbos en esta etapa incierta, experimental y creativa como posibles respuestas a los desafíos civilizacionales del presente. No se puede salir del corset actual de la mundialización económica neoliberal, que supone una economía lineal (extraer-producir-vender-usar-tirar-contaminar), con imperativos de valorización y acumulación del capital que implican producir más aceleración artificial del tiempo de vida Terrestre. El propósito no es otro que aumentar cada vez más el consumo tendencialmente ilimitado, en sus imperativos funcionales de acumulación económica. Este escrito tiene como propósito reflexionar a partir de debates abiertos, por un lado, en relación con el contexto socio-histórico latinoamericano actual como interregno político (referencia 2022) y las ideas que pueden ayudar a pensar el ¿qué hacer? Por otro lado, acerca de las posibilidades políticas tendenciales postneoliberales, del futuro próximo.[2] En particular, hacemos referencia a los posibles escenarios sociopolíticos en Latinoamérica (“más de lo mismo neoliberal”; “ecofascismo” y “ecoocreatividad” y, nuestra propuesta, un neologismo que une ecología, cooperativismo y creatividad), apoyándonos teóricamente en los debates filosóficos y de las ciencias sociales de un lado y del otro del Atlántico. Por esto cerraremos el escrito con doce propuestas tendenciales para debatir.

            En este marco, consideramos que la Alianza Cooperativa Internacional ACI, Cooperativas de las Américas y las federaciones y cooperativas que las integran -como el IMFC en Argentina- pueden profundizar estas ideas en los debates que vienen dando sobre estos temas[3]. Por esto propondremos al final del escrito las doce líneas de debate, como apertura del campo de encuentro. El objetivo de abrir este espacio debería ser la orientación por parte de la ACI[4] de las discusiones acerca de su visión de la misión explícita y la adaptación implícita del movimiento cooperativo mundial, en referencia con los desafíos ambientales urgentes y necesarios, impostergables sociopolíticamente.[5]

                El informe “Política ambiental de ACI-Américas” del 2012 en líneas generales, si bien correcto en su formulación y contenidos, no sale del horizonte de lo previsto en el contexto actual de capitalismo mundializado neoliberal. No osa abrir horizontes de experimentación como movimiento que radicalice políticamente las diferencias con la versión neoliberal del capitalismo financiero mundializado. El documento se queda sin postular líneas claras de demarcación de políticas en relación con las variables que impiden su verdadero despliegue institucional, como políticas alternativas, efectivas y concretas. El horizonte propuesto (Informe del 2012 y de la XXII conferencia Regional en 2021) carece de una visión estratégica capaz de articular un imaginario político postneoliberal aglutinante, que entusiasme la diversidad que alberga en su propia experiencia organizativa. Lo suyo sería que articule la diversidad de actores ligados a los movimientos cooperativos, que confronte con las perspectivas antidemocráticas de una sociedad de mercado, y no con mercado.

 Las debacles financieras a repetición y los límites ambientales que ya han transgredido negativamente nuestros modos de vida, consumo y producción de la economía lineal (neoliberal, desarrollista, productivista-extractivista) exigen buscar alternativas tan firmes como viables. Es decir, deliberadamente antagonistas en la disputa de la hegemonía y en la producción de consenso, que desarticulen la trama de la sociedad de mercado, con consumo desenfrenado. Alternativas que, por lo visto hasta el presente, se demoran en surgir desde los partidos políticos (latinoamericanos, europeos) que participan del juego democrático-liberal. El empuje hacia una ruptura deliberada con los consensos hegemónicos del capitalismo financiero neoliberal que orientan a las instituciones mundiales debe partir de los movimientos sociales internacionales (FSM, ACI, OIT, ONGs, etc.) que puedan ser traducidos y articulados en movimientos políticos plurales, múltiples, regionales, locales y sectoriales. Que eviten, como criterio fundamental, el monólogo de cualquier discurso único y homogeneizador, con pretensiones de dominación de la diversidad. O simplemente, evitar, como norma, ser subordinados como apéndices de las fallas del modelo económico-financiero hegemónico actual. Si el mundo que vivimos los y las humanos y humanas se hace incompatible con el mundo en donde convivimos y compartimos con otras especies, entonces es de esperar como utopía concreta que los propósitos y los objetivos del progreso a venir, así como las expectativas de una sociedad mejor – o de vida buena- no serán modernos progresistas-, serán ecoocreativos (ecología, cooperativismo y creatividad) (Busso, 2020; 2021; 2022).

 Para esto, la ACI debería transitar críticamente por diferentes variables, e indagar varios argumentos sin prejuicios filosóficos-políticos. Lo que implica ponerse en duda metódica y en cuestión sistemática a sí misma, en relación con la percepción temporal de urgencias ecosistémicas y los plazos políticos-institucionales. Primero, la posibilidad de pensar abiertamente un futuro post neoliberal, no encerrado en el paradigma moderno eurocentrado (liberal - socialista; iliberal - nacionalista). Porque si vuelve a utilizarlo de modo deliberado o inconsciente, utilizaría respuestas ya conocidas por su fracaso y por el límite negativo (modelos productivistas-desarrollistas modernos estado-céntricos, neoliberales) que implican para contextos y desafíos radicalmente diferentes.

 En segundo lugar, supondría que la ACI y los movimientos cooperativos locales se asumieran como referente paradigmático ecoocreativo (ecología + cooperativismo + creatividad) de la sociedad civil local y de los movimientos sociales regionales e internacionales diversos no partidarios. Espacio político articulable con y por la ACI, en sus demandas dispersas a nivel local, regional y mundial para crear la posibilidad e inaugurar la oportunidad de unir e invocar la democracia, la ecología y el cooperativismo como perspectivas que aceptan y promueven democráticamente la diferencia, que a futuro desean deliberadamente una orientación postneoliberal.

 Por último, esto abriría posiblemente una incertidumbre inevitable y creativa, que impone crear experimentalmente nuevas posibilidades democráticas-participativas de praxis que resignificarían e impactarían en todos los niveles (individual, organizacional, institucional) y dimensiones (económico, político, cultural). La ACI tiene ante sí una encrucijada histórica, que marcará su razón de ser y delineará su rostro a partir de las decisiones que asuma desde ahora.

Por esto haremos un encuadre de estos temas en referencia al debate abierto por las posibilidades postneoliberales. Una primera posibilidad (y la más probable) es el retorno/repetición a pseudo soluciones modernas productivistas y desarrollistas, que cambian algo para dejar todo igual. Retorno a políticas neoliberales con máscaras diversas (nacionalistas, populistas, neodesarrollistas, liberales, conservadoras, socialistas, pseudoecologistas).

 El segundo riesgo es el de caer en el ecofascismo, en una doble farsa. Primero, de una correspondencia a reestablecer la identidad étnica-racial con la tierra para ser “La Unidad”, aceptando una doble exclusión, la del “extranjero-otro diferente”, y de la democracia como espacio vacío para resignificar y recrear el sentido, que seguirán con horizontes productivistas neoliberales. La segunda versión es una degradación profunda de las instituciones democráticas, con actitudes autoritarias como modo. Imponiendo las restricciones que obliguen las condiciones ambientales, climáticas y de biodiversidad, como “evidencias” de lo urgente, que no serán otra cosa que una profundización de los problemas, que no se pueden ni comprender ni resolver (si fuese esto posible) desde el paradigma moderno eurocentrado.

 Nuestro tercer punto como alternativa preferencial, la ecoocreatividad, es una apertura alternativa del encierro conceptual, epistémico y político hegemónico. Pero, las dos primeras posibilidades (las pseudo soluciones modernas y el ecofascismo) harán a la ecoocreatividad muy probablemente flamear su imagen etiquetada para señalar con miedo la angustia en los escenarios de calentamiento global, aduciendo que cambios radicales, experimentales, novedosos o democráticos serán un escollo mayor. La sociedad ecoocreativa que viene como posibilidad e ideal utópico-concreto (utopística, en Immanuel Wallerstein (1998)) a instituir. Como visión prospectiva de un futuro posible y deseable de sociedades democráticas- ecológicas postneoliberales. Es una posibilidad, pero nada está asegurado. Así como el liberalismo y el marxismo han organizado la política y han sido su horizonte hasta el presente. Al que consideramos un interregno, porque estamos entre el modo capitalista neoliberal hegemónico y lo que vendrá, incierto. Por esto la ecoocreatividad, como alternativa y horizonte, podría convertirse en la nueva definición del nuevo frente de lucha, sin ser un partido político o movimiento. Este neologismo, ecoocreatividad, une democracia y ecología en su sentido más profundo y creativo de lo participativo, simbiótico y agonal (Busso, 2021; 2022).

