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REFLEXIONES Y DEBATES
Creación de fondos: respuesta a la crisis alimentaria y ambiental que se avecina
Número 239 / Año 2023 / Por Vidaurre Mendoza, René
Se avizora una crisis alimentaria y ambiental en América Latina que puede expresarse en pérdidas de cosecha por sequías o inundaciones, hechos que son naturales, sociales, económicos, culturales y políticos. ¿Cómo responder a ese posible futuro? En este artículo, a partir de las experiencias de las poblaciones campesinas e indígenas, las cooperativas y el Estado de Alaska (Estados Unidos), sugerimos modos de gestionar recursos colectivos para prevenir y responder a dicha crisis. Esas sugerencias incluyen cómo organizar fondos en las mismas cooperativas, en las iglesias y en los Estados en América Latina. Son sugerencias que, de llevarse a cabo, contribuirían a construir una cultura organizacional, a resolver la crisis ambiental y alimentaria, a la transición global hacia una economía de cero emisiones netas, y a instaurar políticas de energía limpia a través de la inversión en fuentes renovables
The creation of funds: a response to the looming food and environmental crises Latin America is facing a food and environmental crisis that could manifest in crop failures due to natural, social, economic, cultural and political droughts and floods. How can we respond to this possible future? In this article, we propose ways of managing collective resources to prevent and respond to such a crisis, drawing on the experiences of peasant and indigenous peoples, cooperatives and the state of Alaska (United States). These proposals include ways of organizing funds within co-operatives, churches and states in Latin America. They are suggestions that, if implemented, would contribute to building organizational culture, solving the environmental and food crises, transitioning to a global zero net emissions economy, and establishing clean energy policies by investing in renewable sources.
Ameaça de crise alimentar e ambiental na América Latina, que pode se expressar em perdas de colheitas por secas ou inundações, fatos de caráter natural, social- -econômico e político-cultural. Qual a resposta a esse futuro possível? No artigo, com base nas experiências de populações camponesas e indígenas, das cooperativas, e do Estado do Alasca (Estados Unidos), sugerimos modos de gerir recursos coletivos para prevenção e resposta à crise. Essas sugestões incluem a colheita de fundos nas mesmas cooperativas, nas igrejas e nos Estados da América Latina; são sugestões que, se realizadas, contribuiriam para a construção de uma cultura organizacional que sirva a solução da crise ambiental e alimentar, atravessando uma transição global para uma economia com zero emissões líquidas, e para o estabelecimento de políticas de energia limpa por meio do investimento em fontes renováveis.

Revista Idelcoop nº 239 - Marzo 2023 - ISSN Electrónico 2451-5418 /  Sección Reflexiones y Debates

Idelcoop Fundación de Educación Cooperativa

Creación de fondos: respuesta a la crisis alimentaria y ambiental que se avecina[1]

 

René Mendoza Vidaurre[2]

 

 

Resumen: Se avizora una crisis alimentaria y ambiental en América Latina que puede expresarse en pérdidas de cosecha por sequías o inundaciones, hechos que son naturales, sociales, económicos, culturales y políticos. ¿Cómo responder a ese posible futuro? En este artículo, a partir de las experiencias de las poblaciones campesinas e indígenas, las cooperativas y el Estado de Alaska (Estados Unidos), sugerimos modos de gestionar recursos colectivos para prevenir y responder a dicha crisis. Esas sugerencias incluyen cómo organizar  fondos en las mismas cooperativas, en las iglesias y en los Estados en América Latina. Son sugerencias que, de llevarse a cabo, contribuirían a construir una cultura organizacional, a resolver la crisis ambiental y alimentaria, a la transición global hacia una economía de cero emisiones netas, y a instaurar políticas de energía limpia a través de la inversión en fuentes renovables.

 

Palabras clave: crisis futura, gestión de fondos, América Latina, cultura organizacional.

 

Parábola sobre los futuros

- En una clase, un estudiante preguntó: “¿cómo conocer el futuro?”

- Varias estudiantes respondieron: “después de la tormenta viene la calma”, “Dios tiene un plan”, “todos sabemos que nos casaremos”, “viene el fin del mundo”. Entre risas aquella clase se volvió un caos.

- La profe sacó un cubo de papel en cuyos lados se leía: “cambio climático”, “inflación”, “guerra” y “hambre”; en la parte de arriba decía “emigración”, en la parte de abajo “raza”. “¿Qué ves?”, preguntó la profe a una estudiante.

- Ella leyó ese lado y dijo: “inflación, cada día es más cara la comida”.

- Otro estudiante ubicado en el lado opuesto dijo “guerra, la de Rusia–Ucrania y la de mi barrio”. Y así.

- La profe resumió: “conectar esos elementos es como ver los ríos que en algún lugar se juntan y llegan al océano”. Hubo silencio. Después del caos había calma. Esta vez una calma de intenso pensamiento.

 

Esta parábola nos recuerda a otra, la de los seis ciegos sabios y el elefante: los ciegos tocan diferentes partes del elefante y creen que  son otra cosa, pero se trata del  mismo elefante. En esa parábola  se asume que los ciegos son sabios quietos; en el caso de nuestra parábola, la profesora se mueve con el cubo para que, desde diferentes posiciones, las y los estudiantes lo lean sabiendo que tiene forma de cubo y que uno y otro “río” los lleva al “océano”.

 

Las partes de un elefante o los lados de un cubo pueden, al descubrirse que están interconectadas e incrustadas, mostrar ciertos patrones o rutas que vislumbran caminos hacia determinadas situaciones. Discernir esas situaciones de futuros posibles permite tomar decisiones en el presente y prevenirse. Esperar lo inesperado puede hacer diferencia en la vida de la humanidad. ¿Qué situaciones se avecinan que ameritan ciertas decisiones que eviten daños irreversibles?

 

1.Introducción

 

Dice un proverbio árabe: “el que predice el futuro miente, aunque diga la verdad.” Lo único cierto es la incertidumbre. En este artículo no buscamos predecir, sino,  identificando ciertas variables, avizorar la posibilidad de crisis alimenticia en el mundo, en particular en América Latina. Si ese es el caso, describimos maneras de prevenir, de esperar lo inesperado, de prepararnos.

