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REFLEXIONES Y DEBATES
Imaginarios post-neoliberales. Tres proposiciones de principio para una indagación crítica-prospectiva
Número 230 / Año 2020 / Por Busso, Hugo
Ante los desafíos vitales globales y los inconvenientes que genera nuestro modo de vida, la imaginación política y las utopías concretas están de retorno en América Latina. Las posibles alternativas post neoliberales podrían articularse desde un horizonte trans-moderno, que tendría a la cooperación como categoría que articulase creativamente nuevos horizontes a experimentar, colectivamente, como en un laboratorio social post capitalista. La cooperación, la creatividad y la ecología (coo-creatividad), teniendo a lo común como principio político, parecen guiar la búsqueda imperiosa de alternativas a lo ya agotado. Es de prever que políticamente la situación a venir en los próximos diez años en las sociedades latinoamericanas será más bien un laboratorio de cooperativismo, de prospectiva política, de experimentación y ensayo colectivo. En este artículo se presentan tres propuestas como orientaciones generales para el movimiento cooperativo internacional y regional, con el fin de debatir su aporte posible para este impasse. Primero, la necesidad de disponer de imaginación y de utopías concretas post neoliberales para orientar democráticamente la búsqueda coo-creativa, que no sean modelos a priori. Luego, la cooperación debería postularse reafirmándose como innovación social y compromiso solidario, en esta nueva etapa. Por último, lo común y la gratuidad podrían servir como dispositivos de experimentación colectiva, en el laboratorio sociopolítico post neoliberal.
Post-neoliberal imaginary. Three propositions of principle, for a criticalprospective inquiry Given the global vital challenges and the problems that our way of life generates, political imagination and concrete utopias are back in Latin America. Possible post-neoliberal alternatives could be articulated from a trans-modern horizon (Dussel), having co-operation as a category that would creatively articulate new horizons to be experienced, collectively, as in a post-capitalist social laboratory (Baschet). Co-operation, creativity and ecology (coo-creativity), considering the common ground (Laval and Dardot) as a political principle to guide possible alternatives to come in the short term, seem to direct the urgent search for alternatives to what is already exhausted. It is to be expected that, politically, it will be a laboratory of political foresight, experimentation and collective testing. Three proposals are made as guidance for the co-operative movement and its possible contribution to this impasse: the need to have imagination and concrete post-neoliberal utopias to democratically guide the co-creative search, other than a priori models. Then, cooperation should be postulated as social innovation and solidarity commitment, in this new stage. Finally, the common ground and gratuitousness could serve as devices for collective experimentation, in the post-neoliberal sociopolitical laboratory.
Imaginários pós-neoliberais. Três propostas de início para uma visão crítica prospectiva Perante os desafios vitais a nível global, e os inconvenientes que gera o nosso modo de vida, a imaginação política e as utopias concretas estão retornando para América latina. As possíveis alternativas pós neoliberais poderiam se articular de um horizonte (trans.) moderno (Dussel), que tiver a cooperação como uma categoria de articulação criativa de novos horizontes, que poderão ser experimentados, de modo coletivo, como em um laboratório social pós-capitalista (Baschet). A cooperação, a criatividade e a ecologia (coo-criatividade) tendo O Comum (Laval e Dardot) como princípio político das possíveis alternativas a virem no curto prazo, parecem ser o norte na busca imperiosa das alternativas diante no cenário já esgotado. É previsível que, falando em política, será um laboratório de prospectiva política, de experimentação e de ensaio coletivo. Três propostas como guia do movimento cooperativo e sua contribuição possível para este impasse: A necessidade de dispor de imaginação e de utopias concretas pós neoliberais para orientarmos democraticamente na busca coo-criativa, deixando de fora modelo a priori. Logo, nesta fase nova, a cooperação deveria se alçar como inovação social e compromisso solidário. No fim, o comum e a gratuidade poderiam servir como dispositivos de experimentação coletiva no laboratório sociopolítico pós-neoliberal.
Revista Idelcoop, nº 230. Marzo 2020 - ISSN 0327-1919 / Sección Reflexiones y Debates
Idelcoop Fundación de Educación Cooperativa

 

 Imaginarios post-neoliberales.

 Tres proposiciones de principio para una indagación critica-prospectiva.