 La ecoocreatividad es nuestro punto de partida, porque es un ensayo teórico para pensar y abrir el horizonte democrático-agonal postneoliberal. Para que entusiasme y promueva un nuevo imaginario, para evitar tanto el desastre de la política como la política del desastre (Montes Montoya, 2021).[6] Para esto, la cooperación ecológica (como filosofía y modelo de gestión-producción-consumo humano) debería suplantar a la competencia individualista neoliberal hegemónica. Donde la solidaridad cooperativa sea el verdadero orientador crítico de la emancipación y el nutriente de la auténtica evolución de los ciudadanos (Boltansky y Fraser, 2016), desde el ideal e imaginario de sociedades profundamente democráticas, cooperativas y participativas, en el que el sentido de la comunidad no esté predefinido, sino en que esté siendo en su devenir el modo de la creación, el acontecer como imaginario ecoocreativo. La ecoocreatividad es una puesta en relación critica de las transformaciones modernas que implican la productividad moderna, la depredación ecosistémica operada en los últimos dos siglos y la precariedad socioeconómica presente. Muy particularmente, la crítica exhaustiva del presente y la discreción rigurosa y acotada de las posibilidades de emancipación de cada situación y tema particular. Es decir, una relación intrínseca entre las temporalidades presente y futura. Por esto, es necesaria una visión temporal entre las consecuencias prospectivas del futuro que el saber humano puede entrever desde el presente, con supuestos normativos e intenciones de emancipación explícitos, reajustables en el tiempo.

 

En este escrito nos centraremos en una aproximación para definir la ecología, en orden de aclarar el sentido y alcance conceptual, para poder pensar el rol de la ACI y del horizonte creativo que se abre. En la segunda parte, formularemos una propuesta de doce puntos que ensayen visualizar, desde utopías concretas, las tendencias del futuro sociopolítico y económico, posible y deseable, donde la ACI podría tener un rol fundamental de orientación, articulación y liderazgo político para ampliar el horizonte cooperativo y crear un nuevo imaginario postneoliberal.

 

1.La ecología, o las preguntas que recalientan el futuro próximo.

 

Los datos del IPBES[7] y del Banco Mundial[8] hasta 2022 indican “algo” a pensar, para prever con inteligencia colectiva y cooperativa, sabiendo ya que las emisiones humanas de CO2 y otros gases (metano, oxido de azote, gases fluorados) han hecho aumentar la temperatura planetaria en 1,2° centígrados, siendo actualmente visibles y sensibles directamente sus consecuencias en la vida cotidiana. Sabemos también que China ha aumentado su PBI desde 1978 hasta 2022 un 3914 %, en consecuencia, también las emisiones de gases de efecto invernadero, siendo responsable del 26 % mundial a 7 toneladas al año por habitante, (EE. UU. es responsable del 12,2 % mundial de emisiones, a 16 toneladas al año por habitante), con consecuencias sobre su población y el ambiente, con evaluación científica y valoración política que dividen las aguas teóricas. Estas situaciones complejas no permiten maniqueísmos y simplificaciones reduccionistas. Por un lado, con la mundialización económica se ha mejorado el nivel de consumo, de producción nacional y el nivel de ingresos reduciendo significativamente la pobreza estructural en sentido global. Pero, por otro lado, han aumentado las desigualdades sociales y la contaminación ambiental de modo espectacular, haciendo empeorar o anular todas las posibilidades vitales de lo viviente, a muy corto plazo (en 2018 hubo 8,7 millones de muertes en el mundo, relacionados con la contaminación del aire). En el planeta, en medio de pandemias, guerras y recesiones, se ha reducido el 81 % el stock mundial de peces de aguas dulces, así como a la vez el número de analfabetos humanos (91% de niños han terminado la escuela primaria en la actualidad, contra el 74% en 1970, según el Banco Mundial). El 33% de la superficie terrestre está dedicada a la agricultura y la ganadería, el 50 % de la expansión de tierras agrícolas se ha hecho disminuyendo la superficie de los bosques, provocando un aumento de la producción agrícola vegetal de 300%, desde 1970. Esto fue acompañado con un aumento del 45% en la cantidad de toneladas de madera cortada de los bosques, desde 1970. El 75 % de los ambientes terrestres están seriamente alterados por las actividades humanas (el 40 % para los ambientes marinos). Mientras se calienta el clima planetario con una subida muy probable de hasta 2° centígrados en 2050; se prevé que el nivel del mar lo hará en más de un metro. Las personas suplementarias en el mundo que irán por un lado a la emigración masiva por problemas del calentamiento global serán consideradas como refugiadas climáticas, por problemas de agua, desertificación, alimentos, guerras, aumentarán drásticamente.[9] Por el otro, la extrema pobreza aumentará entre 2022 y 2030, estimándose entre 32 hasta 132 millones.

 Datos que al menos deben hacer reflexionar y actuar en consecuencia, evitando maniqueísmos y reduccionismos, porque aumentarían los problemas ya urgentes. Pero ¿desde qué perspectiva global deberíamos reflexionar y actuar? El abanico de posibilidades de acción política y de sentido existencial se abre de modo considerable: ¿desde más de lo mismo de la mundialización financiera actual?, ¿desde perspectivas refractarias como anti/mundilaización-eurocéntricas-capitalistas-chinas-comunistas-fascistas-ecologistas-soberanistas-identitatrias-religiosas?, ¿desde utopías colectivas experimentales, ecológicas, cooperativas y creativas?

Como ya lo adelantamos en el libro de reciente publicación (Busso, 2022) y en artículos presentes en esta revista (Busso, 2020; 2021) desde la perspectiva de la ecoocreatividad la transición ecológica hacia sociedades postneoliberales no será posible sin una lucha contra las desigualdades existentes y su reducción significativa, ante resistencias persistentes del poder económico-cultural hegemónico. Si cambiar es costoso, seguir con más de lo mismo es lapidario. No solo la contaminación es desigual en relación con las clases y sectores según su nivel de ingresos y lugar de vida, sino también la salud y la violencia social. Así lo demuestran los estudios epidemiológicos realizados por los ingleses Claire Pickett & Richard Wilkinson (2019) sobre países concretos, acompañados por los estudios comparativos entre países del capitalismo central. Para el filósofo franco-suizo Dominique Bourg (2022; 2020; 2018) especialista en estas temáticas, disponemos de una decena de años para cambiar de civilización. Esto es, para evitar el desmoronamiento irreversible de las condiciones indispensables para la continuidad vital. Para algunos sociólogos estamos en un proceso de de-civilización, donde las tendencias regresivas modernas (modernidad regresiva) están a la vista en las sociedades occidentales (Natchwey, Renduelles, In Geiselberger, 2017). Es lo que la filósofa colombiana Angélica Montes Montoya (2021) denomina “las políticas del desastre” en correlación con “el desastre de la política”. La democracia está siempre, en su relación inescindible con la ecología y desde la perspectiva de la democracia radical, en recreación y reinvención permanente (Latour, 2017; Zask, 2022; Delanoy, 2021; Gorz, 2019, 2021; VVAA, 2020; Lowy, 2011; Baschet, 2018).