 

Como en la parábola, muchas personas toman las realidades como algo dado. Nuestras mentalidades se mueven con perspectivas deterministas y/o providenciales. Escudriñar escenarios para avizorar futuros posibles ayuda a tomar decisiones con antelación a esos futuros e incluso ayuda a cambiarlos. Desde nuestra experiencia en las cooperativas de centroamérica, buscamos que en América Latina nos preparemos con anticipación a esa posible crisis alimentaria. Este artículo reflexiona acerca de las realidades para discernir futuros cercanos.

 

Siguiendo a Schwartz (1991), el concepto de “escenarios”[3] muestra vehículos en los que se toman decisiones para ayudar a que las personas perciban imágenes alternativas sobre el futuro. Es una manera de articular diferentes patrones o rutas sobre cuya base planificar opciones con una comprensión de lo que puede suceder. Asimismo se trata de una serie de historias de cómo el mundo puede cambiar mañana y cómo debemos adaptarnos a esa transición del cambio.

 

En este artículo mostramos variables que, conectadas, vislumbran ciertas disrupciones, shocks, que tienden a recrudecer hechos que amenazan a la humanidad; concretamente, avizoramos escasez de alimentos y crisis ambiental en América Latina. ¿Cómo responder a ese posible futuro e incluso, cómo cambiarlo? Para ello, inspirados en las experiencias de las cooperativas de Centroamérica, proponemos la organización de modalidades de fondos que eviten esa posible crisis alimentaria que se avecina. Esos fondos pueden ser organizados por instituciones como el Estado y la Iglesia, cooperativas y organizaciones diversas que comparten el enfoque de la economía social y solidaria (ESS).

 

2.Marco de economía social y solidaria en un eje de prevención

 

Resumamos a la economía social y solidaria (ESS) y démosle una perspectiva de cara al futuro. La ESS parte de ideas sembradas en el asociativismo obrero del siglo XIX, y de la noción de economía social  construida en  Europa, particularmente en Bélgica y Francia desde mediados de la década de 1970. Incluye a las organizaciones “sin fines de lucro” que emergieron en los Estados Unidos desde inicios de 1980. En este sentido, la economía social tiene su eje conceptual en las cooperativas, mientras, en la tradición anglosajona, tiene su eje conceptual en las organizaciones privadas sin fines de lucro. Posteriormente, en el marco del Foro Social Mundial en que se habla del concepto de Otra Sociedad, surge la idea de Otra Economía, y con ella la idea de economía solidaria que pone en el centro a la persona y el trabajo, y donde el mercado tiene un papel instrumental. Así fue tomando forma lo de ESS, término que incluyó a los actores como cuentapropistas, emprendedores/as sociales, fundaciones, cajas de ahorro, grupos de consumo.También se amplió la noción del voluntariado a un sentido de solidaridad. En su conjunto, la ESS adquirió un sentido multidimensional: hechos económicos son hechos sociales; la economía no puede existir fuera de la naturaleza ni fuera de lo cultural y lo político; lo humano no existe fuera de lo natural, es su fuente de vida.

Las ideas en la ESS emergen en contraposición a la economía capitalista. El principio de la economía capitalista es el interés individual (egoísmo) y de acumulación del capital; en esta concepción se supone que el mercado resuelve los problemas de pobreza, discriminación, cambio climático y los problemas de la democracia. El principio en la ESS es la solidaridad y mutualidad  y se basa  en la cooperación para lograr prosperidad económica que cuide a trabajadores, trabajadoras,  ancianos, ancianas, construya sostenibilidad ambiental y equidad social; en este modelo  se toman decisiones colectivas, se movilizan y conectan procesos con inclusión y justicia social (Coraggio, 2011; Acosta, 2011; Defourny, 1994).

 

El espíritu del capitalismo es la competencia y de control oligopólico y monopólico de parte de las elites; en este marco se da la especulación financiera del capital en sectores como la energía, alimentos y  la vivienda, -lo que propicia concentraciones oligopólicas (pocos actores controlan el mercado) o monopólicas (un actor controla el mercado)-, que extraen ganancias de los y las trabajadores/as, la naturaleza y de los Estados. En la ESS se construyen relaciones de cooperación e intercambio que propician la suficiencia (más que la eficiencia) y la calidad; como dice Coraggio (2011), es una economía centrada en el trabajo y no en el capital.

 

En el capitalismo descontrolado no hay redistribución de la riqueza (tierra, agua, excedentes) ni acceso democrático a recursos económicos como el crédito. En la ESS la redistribución es parte de su espíritu, como lo es la democratización del crédito, el financiar producción con lógica de equidad e impulsar economías solidarias.

 

El capitalismo se mueve por el lucro y bajo la ley del más fuerte, aunque maquillado por premisas ideologizadas como la de la ley de oferta y demanda, en  donde  el mercado es concebido como el motor de la economía. En la ESS la solidaridad está en función de la seguridad social, la alimentación, la salud,  la vivienda, la educación pública, la defensa, el transporte público y del servicio de la banca pública. Se aprovechan recursos desechados por las empresas. Los bienes públicos tienen función social y ambiental, por lo que no deben regirse por la ley de oferta y demanda. En correspondencia, la ESS se expresa en diversas formas económicas: familiar, comunitaria, asociativa, cooperativa, estatal, pública, privada y mixta, también en instituciones como la minga, la mano vuelta, la mediería.

Partiendo de esa perspectiva histórica en la que las ideas centrales de la ESS fueron tomando forma de solidaridad y mutualidad, de cooperación e intercambio, y de redistribución social e individual, así como ampliándose a una pluralidad de actores, ponderamos que la ESS debe mirar más al futuro, un territorio clave donde se va definiendo el destino de la humanidad y de nuestra casa común. En correspondencia debemos conceptualizar el despliegue de capacidades preventivas de las organizaciones, particularmente de cara a hechos futuros que se avecinan, como las disrupciones climáticas, económicas, sociales y políticas. Al mismo tiempo, la ESS debe abarcar en su perspectiva al Estado y al sector privado, para que estos sectores se enraícen en un sistema de regulación política, como Polanyi (1957) sugiere; y deberá abarcar también a las instituciones religiosas con ese mismo propósito de enraizarlas a las comunidades.