Hay situaciones sistémicas novedosas para nuestra cultura moderna termo-industrial. Las más conocidas, calculadas y medidas por la ciencia en sus dimensiones temporales diacrónicas y sincrónicas, están relacionadas con la degradación del clima, la destrucción de los ecosistemas, la erosión de la biodiversidad, las pandemias y en la dimensión económica con la “desglobalización” (Stiglitz, 2022). También van apareciendo, a nivel del individuo en lo psicológico, nuevas formas de traumas y problemas. La ansiedad y los cambios de humor se nombran en la esfera psicológica eco-ansiedad, también, con una segunda acepción: “solstalgia”. La primera noción, eco ansiedad, es una relación afectiva con el futuro. Es la angustia prospectiva con una visión negativa de un futuro irreversible, con sentimientos de culpabilidad e híper-responsabilidad de accionar como imperativo ético-moral. Pero la paradoja que nutre este sentimiento nuevo es que se percibe que es ya demasiado tarde para que las intervenciones sean eficaces. El “individuo” neoliberal, que es una forma de subjetivación histórica, tiene, por un lado, imperativos sostenidos en su imaginario que lo enferman, por el doble mandato de consumir más como muestra del Ser que es, el poseer y el consumir como evidencias de esa identidad “sustantiva” creada, siendo al final de cuentas, el imaginario en su estado más puro, la ideología hegemónica en su máxima desnudez y éxito. Por otro lado, dispone ya del conocimiento y de la percepción directa como evidencias incuestionables que sabotean el modo de consumo que promueve la mundialización, porque sabe ya que está destruyendo la vida en el planeta, aunque sea un “climatoescéptico”. Esto tiene, por diversos motivos y causalidades, un impacto directo en la voluntad e intenciones de los actores sociales y políticos. Justamente, en momentos trascendentes de decisiones por las crisis provocadas por el Antropoceno y con porcentajes de abstención electoral creciente, en casi todo el mundo.

La segunda noción es “solstalgia”. Esta palabra reciente habla de lo mismo o de algo muy parecido a eco-ansiedad, desde el neologismo que une dos palabras griegas, solacium (el confort) y algia (el dolor). Es decir, una angustia emocional y existencial frente a la pérdida de lugares que nos son muy significativos y queridos. Los cambios climáticos y ambientales alteran percepciones, recuerdos e interpretaciones de sentido. En muchos casos también ponen en marcha abruptamente conductas y comportamientos, al cambiar la percepción y el estado físico-mental de ciertas patologías, que, ciertamente, deberán ser redefinidas y adaptadas a los nuevos contextos (Moukheiber, 2022: 64).

 

 ¿Los riesgos del desastre ineluctable o las utopías concretas de lo posible?

Ecología es una palabra que evoca un sentido inter y multidisciplinario, estudia las relaciones entre las poblaciones y su medio de vida. Por esto es el cruce de caminos entre biología y ciencias sociales. Hablar con propiedad de ecología requiere, entonces, un mínimo de cultura científica, porque hay que conocer los aportes de las ciencias del clima en relación con la ecología científica, que estudia la evolución de las especies vivientes y de los ecosistemas.[10] Ambas, ciencias biológicas y sociales, están relacionadas con la observación y estudio sistemático de la transformación del modo de vida de las poblaciones, la erosión de la diversidad de las especies (animales, vegetales, insectos en relación con variables climáticas y geológicas) que nos permiten conocer el estado concreto de diversos recursos indispensables para la vida, sin los cuales las actividades socioeconómicas son inviables en el tiempo.

 Se sabe que la desaparición de las especies se ha acelerado de un factor 100 a 1000, un 5% de las especies ha desaparecido ya (Bourg, 2018). Entre 1989 y 2017 han desaparecido el 58 % de los vertebrados salvajes terrestres, el 78% de los insectos han desaparecido en el mismo periodo de tiempo en Europa. La mitad de los sistemas forestales han desaparecido del planeta; ha aumento un 500% el número de virus emergentes, ligados a la degradación de los ecosistemas, siendo susceptibles de afectar a la humanidad y al ganado entre 1940 y 1990.[11] El deterioro ecosistémico de la biodiversidad y las consecuencias sociales humanas, tiene bases sólidas, pudiendo verificarse desde los estudios de la composición química de la atmosfera; en el estado químico y biológico de los suelos; el estado de salud y el tamaño de bosques y selvas naturales; la acidez de los océanos; el aumento del nivel del mar; la polución de las aguas dulces; las variaciones de temperatura desde que se disponen registros; la diversidad cuantitativa de plantas y animales entre tantas variables que pueden medir, comparar y analizar desde el presente para inferir las posibilidades de la vida (humana y no humana) en el futuro. Pensar la ecología y lo político requiere entonces el rigor conceptual y la crítica profunda del momento presente, de su historia, desde la utopística como sugiere Immanuel Wallerstein (1998). Esto convoca a la creatividad situada y restringida a su contexto para proponer la emancipación posible, que nos aporta el conocimiento, la experiencia y las decisiones democráticas de los ciudadanos autónomos. Para crear respuestas posibles y plausibles decididas colectivamente, para la ampliación de lo común (Boltanski y Fraser, 2016; Busso, 2022; Latour, 2017; Latour y Schultz 2021; Laval y Dardot, 2014; VVAA 1 y 2, 2020).

 

Crisis y temporalidades diversas del conatus chúcaro.[12]

Todo en el universo está en evolución, las fuerzas que lo guían pueden tomar direcciones diversas determinadas por el juego de fuerzas en relación. Lo puntos críticos de la evolución de los sistemas (astro/geo/bio/eco/socio-lógicos) suelen ser precedidos por bifurcaciones. En el mundo humano, estas situaciones se presentan pudiendo imponer decidir, en momentos que se ofrecen como oportunidad de evitar la degradación o la muerte. Todos los sistemas van de bifurcación en bifurcación. Sea el universo, el mundo terrestre en general y el humano en particular avanzan, por lo general, de modo incomprensible. A veces, es la espiral de dudas y angustias que hace mirar al cielo buscando guías y respuestas, haciendo pensar a las personas. Esto es la historia de la astrología, las religiones, las filosofías y las ciencias, cuyos conocimientos por lo visto no son ni estables ni eternos. Sin embargo, podríamos decir, sin desconocer los problemas actuales, que no hay crisis ecológica. Hay más bien respuestas sistémicas a las intervenciones humanas, ya que todo vuelve y todo se paga con causa, por la degradación de la habitabilidad de todos y todas los terrestres.

 El volumen de nuestras economías y los datos demográficos tienen una relación causal directa con los indicadores fundamentales de sostenibilidad de los equilibrios de la biodiversidad (Castiblanco Roso, 2016; Arias Arbeláez, 2006). El desarreglo acelerado de los ecosistemas de los flujos de energía y de materias en nuestras actividades subyacentes, que ha hecho el hombre/la mujer en los dos últimos siglos, según nos alertan los/las científicos/as del GIEC, son las causas de transformaciones de las variables climáticas que durarán como efectos irreversibles decenas de miles de años.[13] Los efectos a corto plazo del Antropoceno generan un tiempo de crisis humana (alimentaria, ecosistémica, financiera, social), dificultades que aparecen en la dimensión temporal geológica como efímeros en su duración o vigencia (las crisis histórico-sociales) en comparación con la temporalidad geológica (Montes Montoya, 2021b). Habrá acontecimientos relacionados considerados “naturales” (pandemias, incendios) y socioculturales e históricos (guerras, conflictos culturales y políticos de convivencia), como resultado de las conductas humanas cronológicas (temporalidad lineal, Kronos). Por esto es el tiempo del Kairós (la oportunidad) para cambiar de camino aun en la incertidumbre, para escoger en la Krisis (el punto crítico, el momento de la decisión en la bifurcación) el sendero de la continuidad de la vida y no el abismo, desde una visión global (mismo si es incompleta y en mutación aun). Si no elegimos a tiempo el restablecimiento de la simbiosis no parasitaria con los ecosistemas, el tiempo de la dehiscencia (el momento en que el fruto estalla y larga sus semillas como conclusión de su ciclo de maduración inevitable) de todos modos vendrá, ineluctable. Las consecuencias harán pensar inevitablemente en el milenario concepto de Karma hindú, también en la idea de causalidad búdica, en el Eclesiastés bíblico del que hay un tiempo de siembra y otro de cosechas, así también como piensan los científicos occidentales desde la causalidad lógica-positivista.