 

La gestión de fondos, como mecanismos de prevención ante posibles desastres futuros, es un desafío de acción colectiva que incluye a una pluralidad de actores. Ese desafío requiere análisis de entornos para vislumbrar tendencias y estudios de los propios procesos para extrapolar propuestas de buenas prácticas a diferentes escalas. A ello se dirige este artículo.

 

3.Escenario futuro que nos alerta de posibles shocks

 

Aquí retomaremos los análisis llevados a cabo a inicios de la década de 1970, actualizados en 2022, con variables clave.  Luego, conectaremos  variables como  la guerra Rusia–Ucrania, la inflación, la emigración masiva y las primeras señales de crisis en varios países. Esa interconexión nos arroja un escenario de futuro que se avecina.

 

En 1972, Meadows et al (1972) publicaron un reporte para el proyecto del Club de Roma sobre “la predicción para la humanidad”. En esa publicación, guiándose por indicadores sobre  contaminación, alimentos, población, productos industriales y recursos no renovables, para 200 años entre 1900 y 2100, predijeron el colapso del sistema mundial en los años actuales.

 

Cincuenta  años después, ese gráfico de 1972 de Meadows, et al (19972:124) fue adaptado por Earth4All (https://www.earth4all.life/), y sus resultados son, no tanto sorprendentes, sino algo más que preocupantes:

 

 

Todas las variables en el gráfico aumentan, salvo los recursos no renovables. Antes de seguir, aclaremos que eso de “recursos” es la lectura que hacen desde la economía neoclásica o popularmente conocida como “neoliberalismo”. Desde la perspectiva de la ESS esos “recursos” los vislumbramos como bienes que tienen agencia, bienes que una vez que se explotan, se renuevan lentamente en millones de años, como el petróleo, el gas natural, el carbón, el oro y el agua.

 

 

En el gráfico vemos que la población aumentó de 1.6 millones en 1900 a 3.5 billones en 1970 y en noviembre del 2022 es de 8 billones. Esa población seguirá aumentando algo más y comenzará su declive. La producción industrial y de alimentos per cápita crece y luego baja. Los recursos (o bienes) no renovables ya venían bajando desde 1970. La contaminación seguirá aumentando hasta los años  2035-2040.

 

El gráfico muestra cómo la creencia de “crecer es progresar” lleva a que los alimentos, la producción industrial y la población crezcan hasta un punto en que su base de bienes les obliga a estancarse y declinar. Si los alimentos escasean y los servicios de salud empeoran, hay más muertes, la población disminuye. En 1997 los y las científicos/as que empujaron el Protocolo de Kyoto alertaron que la existencia del planeta Tierra, año a año, estaba en mayor peligro. Veinticinco años después vemos que los acuerdos de Kyoto no se cumplieron y, en consecuencia, lo que los y las científicos/as dijeron que iba pasar, está ocurriendo.

 

¿Qué escenario se avecina? Encontrándonos en esa tendencia ilustrada por el gráfico, en 2011 el mundo experimentó una crisis financiera, ello se expresó en la volatilidad de precios de alimentos y en disturbios políticos en el mundo árabe, desde Burkina Faso hasta Bangladesh. En el contexto de la pandemia (Covid 19), la guerra entre  Rusia y Ucrania le añadió “gasolina” a esas llamas de fuego: los precios de los combustibles y de los alimentos se dispararon, la inflación mundial está en dos dígitos. No nos extrañemos que aparezcan disturbios políticos en diferentes regiones del mundo, que esa situación incluso empeore por el cambio climático: inundaciones, sequías y pérdida de cosechas.

 

En mayo de 2022, India, país llamado a amortiguar la escasez de trigo de Ucrania, restringió sus exportaciones de trigo porque experimentó una mega sequía y quiere proteger a su población. El Cuerno de África (Somalia, Etiopía y Kenia) lleva cuatro años de sequía consecutivos, lo que, con el aumento de precios de los alimentos, arriesga a que 22 millones de personas entren a una fase de hambruna. En julio de 2022 en Panamá, precisamente por la conjunción de elementos que en este texto hemos descrito, además de la cruda desigualdad que la sociedad panameña sufre, se vivieron manifestaciones políticas prolongadas. Igualmente, en diciembre y enero 2023 en Perú, y en enero de 2023 en Brasil, se viven crisis políticas como expresión de la desigualdad, la discriminación y la erosión ambiental. ¿Vemos? Todos los ríos se juntan y van al océano, las realidades son diversas y están conectadas entre sí.

 

Dicho de otro modo, las disrupciones que podamos experimentar con los precios, el cambio climático y disturbios políticos, van a provocar escasez de alimentos y recrudecer daños a la naturaleza, entre otros efectos. Ese es un escenario de futuro próximo.

 

4.Disrupciones en el campo con efecto global

 

Cuando los ríos mandan

 Teníamos una reunión prevista con comunidades campesinas en Cuatro Esquinas. Eran 22 km a pie y en bestia. Las lluvias no cesaban

- “El río Tuma está lleno”, nos advirtieron productores que venían de ese lado.

- “¿Qué hacemos?” Milson, quien me acompañaba, consideró difícil cruzar el río Tuma.

 Entonces decidimos dar la gran vuelta de 250 km en vehículo. Viajamos 5 largas horas. Al final del segundo día debíamos regresar, pero el río Ubú y el Palanón rugían desde el cerro Musún.

 Estando reunidos en otra comunidad, Mencho Zamora, productor y comerciante, sentenció: “Esperan o se quedan, aquí los humanos no mandan, ¡mandan los ríos!”.

 Esperamos. Viendo que las lluvias volvían  nos dimos prisa. Cruzamos Ubú. Entramos al río Palanón, éste nos abrazó y arrastró 2 metros, ¡se nos fue el alma por el fundillo! Asustados reconocimos que, efectivamente, ahí mandan los ríos.

 

Este relato nos regresa a los temas ambientales, económicos, sociales, culturales… Cuando los ríos mandan se detiene el transporte, hay muertes humanas y de animales; los ríos llevan suelo fértil que las lluvias van lavando y los dejan en partes que se inundan, los ríos son bienes, tienen agencia, ¡mandan! El exceso de lluvias hace temblar al cultivo del frijol, pudre la semilla y, si ya nació, no le deja crecer, la leche se vuelve más aguachenta, se paraliza el transporte, aumentan los costos de producción y los gastos. Son días, semanas y meses en que se trabaja menos, se come más y el estrés se tilintea. Si una zona es de agricultura de monocultivo, más extremas se vuelven las inundaciones y las sequías, más despóticas y verticales son las estructuras de intermediación y de las familias.[4] La emigración se dispara, la erosión familiar se recrudece, el fanatismo religioso aumenta y la idea “aquí ya no se puede hacer nada” runrunea la mente humana.