            Desde un punto de vista social, el estudio de la evolución de la ecología, así como de su genealogía nos informa acerca de las causas y las tendencias que intervienen en esta ciencia de la complejidad, en sus mecanismos recursivos (las consecuencias se vuelven causas de nuevos acontecimientos) y dimensiones económicas, sociales, culturales y espirituales. Es por esto por lo que la ecología, en su toma de consciencia de la situación que atraviesan las variables sistémicas que promueven lo viviente, representa una crítica civilizacional que pone en cuestión el modo de vida. Es decir, el sentido que abre el horizonte cultural del saber, la comprensión y la ética de la acción de lo posible, lo conveniente y lo necesario. La ecología, como el discurso y saber (Logos) de en, para y con la casa (oikos) lleva en sí una metafísica temporal. Cronos, crisis, Kairós y la dehiscence (la apertura espontánea) son las cuatro temporalidades que pueden sugerir posibilidades de abrir y ampliar el concepto de temporalidad lineal, para complejizar la relación entre ecología y sociedad.

El sentido de esta nueva temporalidad es que el conocimiento de la historia ecológica, su genealogía política, los acontecimientos del presente y las tendencias biosociales a futuro nos permiten pensar prospectivamente la incertidumbre que une caos, azar y orden, en su despliegue sistémico-recursivo (Morin, 2015). Esta temporalidad nos permitiría recapacitar la posibilidad de una perspectiva de comprensión para saber cómo se mantiene, contiene, destruye, transforma y proyecta la continuidad de lo viviente. La forma rizomática en que despliega el centro viviente en una circunferencia multidimensional-temporal -centro que está siendo descentrado a la vez que presente en todos lados- es un dilema epistémico. Es una suerte de conatus “chúcaro”, una tautología (de origen Spinozista) de lo que escapa a la representación de lo real. Es lo impersonal (pronombre neutro “lo” de la máscara/persona) que lo fundamenta como el esfuerzo de la pulsión voluntariosa inherente de cada ser viviente, para mantenerse y perseverar en vida, aunque inasible o inaprensible como objeto o “cosa”. Determinándolo a la incertidumbre como inherente, porque lo sostiene en su deriva inevitable, en su fluidez dinámica kaósmica, en la danza vital que se manifiesta “encarnada”, corporizada. Si conceptualmente es difícil circunscribirlo a este “conatus chúcaro”, lo es porque es la lógica inmanente del mismo logos. Porque es inherentemente bioenergético, no se reduce solo a la flecha del tiempo de causalidad lineal, ni a ciclos fijos inmodificables, tampoco al deja-vu de la repetición poética atemporal, ni a la visión de la temporalidad inmanente en su despliegue evolucionista. Toda representación será siempre parcial, todo imaginario será la muestra de retazos y recortes racionales, minúsculos de lo que se niega a morir, de lo que quiere seguir viviendo. No se sabe bien ni se puede nominar ni asir conceptualmente ese pronombre neutro, lo. ¿Qué es lo que se niega a morir y a seguir viviendo?, ¿es la vida, le energía, la voluntad, Dios, la naturaleza, el Tao?… El lenguaje da al lado, nunca al centro de la cosa misma de lo que se trata, paradoja experienciable e incognoscible a la vez, pero no asible… como el conatus chúcaro. Punto de encuentro de la ecología, la biología, la epistemología y la política, a la vez que punto concreto de incertidumbre de toda intervención y gestión humana. Donde ciencia, imaginario e ideología se conjugan en resonancias inevitables e imbricadas con lo viviente.

 

Ejes y riesgos de lo ineluctable

El eje estratégico como ideal político-ecológico, que ordene la visión racional, planificada e innovadora de la gestión política presente con miras al futuro debería ser, como mínimo, la neutralidad de carbono en las emisiones para el año 2050.[14] Sabiendo que cada medio punto de crecimiento del PBI genera al menos lo mismo en el consumo de energía y aumenta más rápidamente el consumo de recursos (Bourg, 2018). Las campañas electorales a partir del 2020 en América Latina y en Europa no han sido el buen ejemplo. No han aclarado la necesidad de la discreción en las emisiones de carbono, con discursos que promuevan y expliquen el porqué de la necesidad de modos de vida menos contaminantes, sin la fiebre del crecimiento reducido a las transacciones mercantiles y la mejora creciente del nivel de consumo. Para eso, para la responsabilidad de asumir la consecuencia, habrá que ir asumiendo democráticamente las complicaciones sociales y económicas a corto y mediano plazo, delegando las responsabilidades en poblaciones autónomas y responsables de su destino. Esto es, pasar de una sociedad de mercado a una sociedad con mercado, con economías circulares y ciudades en transición ecológica. Por lo que hay que prever medidas estructurales e históricas muy costosas para este modelo de economía lineal (producir-consumir-tirar), para la economía familiar y gubernamental en todas las dimensiones              -regional, nacional e internacional- en su formato neoliberal. Esto se parece a un cambio civilizacional y de imaginario para el que no estamos, evidentemente, preparados aún.

Habrá que promover en particular prácticas de economía circular (Aurez y Georgeault, 2016) con emisiones negativas para compensar las emisiones, con destrezas agrícolas que estimulen el stockage de CO2 atmosférico en el suelo, prácticas protectoras del agua en su uso que aumenten la resiliencia del sistema agroalimentario frente a los impactos del calentamiento global y alerta máxima frente al aumento de posibilidades de zoonosis (cercanía de actividades humanas y contacto con zonas de vida salvaje por reducción y destrucción de hábitats naturales). La agricultura ecológica, la permacultura, la agricultura biodinámica, la economía circular, funcional, simbiótica (Delanoy, 2021) y solidaria en horizontes institucionales cooperativos son experiencias democráticas radicales (Mouffe, Chantal, 2018) para explorar, adaptar y ampliar. Entre tantas posibilidades creativas de futuros factibles que deberán ser acordados desde la inteligencia colectiva, con la posibilidad de ser modificados por ciudadanos/as autónomos/as, responsables y comprometidos/as con el devenir del planeta por tener democracias radicales-agonales que instituyen el espacio de lo político.

 Este espacio de lo político es vacío necesario, es sin raíz fundamento (Arkhé) para que se lo llene en relaciones agonales con instituciones sólidas, de modo cooperativo en nuestro ideal. En competencias donde la voluntad de poder es inherente al conatus chúcaro, aceptar jugar el juego democrático es aceptar que se puede ganar o perder, pero no perecer. La libertad de decisión está en relación inteligente (o no…) con lo ineluctable de la verdad situada de los acontecimientos, que deben enfocar democráticamente en lo necesario, que es a la vez urgente e importante porque así lo han decidido los/as ciudadanos/as autónomos/as, que subordina al mercado, al Estado, a los/as expertos/as y a las tecnologías de algoritmos, a las instituciones intermedias deliberativas que canalizan el dilema de lo político, encuadrando las políticas de la gestión pública y de lo común.

Los riesgos son parte de la vida en la tierra. La vulnerabilidad y la incertidumbre que conllevan todos los vivientes son parte del juego. Pero que haya daños trascendentales a causa de actores particulares, con destrucción vital por alteración de las variables determinantes que posibilitan la vida, ya es otra cuestión y desafío. Porque ante estos daños, no hay compensación o indemnización posible. Las inseguridades y retos hacen comprender con la ciencia como ayuda y testigo, la dimensión de la amenaza climática como un daño trascendental. Pero esta variable, el cambio climático, no agota la ecología porque es una integrante del sistema con otras variables claves para la vida, como la biodiversidad y el ambiente. La estabilización del clima sobre los +2°C de calentamiento global, la provisión energética, el bienestar de los animales, entre otras variables, son temas particulares de un todo interconectado e integral, transversal a la política, a la economía, a la gestión y a la geo-bio-antropología planetaria. A una temperatura de +3,7 grados todo sigue estando interconectado también, sin embargo, hay una modificación esperable. Esta es que un tercio de la población humana se encontraría, con este aumento de temperatura de 3,7 °, en tierras humanamente inhabitables (Bourg, 2022: 374). La voluntad de perseverar en la vida (conatus “chúcaro”) se vería alterada, por no decir prácticamente inhabilitada.

 Los desafíos son globales e interpelan a todos los actores, clases, Estados y regiones sin exclusión; la ecología es en ese sentido el extremo de la igualdad en cuanto nos afecta a todos y todas. La irresponsabilidad climática que ha causado el Antropoceno, cuyas responsabilidades no son tan igualitarias ni repartidas, podemos decir que no es de derechas ni de izquierdas -el desastre de la política (Montes Montoya 2021 a), el desastre de la economía neoliberal (Bourg, 2022: 380)-, al menos en las consecuencias que importan. El 10% de las personas más ricas del planeta producen el 50 % de los gases de efecto invernadero, mientras que la mitad más pobre el 7% (Bourg, 2022: 377). La pregunta filosófica y el tema político central que llama a la ciencia y a diversas sabidurías sigue siendo, en su repetición sintomática, el horizonte leninista y la reflexión del filósofo francés Jean-Luc Nancy (2016): ¿Qué hacer? Esto es, para ensayar responder con acciones y visiones apropiadas ante lo que parece inminentemente trágico, si las variables de la temperatura planetaria suben más de 2 grados centígrados. Para muchos científicos no se trata de ¿cómo evitarlo -lo ya inevitable-?, sino de ¿qué hacer ante lo ineluctable? La clarificación del pronombre neutro lo sigue siendo exigida por la comprensión humana… ¿Qué significa el lo de lo inevitable/ineluctable? ¿Qué es lo que se quiere evitar?

 

Democracia radical y nueva clase ecológica

 

Luego del COVID como acontecimiento de encadenamiento de factores en crisis (salud, ecología, economía, educación, política, social), parece haber un retorno ineludible en lo político al Estado. Muchos partidos políticos (de diferentes matices y orientaciones), consideran que debe ser un actor que intervenga desde la decisión democrática en el desarrollo de las fuerzas productivas y oriente la innovación tecnológica. Según Xavier Ragot (2022), presidente de la OFCE,[15] hacen falta instituciones intermediarias entre el estado y el mercado, un lugar de encuentro entre empresas, políticos, universitarios, organizaciones sociales. Desde la perspectiva ecoocreativa (Busso 2022; 2021), estas instituciones intermedias deberían poder pensar siempre en el contexto de diez años, con la visión prospectiva de al menos cincuenta años, ajustables en el proceso democrático radical-agonal. Es decir, instituciones que piensen democráticamente a largo plazo, para evitar regresiones modernas y ecofascistas, ya que consumir menos de un planeta por año requerirá un descenso significativo del consumo para los más ricos. Todo señala que el capitalismo tiene actualmente necesidad cada vez más del Estado Providencia, que es lo que ha destruido (las políticas del desastre, en sentido neoliberal) para controlar los conflictos sociales en relación con la salud, la educación, el cuidado de los y las mayores, afrontar pandemias, regular los territorios para que sean sostenibles intergeneracionalmente, en el mediano y largo plazo.

La equidad y la igualdad son dos categorías centrales en este debate, que implican de lleno la ecología integral desde la perspectiva ecoocreativa. A grandes rasgos, esta perspectiva propone que el Estado sea el garante del patrimonio natural, promoviendo economías cooperativas y circulares. Haciendo de la salud, de los ecosistemas, la biodiversidad y la autosuficiencia alimentaria los pilares de nuestro bienestar, para una vida buena que amplíe democráticamente lo común en su acceso, uso y usufructo intergeneracional. Para esto habrá que instaurar un cambio en la educación que instale a modo de privilegio la orientación de la transición ecológica post neoliberal, en todos los niveles de estudios y formación.

Una nueva clase ecológica (Latour & Schultz, 2022) o ecoocreativa que pretenda dar batalla política contra la inacción del calentamiento global y por la defensa de lo viviente en estos tiempos de interregno, deberían irse gestando nuevas demarcaciones políticas de amigo-enemigo. Irán confrontado creativamente con el “más de lo mismo” neoliberal y con posibles horizontes ecofascistas de endurecimiento y degradación democrática. Las posibilidades en este tiempo del interregno, que consideramos podrían ser entre 2020 y 2035, podrían abrir la posibilidad de horizontes ecoocreativos, prospectivamente la suplantación del paradigma hegemónico neoliberal que deberá hacer inescindibles ecología y democracia (Zask, 2022).

La historia no terminó aún, el oráculo científico ya alertó acerca de la situación y sus escenarios probables. Estamos en la bisagra de una nueva apertura de puertas que nos hace entrar al umbral, aunque lo que no sabemos aún es si seguiremos contando el cuento en el camino de la vida en las mil y una noches de pasión, o si entramos en la caída desesperada al abismo entrópico, del que no nos salvarán ni los cyborg heroicos, ni algoritmos celestiales de los profetas transhumanistas. Lo que sí es seguro es que, al estar todo interconectado, habrá muy probablemente que ajustarse los cinturones en la montaña rusa que promete delirios indeseables y muy probables, como más Ucranias, con incendios épicos y delirantes como el de Notre Dame en el Amazonas australiano, en un parque de diversiones iluminado intermitentemente por la central de Fukushima…

 

2.Doce líneas generales de orientación del debate de lo político para la acción y la gestión política de lo local, lo regional y lo global

 

El callejón sin salida al que nos lleva el neoliberalismo, con el concepto sagrado de ‘libertad individual’ y de ‘progreso’, deben ser reformulados profundamente o abandonados, según el pensamiento moderno en relación con la ecología. Porque decretar el estado de urgencia ecológico y sanitario -situación que será recurrente, según parece-, implica de mínima planificar dando plenos poderes a los estados o Instituciones generales. Estos deberán tomar en urgencia dificultades indeseables, centralizando poderes y recursos. Si ‘libertad’ y ‘’progreso’ deberían ser repensados, entonces la idea de ‘crecimiento’ deberá ser reformulada necesariamente. El crecimiento, en su versión fundamentalmente economicista de los países occidentales (muy particularmente de Europa y los EE. UU.) era una certeza en los siglos XIX y XX, aunque es evidente que haya cambiado de signo radicalmente en el siglo XXI. Esto es porque ya sabemos que el crecimiento económico no es inagotable en un planeta tan finito como desbastado por falsos dogmas. El crecimiento tiene una certeza que lo hace incierto en sí mismo: este debe ser sometido a arbitrajes políticos en todas las escalas de gestión que, muy probablemente, se verán obligadas a dejar atrás el laissez-faire y los dogmas neoliberales que guían la mundialización económica-financiera actual. Los problemas de la biodiversidad y los conflictos geopolíticos aumentan al ritmo de la temperatura planetaria y el número de incendios de bosques nativos, siendo la imagen del interregno, lo que pasa entre lo viejo que no da respuestas y es parte del problema, y lo nuevo que no ha nacido aún.

Estas certezas de nuevo signo no serán otra cosa que limitaciones rígidas, según un plan previo a no pasar ciertas variables preestablecidas, hechas además en ciertas condiciones muy específicas a priori, con imperativos de ser descarbonizadas y sostenibles en el tiempo. En la incertidumbre de la situación presente, en que no sabemos a ciencia cierta si la temperatura logrará no pasar el límite de los 2° grados, sabemos que, si llega a ser más (3,5°, 4° o 6°), las dimensiones de los conflictos serán próximos -por su incertidumbre y consecuencias catastróficas insospechables- a relatos apocalípticos, a novelas o series de ciencia ficción. Estas incertidumbres, no muy optimistas ni progresistas en su sentido, son una crisis interna del neoliberalismo que, por lo imprevisible del futuro, la razón y la inteligencia colectiva hace un llamado a la reflexión, a la precaución como método y a la revisión crítico-creativa de las instituciones que sostienen el régimen democrático liberal. Por esto, la propuesta de estas Doce líneas de orientación son un llamado a la adaptación ecoocreativa para anticipar lo probable de lo peor. Ya que la atenuación neoliberal de las consecuencias del calentamiento planetario como esperanza de que la tecnología (geoingeniería, manipulación genética, energías renovables, gobierno de expertos…) nos salvará (Testot, 2022: 34-41) está entre paréntesis, pero no descartada. Porque es considerado, por gran parte del espectro académico y político, como parte del problema a resolver y a reformular.