 

Esta “sopa” hierve más con las variables expresadas en el gráfico, las disrupciones están próximas. Meadows et al (1972) predijeron el declive de la producción de alimentos para  el año 2030, pero la conjunción de los elementos que acabamos de listar está adelantando una década la crisis; la curva que vemos en el gráfico muestra dicho adelantamiento. Para el campesinado y los pueblos indígenas, el riesgo de pérdida de cosecha de alimentos es real, muchas veces han convivido con eso, pero ahora tienden a volverse más frecuentes y sus efectos pueden tener mayor crudeza. ¿Se puede esperar algo diferente cuando prácticamente ya no hay montaña (bosque) y ya no hay áreas vírgenes para carrilear en casi todos los países de América Latina? ¿Se puede esperar algo diferente cuando la agricultura de monocultivo, sostenida por las grandes empresas comerciales y las instituciones financieras, incluidas las del Estado, va arrollando toda agricultura campesina e indígena y va llevando a la población a la falta de alimentos, es decir, al hambre.

La pérdida de cosecha también tiene efectos en la población urbana que en América Latina depende en gran medida de productos campesinos. Por ejemplo, en Centroamérica y México dependen fuertemente del frijol y del maíz campesino indígena; en Suramérica, de las papas, del maíz y del arroz. Y recordemos nuevamente la parábola citada, decir “pérdida de cosecha” tiene relación con  el cambio climático,  la agricultura de monocultivo, la discriminación racial,   la emigración,  la inflación,  la violencia… Los movimientos subterráneos de descontento erupcionarán en cualquier momento. En este contexto, el relato “cuando los ríos mandan” nos trae a la memoria el dicho popular que dice: “Dios perdona, la naturaleza no”.

 

5.Gestión de fondos en las organizaciones asociativas

 

Un futuro posible es la escasez de alimento o pérdida de cosechas como hecho político, social y económico, de grandes dimensiones. ¿Cómo adelantarnos a este posible escenario?  Aquí iniciamos ese proceso de re percibir nuestras realidades a partir de lo que se avecina. Para ello proponemos la estrategia de crear fondos para asumir el desafío de pérdidas de cosecha. ¿Cómo pueden organizarse esos fondos de prevención? En esta sección resumiremos el caso de las organizaciones asociativas, sobre todo las cooperativas, que tienen instituido entre sus prácticas la gestión de fondos. Esta experiencia puede servirnos como una base para leer otras prácticas y extrapolarlas a modos de gestión de fondos de prevención.

 

Efectivamente, encontramos más experiencia en gestión de fondos en las organizaciones asociativas, particularmente en las cooperativas. Sean fondos sociales, fondos de inversión o fondos de educación. En los estatutos de las cooperativas y asociaciones se incluye el principio de redistribución de excedentes con equidad[M1] ; eso quiere decir que, si una cooperativa tiene 100 pesos de excedentes, digamos 20% de ello va a un fondo social, 10% a reserva legal, 20% va a un fondo de ahorro y 50% es para ser redistribuido entre las personas asociadas según sus aportaciones en efectivo, en trabajo, en especie o en compras. Reconocemos, sin embargo, que en Centroamérica es una minoría de estas organizaciones las que cumplen ese principio de redistribución social e individual, y que lo hacen con efectividad.

 

De los casos de cooperativas que sí lo llevan a cabo y con efectividad, ¿cuáles son las lecciones que nos deja la gestión de dichos fondos sociales? Son recursos de las personas asociadas como producto de sus aportaciones, como porcentaje que se les deduce de los excedentes de la organización, de actividades colectivas como la kermesse para generar esos fondos, o de la prima social por vender productos en el marco del Comercio Justo. Tienen reglas precisas para que ese fondo cumpla su propósito y no se agote anticipadamente. Veamos algunos ejemplos sobre el uso de un fondo social:

 

  • Puede ser solo para responder ante la muerte de la persona asociada o de su pareja: proveerle un monto en efectivo y el ataúd; ello previene  que la familia se endeude por los gastos funerales.
  • Puede cubrir a una hija o un hijo que la persona asociada decida para que la organización le provea una beca universitaria (monto fijo) durante 5 años.
  • Puede ser para personas asociadas que cumplen 75 años edad, quienes por derecho reciban un monto definido mensualmente, en efectivo o en especie. Ello reconoce el aporte de la persona a la sociedad y amortigua su pérdida de capacidad de generar ingresos para su manutención.
  • Puede ser una biblioteca infantil en una comunidad rural.

 

Partiendo de estas experiencias, una organización asociativa y/o comunitaria puede crear un fondo de alimento o de semilla para pérdida de cosecha; ello puede incluir intercambio de semilla y alimentos entre comunidades y organizaciones que tienen diferentes épocas de siembra. Pueden crear un fondo ambiental para enfrentar desastres como las inundaciones y las sequías. Pueden crear un fondo de abono ecológico para comprar “abono verde” (canavalia, gandul o terciopelo) para mejorar el suelo donde cultiven granos básicos y cultivos perennes. Cada organización asociativa en el mundo puede innovar en la dirección propuesta y alumbrar al mundo con ese camino de prevención ante desastres. Para ello, teniendo  en cuenta que el porcentaje de redistribución ya está incluido en los estatutos de las organizaciones, los pasos a seguir son: definir el propósito del fondo social; llevar a cabo una discusión y llegar a un consenso en torno a reglas que rijan el funcionamiento de ese fondo social;  crear órganos que  ejecuten y velen porque su ejecución sea coherente con las reglas que la organización acordó.

 

Si todas las cooperativas y otras organizaciones asociativas en América Latina pudiesen cumplir sus estatutos, particularmente con relación a la gestión de sus fondos y pudiesen reorganizarlos en torno a la prevención, su impacto en las poblaciones sería enorme y, de paso, el desplegar sus capacidades organizativas de prevención les permitiría escalar un siglo de mejoría organizacional.