 Estas 12 líneas tienen el rasgo utópico concreto, cuya intención parte desde el horizonte ideal del cooperativismo, para proponer tendencias de acción desde imperativos éticos-políticos de 0 emisión y 0 desechos, con “la regla verde” de no sacar más de la naturaleza de lo que se repone y reconstituye en sus procesos propios -no consumir más de 1 planeta al año- (Mélenchon, 2021; Jadot, 2022). Asumiendo como herramientas y conocimientos la experiencia que ya se está desarrollando, como la economía social y solidaria, circular y simbiótica. Estas son herramientas de planificación y gestión, por esto visualizamos las tareas de la radicalización democrática ecoocreativas posibles desde estas posiciones teóricas, con imaginarios que se pretenden experimentales y postneoliberales. Esto requiere la promoción de la participación directa de los actores involucrados, de la ciudadanía y de los y las expertos y expertas (académicos/as, consultores/as, profesionales de espacios pertinentes en debate, actores detentores de un saber practico-concreto)[16], con implicación explícita y determinada de la Alianza Cooperativa Internacional[17] y las entidades que la integran a escala regional y nacional, como -por ejemplo- el IMFC en Argentina y Cooperativa de la Américas[18] para el continente americano; de asociaciones de la sociedad civil; y de las administraciones públicas. Para esto, ponemos a disposición doce propuestas, que pretenden dar un puntapié inicial a un debate que deberá acordar una agenda de prioridades acotadas en el tiempo (horizonte próximo 2050), en función de objetivos delimitados, plausibles, medibles, modificables y mejorables estando en sintonía con los acuerdos interestatales de la Conférence des Parties (COP) y en diálogo implicado con el Foro Social Mundial[19].

 Una manera de abordarlo sería crear un Organismo Cooperativo de Transición Ecológica (OCTE) con el fin de planificar la intervención en lo local y regional, en marcos de decisiones nacionales y de bloques de países, coordinados internacionalmente. Esta nueva institucionalidad mundial (ver Propuesta n° 4), en primer lugar, debería coordinar la convergencia internacional, para promover formas novedosas de control de los flujos de capital y promover jubileos de las deudas constrictivas para la transición ecológica (ver Propuesta n° 5, más adelante). Para esto deberá contextualizar todos los casos particulares, con sus problemáticas específicas y con las decisiones acotadas, en relación con las propuestas y en función de los objetivos generales postneoliberales de desglobalización, decididos democráticamente por los y las ciudadanos y ciudadanas. China y los Estados Unidos, países que tienen cautivo al planeta entero en sus disputas por su devoción a un tipo reducido de crecimiento, no son modelos para seguir, sino a abandonar radical y deliberadamente. A mayor crecimiento económico en la economía lineal (extraer, producir, consumir, tirar), el índice de bienestar humano decrece y la depredación aumenta en correlación, por el uso inevitable de energías fósiles, con consecuencias negativas e irreversibles para los ecosistemas.

 Deberían ir formulándose, entonces, las decisiones y sentidos adoptados colectivamente, en procesos democráticos participativos directos, deliberativos-agonales. Deberían hacerlo en relación con las preguntas adecuadas, en correspondencia con las necesidades detectadas, agendadas y priorizadas políticamente, argumentando coherentemente las alternativas y las elecciones de los caminos más adecuados a transitar. El bienestar, la salud (humana, de los ecosistemas, de los vínculos sociales) y la igualdad, deberán reacomodar los conceptos de crecimiento y progreso utilizados como objetivos políticos de la deliberación en la sociedad civil. Buscando que cada organización-partido pueda aprender, crear y comunicar para convencer en la disputa política democrática a los ciudadanos y las ciudadanas de las decisiones, de la utilidad y del sentido del voto con las conclusiones de cada partido y colectivo implicados en el destino de lo público y común, sostenidos en la temporalidad.

El espacio político es un espacio vacío, decíamos más arriba, cuyo sentido (Arkhé, raíz-fundamento) debe ser llenado como resultado de los juegos democráticos agonales (competencias que canalicen y contengan el desacuerdo constitutivo de lo político, en instituciones consistentes). Lo desacuerdos y antagonismos deben enmarcarse en horizontes cooperativos-competitivos, que superen los límites de democracia liberal-representativa, siendo deliberadamente experimentales y postneoliberales. Las doce propuestas para comenzar el debate político sostenido por el horizonte ecoocreativo son expresamente generales, porque delimitan un horizonte de búsqueda como conjunto de utopías concretas (posibles, factibles, plausibles) de creación experimental, en el que el movimiento cooperativo debería jugar un rol aglutinador. Lo económico no se reducirá solo al crecimiento cuantitativo del PBI en función de los beneficios e ingresos, como solo criterio y variable determinante. Si no, más bien, en la calidad de vida, en las desigualdades, en el estado de salud poblacional, en el estado de equilibrio de los ecosistemas, en la consolidación de los vínculos sociales. Todas estas variables desplegadas en múltiples subcategorías, que permitirán salir del criterio reduccionista y monotópico del economicismo actual (Laurent, 2022).

 Lo político como espacio anárquico requiere en el horizonte ecoocreativo que sobredetermine las diferencias particulares en un universal siempre modificable, en sentido político, e inherentemente progresista decolonial transmoderno (Ahumada Infante, 2013). No exterior al mundo moderno eurocentrado, sino como continuidad inherente en el tiempo de la dehiscencia,[20] como praxis crítica y de transformación-superación emancipadora de la modernidad y la postmodernidad eurocéntrica. No hay afuera ni solipsismo posible, ni retorno a nostálgicas visiones y modos de vida premodernos (si bien hay que aprender de experiencias y sabidurías anteriores). Solo hay que focalizar en dejar de lado las depredaciones y hábitos que atentan contra la biodiversidad y los equilibrios necesarios de sostén funcional.

 Las diferencias y los enfoques contradictorios sobre los problemas y las prioridades pueden ser un motor de la creatividad e inteligencia colectiva. Quien sea vencido en la competencia política electoral no debería ser invisible e inaudible. Las diferencias son algunas de las variables de control para la búsqueda de alternativas superadoras, ya que las contradicciones, los antagonismos, las disputas y paradojas son parte del juego ecoocreativo. No se anulan ni las diferencias de perspectivas racionales ni los desacuerdos éticos y emotivos, estos deberían se subsumidos en instituciones que canalicen el desacuerdo. Transformando así al enemigo en adversario, siendo complementarios en el verdadero juego democrático. La aniquilación del otro/a, por esto mismo, debe ser lo prohibido como norma y el a priori de las reglas de juego instituidas. La guerra es la anulación de lo político en la Cité, no la continuidad por otros medios.

Ni Estados Unidos ni China son modelos para seguir, ni imitar. Por esto, en América Latina para impedir repetir el “más de lo mismo” del neoliberalismo, en sus diversas máscaras y sus posibilidades de eco fascismo (la degradación democrática, que es un divorcio con la ecología misma), el horizonte debe ser cooperativo, radicalmente democrático. Su matrimonio de hecho es entre la democracia y la ecología en horizontes cooperativos-experimentales. Estos deberán ir abriendo el futuro desde el presente creativo, en sentido práctico concreto. La ecoocreatividad es una utopía concreta, que pretende ser acotada a contextos específicos, siendo principalmente no profética. Porque debe ser el resultado cooperativo-agonal de la democracia radical de ciudadanos/as que participan en la creación de su destino de ciudadanos/as autónomos/as, apoyados/as en instituciones robustas que canalizan los dilemas políticos, las paradojas de sentido, el debate de las diferentes perspectivas y los desacuerdos inherentes y constitutivos de las identidades. La alternativa implícita en estas doce propuestas y tendencias del debate es el horizonte ecoocreativo, que ya hemos propuesto en escritos anteriores (Busso, 2020; 2021; 2022).

 Muchos dogmas se han resquebrajado, las certezas modernas progresistas se han desmoronado junto con el muro de Berlín. La soberanía de los Estados, la autorregulación del mercado, el dogma de la inmunidad (Espósito, 2022: 1073 – 1086) y seguridad a riesgo 0, el antropocentrismo que puso a la humanidad en el centro del universo (Delmas-Marty, 2020: 133 – 139), entre tantas otras convicciones moderno-progresistas que han caído. Hemos tomado varias referencias de la discusión europea (Aurez, Vincent y Georgeault, Vincent, 2016; Bourg, 2020; Latour 2017; VVAA 2 (Movimiento Convivialiste, 2020); Laurent, 2018; Delanoy, 2019; Informes GIEC 2022; Baschet, 2017; Cochet, 2019; Jadot, 2022; Mason, 2020; Mélenchon, 2022) y latinoamericana[21] para la formulación de las doce propuestas para el debate. Con el fin de estabilizar las sociedades y los ecosistemas habrá que hacer un cambio de cap (supuestos, dirección, tendencias), sin inmovilizar las sociedades y promover más bien equilibrios sistémicos-dinámicos. Trabajar menos como pronosticaba el economista liberal Keynes en la década de 1930 (15 horas semanales), repartir más y mejor la riqueza, vivir con más autonomía cotidiana y frugales, descarbonizar la economía y las instituciones, ampliar la salud y la justicia igualitaria de los y las Terrestres, ¿es esto posible? ¿Es posible dejar en paz a los ecosistemas y ausentarnos lo máximo posible, dejándolos respirar más y abandonar la creencia que todo es solo nuestra casa y nos pertenece en cuanto especie humana? Esto no solo implicaría cambios institucionales, sino además transformar el sistema productivo hacia uno generativo. En lo político, deja vislumbrar la posibilidad de horizontes e imaginarios postneoliberales, con la conformación de una nueva clase ecoocreativa para poder prosperar en lo imprevisible. Es decir, en lo incierto de la situación actual de derrumbe ecosistémico del modo de la economía lineal.

La dimensión económica de la ecoocreatividad deberá orientarse hacia tres tipos de economías, aparecidas en las últimas décadas: la economía circular (Aurez, Vincent y Georgeault, Vincent, 2016)[22], de la funcionalidad[23] y simbiótica (Delannoy, 2021). Todo debería orientarse a ensamblar las actividades humanas con los ciclos y ritmos de los ecosistemas, desde la regla n°1 (regla verde): no extraer más recursos de los que los ecosistemas mismos son capaces de regenerar y reestablecer sin ser forzados. El actor político ecoocreativo en el nivel socioeconómico es un “guardián de la naturaleza”,[24] la que ya está alterada por la acción humana, sabe que el mito de la naturaleza virgen (salvaje) y pura en medio del Antropoceno es eso, un mito (en su dimensión de fábula, ficción o cuento como sostén de ideologías específicas).

A modo sintético, estas son las líneas generales propuestas, las tendencias ecoocreativas factibles, para una sociedad más ecológica, cooperativa e igualitaria. Para no degradar la vida democrática y las ventajas de la libertad que deberán asegurar las instituciones que gestionan lo común y lo público de los ciudadanos y las ciudadanas, con un mejor reparto de las riquezas producidas colectivamente, con menos contaminación, menos emisión de gases de efecto invernadero y una reducción del deterioro de los biotopos. Estos objetivos son, en el mejor de los casos, contradictorios en la situación actual. Deberán ser puestos en marcha por consensos entre Estados, opinión pública, empresas, organismos internacionales y organizaciones/asociaciones del tercer sector. La ACI debería llevar la iniciativa política desde la sociedad civil, en dialogo institucional buscando acuerdos y sinergias en medio de situaciones de desacuerdos y antagonismos que se resolverán con inteligencia en medio de relaciones de poder cambiantes y apresuradas. Por esto, las doce líneas de experimentación deben ser recursivas, ya que los efectos serán nuevas causas que obligarán a ajustarlas sistémicamente en los objetivos ecológicos, decididos democráticamente en competencias que serán canalizadas y contenidas por instituciones cooperativas de lo común.

 

Las doce propuestas

  1. Reducir el potencial destructivo en todas las dimensiones sociales y territoriales, de las actividades productivas y de los modos de vida (Cochet, 2019).
    1. Que la huella humana no consuma más de 1 planeta al año (la Regla Verde), con el objetivo intermedio de rebajar el consumo de 1,5 planeta en 10 años.
    2.  El Estado debe ser el garante de estos compromisos de reducir la huella ecológica, para no pasar los imites planetarios de emisiones de CO2 fijados en los acuerdos internacionales, estando obligado a actuar en consecuencia.
    3. Proteger los fondos marinos y su biodiversidad, en particular la protección debe ser de derecho internacional, en referencia a las explotaciones petroleras y mineras.
  2. Conciliar la democracia y la ecología con la justicia social (Zask, 2022), donde la igual libertad (égaliberté) sea la condición de posibilidad de la solidaridad (ingresos, patrimonio, empleo), orientados/as por el cooperativismo en tanto espacio instituido y concreto por su dimensión de alcance mundial,[25] para el uso, acceso y usufructo de lo común.
    1.  Que puede incitar a la competencia, pero siendo siempre cooperativa. Sin anulación y muerte del adversario/a, siempre promoviendo el debate como elemento indispensable y estructurante de la creatividad.
    2. La confección de la agenda de prioridades de la gestión pública (presupuesto, gestión, asignación de recursos, sistemas de control, usina de propuestas e innovaciones, etc.) requiere comunidades comprometidas con las actividades importantes de la vida cotidiana (alimentación, salud, servicios, actividades socioculturales).
    3. El discurso/pensamiento único, el dogmatismo y las hegemonías violentas son a priori denegados, porque niegan lo político como espacio para tratar y canalizar los desacuerdos, anulando así la posibilidad de llegar a soluciones innovadoras e inesperadas.
    4. Esta conciliación de ecología y democracia en igual libertad será el eje republicano-democrático que guie la educación, en todos los niveles.
  3. Transformar el concepto de propiedad en sentido de público, común y privado en los códigos judiciales en lo penal y en lo civil, incorporando lo Terrestre como sujeto de derecho (derechos jurídicos y políticos otorgados a lo viviente).
    1. El derecho internacional debe extenderse a la protección del bien común, los bienes públicos planetarios (agua, océanos, mares y ríos, aire, selvas, biodiversidad, recursos materiales) en su acceso, uso y usufructo.
    2. Los bienes comunes al ser intergeneracionales, deben ser un eje estructurante de la política internacional, de cada país-bloque y de las instituciones internacionales.
    3. Reconocer jurídicamente el concepto de ecocidio, como un crimen con consecuencias jurídico-legales, con implicancias y alcances internacionales.
    4. Dejar “ensalvajar” lugares y especies, dejarlas a su libre evolución, protegiéndolas deliberadamente de la productividad, del consumo y de actividades o intervenciones directas humanas (Maris, 2022: 52 -55).
  4. Generar controles públicos políticos-impositivos-contables del uso energético y de las emisiones de CO2 aceptables y permitidos, para regiones, ciudades, ramas de empresas y casas particulares.
    1.  Crear una Organización Mundial de la Ecología (OME) que subordine al FMI y la OMC a los objetivos de la transición ecológica de las biorregiones, que trascienden la configuración actual de los países y sus fronteras.
    2. Crear un impuesto a la emisión de CO2, como problema público intergeneracional, teniendo en cuenta las variables de salud y biodiversidad en sentido intergeneracional.
  5. Reformular las deudas públicas y analizar la posibilidad de “jubileos” a los países/regiones más necesitadas y en dificultades socioambientales para la transición ecológica, ya que la pobreza es muy contaminante.
  6. Reformular la política fiscal y financiera (urbana, productiva, salud, comunicación, transporte, etc.).
    1.  Privilegiar préstamos financieros e impuestos con incentivos a la transición ecológica. La ACI y los sistemas de crédito de la economía social y solidaria deben jugar un rol esencial en coordinación con Estados y organismos internacionales.
    2. Aumentar considerablemente los impuestos a las ganancias para las actividades que contaminantes y de lujo.
    3. Impulsar la creación de líneas de crédito diferenciales a proyectos productivos y de innovación tecnológica no contaminantes.
  7. Establecer un salario universal y la delimitación de mínimos y máximos en los beneficios. Como la desigualdad socio económica genera problemas sanitarios y ambientales, se promoverá la igual libertad (égaliberté) con un salario universal, con y franjas de relaciones de diferencias mínimas y máximas en empresas asociativas, cooperativas y en la administración pública.
    1. Promover y subvencionar el empleo para la transición ecológica. Nuevos empleos públicos para anticipar la prevención de los impactos ambientales del calentamiento global: prevención de catástrofes naturales, control de inundaciones, vigilancia de especies en riesgo de desaparición, encuestas ambientales, plantación de árboles, mantenimiento de parques y bosques, destrucción de plantas invasivas, construcción de huertas y frutales comunitarios, etc.
  8. Crear una fiscalidad, en lo alimentario, que incentive el tipo de producción local, la distribución de corta distancia y el tratamiento de desechos desde la perspectiva de la idea de economía de la circularidad y la agroecología.
  9. Transformar la producción agrícola convencional a agroecología, desde una visión regional que trascienda fronteras artificiales de países.
    1.  Terminar progresivamente con la producción industrial de mamíferos, aves.
    2. Limitar la caza y las actividades prescindibles que pongan en riesgo la biodiversidad (turismo, consumo suntuoso).
  10.  Buscar la reducción de las megaciudades, gestionar ciudades que sean a escala humana, sostenibles ambientalmente y con criterios de gestión urbanística para la transición ecológica.
  11.  Promover el transporte colectivo y público, y rediscutir las condiciones de uso y producción del transporte individual, como problema público y urbanístico.
  12.  Suspender todas las subvenciones (académicas, financieras, políticas) que generen o contribuyan la contaminación y el uso/dependencia de energía fósil.