 

6.Prepararnos ante posibles disrupciones: recuperar los fondos que funcionan

 

En esta sección resumiremos algunas experiencias ya existentes y que pueden reorganizarse de mejor manera, la de las poblaciones campesinas e indígenas, la de la Iglesia católica y las iglesias evangélicas, y la del Estado mismo. También suelen haber otras experiencias de creación de fondos que aquí, por razones de espacio, serán omitidas, como experiencias de gestión en las escuelas de parte de madres/padres de familia, de grupos en torno al pasanaku como ahorro y crédito residenciales con aportaciones para reparar sus calles o mantener sus parques.

 

6.1Fondo campesino-indígena

 

Este fondo campesino indígena se desarrolla en las fincas diversificadas y en sus montañas (bosques). Históricamente en América Latina, las familias indígenas y campesinas han diversificado sus cultivos, procesado sus alimentos e incluso han elaborado su ropa y su calzado; lo siguen haciendo en comunidades alejadas de la urbe y de sus mercados. Esa ha sido su manera de garantizar sus alimentos del año y su sostenibilidad: si pierden la cosecha de un rubro, les quedan varios otros rubros como la cría de aves y cerdos, la producción de alimentos procesados (queso, frutas secas, mermelada, vino…), las semillas y suelos fértiles. Las montañas (parches de bosques) han sido otro “fondo” campesino indígena, que provee madera para sus casas, leña para su cocina, medicina, agua, alimentos, suelo fértil…[5] Ese tipo de estrategias de “fondos”, sin que exista esa palabra en su vocabulario, ha sido posible por sus estructuras de gobernanza comunitaria, donde la solidaridad y el intercambio les guían.

 

Esas estrategias campesinas indígenas han sido prácticas históricas loables, que les han dado autonomía comunitaria frente al mercado y les han provisto de autosuficiencia alimentaria. Sin embargo, esas prácticas, cada vez van siendo acorraladas por esa lógica de “sálvese quien tenga” y por el despojo sistemático de sus tierras que ha erosionado la gobernanza de sus comunidades. Sus áreas diversificadas se van transformando  en agricultura de monocultivo y sus montañas se han reducido a pequeños parches al interior de sus fincas. Las mismas comunidades van quedando como espacio con menos intercambio y se van subordinando al mercado.

 

Una mejoría en las comunidades podría suceder si recuperan esas prácticas de diversificación,  que está en su ADN comunitario. En correspondencia, que guarden sus alimentos y su semilla, cuiden sus áreas de bosque e innoven alimentando al suelo. Para ello, es necesario reconocer que de forma individual ya no es posible hacerlo, debido a la fuerza del mercado con su mercantilización de productos que ha erosionado gran parte de las formas de organización comunitaria;[6] solo queda poder organizarse bajo formas asociativas y, colectivamente, re percibir fincas y parcelas para concebir fondos de alimentos y/o de semilla para sus comunidades. ¿Dónde pueden inspirarse para dar ese paso organizativo? En las organizaciones asociativas que acabamos de describir.

 

6.2Redirección de los fondos en las iglesias

 

Hay fondos que las iglesias, -católica y evangélicas- juntan y que podrían gestionar como un fondo de alimentos. ¿A qué prácticas de recaudación de recursos nos referimos?

 

La Iglesia católica se organiza en parroquias que se encuentran en los pueblo (cabecera municipal) y en Pequeñas Comunidades[7] en cada micro territorio rural del municipio; una estructura con coordinador/a, tesorería y delegados/as de la palabra. Esas Pequeñas Comunidades recaudan recursos cada semana de su membresía, lo que sirve para cubrir gastos de la parroquia, como los pagos de luz y de agua, y el mantenimiento del templo; también recaudan fondos de emergencia para asistir enfermos/as o para cubrir gastos de la coordinación. Son fondos manejados por la tesorería de la misma comunidad y generalmente carecen de reglamentación, con decisiones discrecionales sin mayor participación de parte de la Pequeña Comunidad.

 

En las iglesias protestantes, mayormente las evangélicas[8] y generalmente en comunidades rurales y barrios más empobrecidos, recogen diezmos (10% de las ganancias que una persona creyente tiene) y en muchos casos también exigen las primicias (por ejemplo el primer lechón que una cerda da a luz es para la iglesia, un quintal de granos básicos al cosecharse es para la iglesia, etc). Aunque entre las iglesias evangélicas y protestantes se debate la validez bíblica de los diezmos y las primicias[9] en la actualidad,  en la mayoría de las iglesias evangélicas se las practica, motivadas más por cumplir la letra de la Biblia como un medio para expiar pecados, aunque abundan denuncias de que el pastor hace uso discrecional de dichos recursos sin que haya participación de su comunidad de creyentes.

 

Lejos de discutir la validez del diezmo y de las primicias en las iglesias evangélicas y protestantes, o el modo  en recaudan en la Iglesia católica, nos interesa destacar que, tanto en unas como en otras, recaudan recursos con propósitos que la misma institución eclesial afirma que es para la solidaridad humana. Teniendo esas recaudaciones, las iglesias podrían recuperar su sentido original y destinarlas, realmente, al propósito que las mismas iglesias expresan: ayudar a las personas desposeídas, y hacerlo con mayor transparencia y con mayor participación de sus comunidades respectivas.

 

¿Cómo podrían usarlo? Pueden organizar un fondo de alimentos para situaciones de pérdida de cosecha ante inundaciones o ante sequías, o un fondo ambiental ante desastres naturales, ambos fondos dirigidos a las comunidades donde dichas iglesias se ubican. Para su manejo, pueden definir un propósito inspirado en la Ley de los Talentos (Mateo 25:14-30), de ayudar a quien se esfuerza y no al que no se esfuerza;[10] luego pueden inspirarse en el modo del manejo que las organizaciones asociativas tienen de sus fondos sociales: reglas, administración, seguimiento y rendición de cuentas a la asamblea (a su feligresía o a sus creyentes). En el caso de la Iglesia católica, es importante que el sacerdote y las hermanas (monjas) participen en la gestión de dichos fondos, ayudando a su análisis y a que sean prácticas transparentes; y en el caso de las iglesias evangélicas, es importante la participación de instancias que las aglutinan , de tal manera de encausar debidamente la gestión de dichos fondos con transparencia y según las reglas que hayan consensuado.

 

Con estas prácticas, la administración de dichos fondos sería transparente y bajo gobernanza democrática: una instancia específica puede administrarlo, otra instancia darles seguimiento, pueden rendir cuentas tanto al líder/esa de la iglesia como a la comunidad de la feligresía o creyentes. Eso es seguir el proverbio ruso: “confía, pero verifica”.

 

Con esa iniciativa, la misión de la iglesia de evangelizar en los hechos sería palpable. En correspondencia, esa imagen que tienen de que el pastor evangélico está usando los diezmos para su propio provecho y que los tesoreros de las Pequeñas Comunidades católicas van usando a su antojo lo que recaudan, se acabaría. Esos fondos estarían al servicio de las poblaciones más empobrecidas que buscan justicia, y serían mediados por un manejo de acuerdo a reglas que garanticen su buen uso y su sostenibilidad.

 

6.3Fondo “sucio” redistribuible del Estado

 

Un “fondo institucional” fue creado en 1976 en Alaska,  Estados Unidos, desde entonces sigue vigente. ¿En qué consiste? El Estado cobra a empresas petroleras por usar un bien común y estar contaminando al planeta. Con esos recursos  se constituye un fondo de “dinero sucio” que es redistribuido en partes iguales a los y las ciudadanos/as, año a año. En 2021, por ejemplo,  correspondieron 1,114 dólares a cada persona ciudadana de Alaska. Se trata de redistribución y no de un regalo, ni es asistencia social. A la vez tiene algo de equidad porque cobran a los/as más ricos, dueños/as de esas empresas; con ese cobro de “dinero sucio” buscan desincentivar a esas empresas a seguir arruinando al planeta tierra. Ese monto de 1,114 dólares, para la mayoría de personas, es importante, para los y las ricos, es nada, no les es importante.

 

A diferencia de las organizaciones asociativas, este “fondo institucional” es organizado y aprobado por órganos del Estado. Pero, igual que las organizaciones asociativas, el Estado desarrolla reglas (leyes) y mecanismos para captar esos recursos, para redistribuirlos y para auditarlos.

 

Probablemente su mayor limitante es que ese bien común que las compañías explotan no les pertenece solo a las personas ciudadanas en Alaska; le pertenece a la humanidad entera. Sin embargo, este antecedente de fondo puede alumbrar a los países a replicar el mecanismo adaptándolo a sus condiciones.

 

De estos tres tipos fondos ya existentes, destacamos que, a la luz de la experiencia de las cooperativas, es posible organizar fondos de alimentos o fondos ambientales que funcionen con mayor efectividad retomando, reimpulsando y ampliando sus gestiones de forma colectiva, trabajando reglas específicas y una estructura que las viabilice y acompañe. El fondo campesino indígena, dado el peso de este sector en la agricultura de América Latina, puede tener un impacto enorme, ciertamente algo difícil de imaginar mientras la agricultura de monocultivo siga siendo el caballo de troya de las elites económicas a través del uso del mercado y del Estado; la creación de estos fondos será posible si ese gran sector social se organiza. La experiencia de las iglesias, dada su influencia en las comunidades más empobrecidas, bajo el marco de la Ley de los Talentos, tendría un efecto enorme aun manteniéndose en su propia esfera religiosa, ya no digamos si se amplía a todas las comunidades donde operan. Finalmente, el fondo institucional, aun con sus limitaciones, parece alumbrar a los gobiernos, aunque éstos se hacen los “sabios ciegos” tocando solo la parte de sus intereses.

 

Claramente, el escenario de crisis alimentaria y ambiental puede ayudar a que diversos tipos de fondos se reactiven, aprendan unos de los  otros y colaboren entre sí.

 

7.Prepararnos ante posibles disrupciones: creación de fondos

 

Ahora, sobre la base de lo trabajado y buscando articular las diferentes experiencias descritas, proponemos la creación de fondos en una escala mayor para enfrentar ese escenario de crisis ambiental y de alimentos.

 

Vaclav Smil (2022) responde la pregunta de qué hace funcionar al mundo moderno. El autor propone cuatro ejes como motores de posibles transiciones para la civilización: la población, la agricultura, la energía y la economía. Allí, revela la dependencia total de la humanidad  respecto  del petróleo, recurso en el que se basa  el modelo de desarrollo dominante en el mundo entero.

 

Ante esta situación e inspirados en el caso ya descrito de  Alaska, los gobiernos de América Latina (y de otros continentes), adicional a los impuestos que cobran, podrían crear un fondo específico sustentado por  las ganancias de  las compañías petroleras, mineras y madereras que emiten gases de efecto invernadero y explotan bienes que pertenecen a las sociedades. El gobierno de Bolivia, por ejemplo, argumenta que en 2003 el 82% de las ganancias de dichas compañías se iban fuera del país y que solo 18% se quedaba, que la nacionalización impulsada revirtió aquél hecho: en el país quedaría el 82% y las compañías pueden llevarse el 18%; el gobierno de Bolivia, aunque no creó un fondo de alimentos, sí muestra que es posible captar mayores impuestos de aquellas compañías.

 

De ese fondo de “dinero sucio”, los gobiernos pueden redistribuir cada año por partes iguales a toda la ciudadanía de un país para que cada quien garantice su alimentación comprándo  en el “fondo campesino” antes mencionado. O hacer algo mejor: pueden entregar esos fondos a cada persona ciudadana a través de sus formas de organización, sean iglesias, cooperativas de primer grado, asociaciones, organizaciones comunitarias, organizaciones barriales y mutualidades, grupos pequeños que puedan innovar en alianzas con las organizaciones campesinas e indígenas para crear  formas de enfrentar la escasez de alimentos.

 

Este modo propuesto, obviamente, requiere madurez de parte de los gobiernos para no cooptar a las organizaciones populares como lo han hecho en el pasado, y requiere que las organizaciones cumplan sus reglas para evitar que pequeñas elites tecnócratas se apropien de dichos recursos, como ha sido lamentablemente una práctica común.[11] El Estado puede encargar a alguna instancia independiente, por ejemplo, a universidades de cada departamento, que audite a dichas organizaciones. Recordemos, no es un regalo, es un derecho de cada persona ciudadana por el bien común, y es una obligación el cobrar financieramente a las empresas que dañan la casa de todos y todas. Es una opción realista, aunque, reconocemos, no resuelve el problema de fondo que es la existencia de la industria petrolera.