 

La interdependencia y la solidaridad interactivas serán valores políticos fundamentales para crecer y perdurar en lo imprevisible, en situaciones de incertidumbre extrema. Los valores cooperativos que canaliza el ACI están llamados a suplantar los valores neoliberales, siendo la ecoocreatividad una anticipación deliberada a las consecuencias ineluctables de la depredación capitalista, que sometió lo viviente a la sexta extinción acelerada de las especies (el capitalo-antropo/ceno). El debate tiene ya casi dos siglos, surgió en Inglaterra en el siglo XIX con la revolución industrial. Fue allí donde se dieron los primeros puntapiés del desarrollo de la producción masiva y la expansión colonial del capitalismo, que generaron el desarreglo climático. Así también, se dio la primera cooperativa en Rochdale (Inglaterra), ante los desastres sociales (y ecológicos, aunque ignorados en esa época) que generaba la industrialización en los siglos XVIII, XIX y XX. La emancipación postneoliberal es incierta, imprevisible y muy posiblemente improbable… La responsabilidad y la creatividad en la incertidumbre experimental deberán marchar juntas por la senda de la democracia y la política. En sociedades que generan ciudadanos responsables de sus posibilidades de vida y las instituciones que lo permitan, sin aniquilarse entre humanos/as y, sobre todo, a los/as no humanos/as. La utopía cooperativa concreta (la ecoocreatividad) sirve para eso, para hacer el camino conjuntamente para quienes quieran un mundo más digno e igualitario, habitable y hospitalario.

 

 

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Reporte IPCC (2021), en https://report.ipcc.ch/ar6wg3/pdf/IPCC_AR6_WGIII_FinalDraft_TechnicalSum...

 

 

[1] Profesor en HEC, ENSAE y Arts & Métiers, Paris, Francia. Dr. en Filosofía (Paris 8-UBA). Correo electrónico: hugobussoformacion@gmail.com

[2] Este artículo es fruto del debate con la filósofa franco-colombiana Angélica Montes Montoya, como adelanto de un libro e investigación conjunta, en preparación. Un adelanto de nuestro trabajo lo hemos expuesto en la Universidad de Panamá https://www.youtube.com/watch?v=GEp1plVgyKM&ab_channel=PensamientoCr%C3%ADticoPanam%C3%A1 y en el Coloquio Internacional L’amour courageuse des révolutions, realizado en Paris en La Maison de l’Amérique por las Universidades de Paris 8, Paris 13, Sorbona 3-IHEAL, Latine los días 24 y 25 de mayo de 2022.

[3] Ver el informe del 2012, “Política ambiental de ACI-Américas”: https://www.aciamericas.coop/IMG/pdf/politica_ambiental.pdf  Este informe merece un estudio particular y detallado que, en este escrito, por motivos de espacio, no desarrollaremos. Remitimos a los debates de la XXII conferencia Regional realizado en agosto del 2021: https://aciamericas.coop/22conferencia/

[5] La ACI, además del informe del 2012 anteriormente citado, ha propuesto en Guadalajara, un Pacto Verde Cooperativo, en 2009. Puede leerse el documento en: https://www.aciamericas.coop/IMG/pdf/App_ACI_Americas_-_Pacto_Verde_-_Manuel_Marino-2.pdf

[6] Ver comentario en Busso (2021b).

[7] Informes del IPBES https://ipbes.net/

[9] Ver la Agencia ACNUR, de la ONU: https://www.acnur.org/datos-basicos.html

[10] Ecosistema: sistema de organismos vivos que interactúan entre sí y con su entorno físico, que también es parte del sistema. Los límites de lo que podría llamarse un ecosistema son algo arbitrarios, y dependen del centro de interés o del objeto principal del estudio. En consecuencia, la extensión de un ecosistema puede abarcar desde escalas espaciales muy pequeñas hasta, por último, toda la Tierra. Fuente: https://www.sica.int/cambioclimatico/glosario.aspx

[11] Fuentes: GIEC, Museo Natural de Historia Natural de Francia, el IPBES.

[12] Palabra de origen quechua, Chúcaro es “duro”, traducido como “arisco”, “bravío” en referencia a los ganados equinos y vacunos salvajes, según el diccionario de la RAE https://dle.rae.es/ch%C3%BAcaro

[14] Numerosos coloquios académicos y encuentros políticos se hacen en todo el mundo en referencia a este tema. Por ejemplo, en 2019, el coloquio “El pensamiento indisciplinado de la democracia ecológica (democracia, participación y ambiente)”, realizado en Cerisy (Francia). Disponible en: https://cerisy-colloques.fr/democratieecologique2019/

[15] L’Observatoire français des conjonctures économiques, Science Po, Francia. Ver:  https://www.ofce.sciences-po.fr/ofce/ofce.php

[16] Revista Socialter n° 35, 36 (2019); y Hors-serie N°8, (2020). Francia; Revista Magazine Litterarire N° 1 (2018).

[20] Concepto proveniente de la botánica: función de ciertos órganos vegetales que se abren sin desgarrarse en determinados momentos de sus ciclos, para liberar su contenido: fruto, semilla, polen o espora.

[22] El proceso parte desde el eco-diseño, y el prefijo re es la clave de la puesta en accion: re -ciclar/ parar/ utilizar/ funcionalizar. Pueden verse videos en UVED: https://www.uved.fr/fiche/ressource/economia-circular-e-innovacion/16#sequence

[23] Ministerio de la transición ecológica, de Francia: https://www.ecologie.gouv.fr/leconomie-fonctionnalite

[24] Al igual que el Adán bíblico en el Edén; los y las aborígenes de diversas etnias amazónicas; los y las campesinos y campesinas en América Latina en general que trabajan la tierra sin utilización de químicos y técnicas industriales para la producción de alimentos; la permacultura y la agricultura ecológica en Europa y Japón, los ZAD en Francia (Delannoy, 2021); como los guardianes del rio Atrato en Colombia. (Zask, 2022: 157-210.)

[25] Los datos de la ACI muestran la dimensión institucional del movimiento cooperativo internacional: “Más del 12% de la humanidad forma parte de alguna de los 3 millones de cooperativas que hay en el mundo. […] Las cooperativas contribuyen al crecimiento económico sostenible y al empleo estable y de calidad, proporcionando puestos de trabajo u oportunidades laborales a 280 millones de personas en todo el mundo, es decir, el 10% de la población ocupada mundial”. Extraído de:  https://www.ica.coop/en/cooperatives/facts-and-figures