 

La conexión entre los distintos tipos de “fondos” se vuelve estratégica. Si el “fondo campesino”, debido al tsunami de las elites del mercado y a sus propias divisiones, recrudece su crisis y el campesinado desaparece, como ha desaparecido en Europa y en los Estados Unidos, la base alimenticia de la humanidad estará en serio riesgo. Si el fondo de “dinero sucio” hace que la población se conecte con el “fondo campesino”, y lo haga a través de organizaciones asociativas, incluyendo las iglesias, estaremos empezandoo a resolver las crisis.

 

8.Conclusión

 

En la introducción de este artículo nos preguntamos cómo responder a ese posible futuro de crisis ambiental y alimentario. Usando el concepto de “escenarios”, pudimos conectar variables trabajadas en 1972 y actualizadas en 2022, sumando otros elementos más: violencia, migración, inflación. Observamos que la inseguridad energética y alimentaria es mayor hoy en día, mientras la recesión económica mundial toca nuestras puertas. Las disrupciones se vuelven más frecuentes y requieren de estrategias de prevención. La pérdida de cosecha relacionada con una sequía o una inundación no es un hecho natural, sino que también es un hecho social, económico, cultural y político. Todo está conectado. Son las mismas realidades que desde la periferia rural, particularmente cuando nos involucramos en procesos que se mueven “a la orilla de la mesa”, se comprenden mejor. Esta comprensión nos habilita a dar el siguiente paso.

 

La destrucción del planeta por parte de las compañías y empresas petroleras, mineras y maderables, -o, mejor dicho un sistema mundial dependiente de combustibles fósiles-, debe ser desincentivada y las sociedades deben ser compensadas. Los costos ambientales, económicos, sociales y políticos los paga cada persona, [M1] cada comunidad con lo cual, las empresas responsables de estos daños deben compensar en definitiva a toda la humanidad. Ello es posible si todos los gobiernos del mundo pudiesen organizar dichos fondos. ¿Algo ilusorio? Emprender estas acciones ayudará a la humanidad entera a despertar a favor de su casa común.

 

Esta medida global puede ser ejercida a nivel micro por organizaciones y comunidades que concretamente se asocien para este propósito. Las organizaciones asociativas que sean democráticas, transparentes y equitativas, pueden organizar y gestionar diversos tipos de fondos (fondo social, fondo de alimentos, fondo ambiental, fondo de semilla) que amortigüen las disrupciones a favor de su membrecía y de sus comunidades. También lo pueden hacer las iglesias que tienen comunidades leales, que respiran principios cristianos y que cuentan con recaudaciones, dado que casi en cada comunidad hay iglesias, y particularmente en comunidades empobrecidas, su impacto, combinado con las organizaciones asociativas, sería como un tsunami de esperanza.[12]

 

"El tiempo es superior al espacio", dice el Papa Francisco. Con ello el Papa critica  que los imperialismos buscan ocupar espacios, mientras los pueblos inician procesos. Este planteo, sin embargo, responde más una racionalidad occidental que prioriza el tiempo sobre el espacio afanado por buscar ganancias rápidas mientras abaratan los espacios donde están los bienes naturales y la casa común. El campesinado y los pueblos indígenas que se organizan superan esa división tiempo y espacio, inician procesos de cambio en sus mismos espacios concibiéndolos su casa común.

 

Contando con las experiencias asociativas y teniendo en ellas una contraparte beligerante no cooptable, y contando con la posibilidad de que las iglesias se sumen a ello en cada comunidad y barrio, las iniciativas de crear fondos deben ser también asumidas por gobiernos municipales y nacionales –ojalá la “ola rosada” de gobiernos de izquierda en América Latina, habiendo hecho sus autocríticas respectivas y habiéndose liberado de su izquierdismo neoliberal, abanderen esta propuesta-. También las instituciones financieras que generalmente tienen prácticas antiecológicas y nos llevan hacia la crisis de alimentos, puedan organizar fondos, digamos, deducir 0.5% de los montos de crédito a sus clientes/as y 0.5% de las ganancias bancarias, para responder a dicha crisis  en zonas específicas, con transparencia total hacia las personas dueñas de esos fondos.

 

Crear y gestionar estos distintos “fondos” y conectarlos entre sí, puede que sea el inicio del fin de la crisis mundial que ya estamos sufriendo. En correspondencia, comunidades que, precisamente por sus múltiples variedades, se organizan siguiendo el principio de que el todo es superior a las partes, son comunidades capaces de mover montañas para conectarse entre sí y profundizar sus lazos de solidaridad.

 

Organizar dichos fondos es, sobre todo, cambiar –o liberar– las percepciones de las personas sobre posibles cambios futuros. Invitamos a las personas que nos leen a producir ideas, cambiar y actuar colectivamente.[13] Aquí iniciamos ese proceso con el propósito siguiente: crear fondos para asumir el desafío que nos presentan la crisis alimentaria y  ambiental.

 

9.Bibliografía

 

Acosta, Alberto. (2011). “La economía social y solidaria en el centro del debate” en Coraggio, José Luis, Economía Social y Solidaria. El trabajo antes que el capital. Abya Yala.

 

Coraggio, José Luis. (2011). Economía Social y Solidaria. El trabajo antes que el capital. Abya Yala

 

Defoumy, Jacques. 1994, “Tres Enfoques Económicos Clásicos de las Asociaciones”  CIRIEC-España, Revista de Economía Pública, Social y Cooperativa. N° 16. Pp. 121-146.

 

Meadows, D. H., Meadows, D. L., Randers, J., Behrens I., William W., (1972), Limits to Growth. New York: Universe Books. Disponible en:  https://www.donellameadows.org/wp-content/userfiles/Limits-to-Growth-digital-scan-version.pdf

 

Paris F., Parlapiano A, Sanger-Katz M y Washington E.,  (2022). “A Detailed Picture of What’s in the Democrats’ Climate and Health Bill”. The New York Times.

 

Polanyi, Karl. (1957). The Great Transformation: The Political and Economic Origins of Our Time. Beacon Press.

 

Schwartz, Peter. (1991). The Art of the Long View. Currency Doubleday.

 

Smil, Vaclav. (2022). How The World Really Works. Viking/Penguin.

 

Wack, Pierre. (1984). “Scenarios: The Gentle Art of Reperceiving”.  Harvard Business School working paper. Cambridge: Harvard College.

 

 

[1] Escribimos este artículo a partir de nuestra inmersión en las organizaciones rurales de los de más abajo. Agradecemos las sugerencias que Tom de Herdt y Peter Marchetti nos brindaron.

[2]  PhD en estudios del desarrollo.  Acompaña  organizaciones rurales en Centroamérica.  Investigador asociado de IOB-Antwerp University y colaborador de Wind of Peace Foundation: http://peacewinds.org/research/ 

[3] “Escenarios” es un instrumento que Pierre Wack (1984)  comenzó a usar luego de la segunda guerra mundial, para ayudar al ejército de los Estados Unidos a prepararse ante lo que podrían hacer sus oponentes. Luego, varios/as autores/as usaron el término para definir inversiones, por ejemplo, en la empresa Shell analizando lo que podría suceder en el futuro con el petróleo, en pequeños negocios o en cualquier institución. Peter Schwartz (1991) reconoce que usar el concepto de  “escenarios” no es tanto el definir lo que puede suceder, sino cómo cambiar –o liberar– las percepciones de las personas sobre posibles cambios futuros.

[4] También el clima varía con mayor crudeza: en 2022 las heladas de 20 grados bajo cero en Potosí Bolivia, el heat wave (ola de calor) en Europa y en Canadá, las sequías en otros países como India y en el Cuerno de África. El clima varía y a la vez nos revela su interconexión, ¿verdad que indica algo?

[5] No hay que subestimar la importancia de las montañas, bosques; para ello, basta darnos cuenta de las consecuencias de su carencia. Europa en la Edad Media tenía grandes extensiones de bosques. Del siglo XIII al XVI lo deforestaron. Como efecto de esa deforestación, al carecer de madera para cocinar y calentarse, centenares de personas murieron por hambre y frío. En la actualidad, Europa aparece con áreas de bosque y con cero tasa de deforestación; en el pasado acabaron con los bosques naturales, lo que hoy en día tienen son plantaciones de árboles como resultado de sus políticas de reforestación.

[6] No negamos que aún existan formas de organización comunitaria que facilitan  que sus pueblos guarden semilla y productos. Estas formas  sin embargo,  existen cada vez menos. Basta ver el aumento de la emigración desde cualquier país, la expansión de la agricultura de monocultivo o la extracción de recursos naturales, para detectar la erosión de las comunidades y sus reglas sociales.

[7] Se les llama así porque son grupos en comunidades que hacen sus celebraciones en la misma comunidad, que son parte de un tejido de comunidades, y luego son parte de la parroquia municiapal.

[8] El protestantismo proviene de Europa, de la reforma de Lutero. Se  derivan de ahí denominaciones históricas como las metodistas, bautistas, presbiterianas, luteranas, menonitas. Mientras las denominaciones evangélicas emergen bajo la influencia de los Estados Unidos, son las llamadas pentecostales y un sin número de otros nombres.

[9] Una perspectiva la expresan los pastores de iglesias, mayormente evangélicas, que gritan desde el púlpito: “El diezmo es bíblico, trae tu diezmo si quieres salvarte”. Las personas creyentes (que se volvieron evangélicas) le creen a su pastor: “Si doy diezmo, aunque me quede sin nada, Dios proveerá y mi alma irá al cielo”. Otra perspectiva la expresan las iglesias protestantes históricas: “Jesús en la cruz superó la ley, incluyendo la del diezmo. El teólogo Roberto Hurtado, quien proviene de iglesias evangélicas, con espíritu ecuménico, argumenta: “La recolección de los diezmos tuvo dos objetivos: sustentar a los maestros de la ley (…) y, proveer de alimentos a los pobres de la comunidad: huérfanos, viudas y migrantes desposeídos (libro del Deuteronomio 14:27-29; 26:12) Negarle al pobre la porción que Yahveh le ha reservado para su disfrute, es pecado. Pero darle su provisión es bendición. El evangelio predicado por Jesús superó las limitaciones de la ley -que hasta entonces se había tornado legalista y ritualista-, la perfeccionó. La ley pasó a ser el andamiaje de una nueva construcción basada en el amor. Obra Cristofinalizada en la cruz. De manera que la ley fue superada, así también el mandato de los diezmos. La ley del amor al prójimo (los parias) dejó inoperante la ley del diezmo.”

[10] Este punto de propósito es importante. Son  conocidos los casos en los que muchos organismos proveen ayuda según el criterio de pobreza, es decir “se le ayuda al que es pobre”, con lo que más bien recrudecen la pobreza. El mensaje tácito y contraproducente de esas prácticas es que “hay que ser pobre para recibir ayuda”.

[11] La “ola rosada” de gobiernos de izquierda va irrumpiendo nuevamente en América Latina. La primera “ola” fue en la década del 2000, marcada por el “boom de materia prima”, una ola que contribuyó poco a la democracia, asumió un nefasto neo extractivismo y cooptó en gran medida a las organizaciones populares. La segunda “ola” viene desde 2018 incluyendo a México, Perú, Colombia y Brasil, ahora en período de crisis mundial y con organizaciones populares difíciles de ser cooptadas. Si estos gobiernos de izquierda hicieron su autocrítica, podrían asumir esta propuesta y mejorarla en cada país e impulsarla en marcos de integración regional.

[12] De forma paralela, se requiere ir avanzando en tres puntos. Primero, en la transición a una economía de cero emisiones netas; en ello,  la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático va trabajando en definir incentivos, nuevas normas y leyes. Segundo, leyes como la de Reducción de la Inflación (IRA) que aprobaron en los Estados Unidos, son ejemplos en que se combinan políticas climáticas y bienestar humano; se trata de acelerar la transición a energía limpia en ese país y proteger a la población de precios volátiles de los combustibles fósiles y sus efectos en cadena (ver: Paris et al, 2022). Tercero, el desafío mundial de provisión de energía limpia a través de la inversión en fuentes renovables sigue en pie.

[13] Hay varios grupos en el mundo trabajando por un cambio. Earth4All, por ejemplo, es una iniciativa internacional que busca el cambio del sistema energético que sostiene a la economía industrial: abandonar los combustibles fósiles, cambiar  su uso en la agricultura y en el transporte.