Hugo Busso[1]

Resumen

Ante los desafíos vitales globales y los inconvenientes que genera nuestro modo de vida, la imaginación política y las utopías concretas están de retorno en América Latina. Las posibles alternativas post neoliberales podrían articularse desde un horizonte trans-moderno, que tendría a la cooperación como categoría que articulase creativamente nuevos horizontes a experimentar, colectivamente, como en un laboratorio social post capitalista. La cooperación, la creatividad y la ecología (coo-creatividad), teniendo a lo común como principio político, parecen guiar la búsqueda imperiosa de alternativas a lo ya agotado. Es de prever que políticamente la situación a venir en los próximos diez años en las sociedades latinoamericanas será más bien un laboratorio de cooperativismo, de prospectiva política, de experimentación y ensayo colectivo. En este artículo se presentan tres propuestas como orientaciones generales para el movimiento cooperativo internacional y regional, con el fin de debatir su aporte posible para este impasse. Primero, la necesidad de disponer de imaginación y de utopías concretas post neoliberales para orientar democráticamente la búsqueda coo-creativa, que no sean modelos a priori. Luego, la cooperación debería postularse reafirmándose como innovación social y compromiso solidario, en esta nueva etapa. Por último, lo común y la gratuidad podrían servir como dispositivos de experimentación colectiva, en el laboratorio sociopolítico post neoliberal.

Palabras clave: lo común, cooperación, coo-creatividad, ecología, gratuidad, igualdad, neoliberalismo, política, transmodernidad, utopía concreta.

 

Summary

 Given the global vital challenges and the inconveniences generated by our way of life, political imagination and concrete utopias are returning in Latin America. Possible post-neoliberal alternatives could be articulated from a trans-modern horizon), which had cooperated as a category that creatively articulated new horizons to experience, collectively, as in a post-capitalist social laboratory. Cooperation, creativity and ecology (Coo-creativity) having the common as a political principle that guide the possible alternatives to come in the short term, seem to guide the imperative search for alternatives to what has already been exhausted. It is expected that politically it will be a laboratory of prospective politics, experimentation and collective essay. Three proposals as guidance for the cooperative movement and its possible contribution: the need to have imagination and concrete post-neo-liberal utopias, to democratically guide the coo-creative search, which are not a priori model. Then, that cooperation should be postulated as social innovation and solidarity, commitment, in this new stage. Finally, the common and gratuitousness could serve as devices for collective experimentation, in the post-neoliberal laboratory.

 

 

1.Un ejercicio de imaginación epistémico-político

El planeta arde y la metáfora en política sirve para pensar América Latina, muy particularmente, la selva amazónica con sus titánicos incendios. Por extensión, puede utilizarse esta metáfora también para reflexionar en el presente por países convulsionados en América Latina, a causa de sus estallidos sociales, cambios democráticos y conflictos políticos[2] (Argentina, Chile, Bolivia, Brasil, Uruguay, Colombia y Venezuela hasta fines del 2019). Es evidente que repetición sintomática de la violencia social y de las alteraciones institucionales negativas -interrupciones democráticas vías golpes de estados, injerencias de potencias mundiales y organismos internacionales en la soberanía nacional; desigualdad económica, social y política crecientes que se traducen en explotación humana y que contradicen los derechos humanos básicos; deforestación extrema, etc.-, hablan más de patologías que de novedades. Esta realidad no nos hace olvidar a Europa y Francia en particular, que tienen sus conflictos también. En particular, al arder Notre Dame nos hizo pensar, de modo análogo, en “los chalecos amarillos” y los conflictos violentos en la coqueta avenida de Les Champs Elysées. Hay realidades que trascienden las fronteras territoriales y son extensivas en el tiempo. Los desafíos de las políticas neoliberales marcan el ritmo de épocas intensas en el mundo. Por esto, las posibilidades inciertas van de la mano con lo imprevisible, dejando muchas preguntas y desafíos a gran parte de la población mundial[3].

 La incertidumbre y la complejidad se muestran evidentes en situaciones concretas y particulares, acotadas en momentos históricos y territorios específicos. Sin embargo, hay también cuestiones generales de contexto que conciernen a la reflexión y la especulación teórica. Por los mismos medios que la humanidad ha conseguido la prosperidad (ciencia, técnica, economía), es capaz de autodestruirse y destruir la vida. Como lo propone Edgard Morin (2014), estamos en condiciones de pasar, si hubiese voluntad política, de la época del homo sapiens demens para entrar en la época del homo sapiens sapiens. Es decir, sociedades más “conviviales” (convivencia, cordialidad, amabilidad, frugalidad) y discretas, como propuso Iván Illich en La convivialité[4] hace más de cuarenta años.

En este sentido, nos haremos algunas preguntas en relación con América Latina de fines de la segunda década del milenio, apoyándonos en pensadores franceses[5] y latinoamericanos. ¿Cuál es la misión del movimiento cooperativo, del mercado y del Estado en la actual coyuntura?, ¿cómo pasar de un programa/patrón ego centrado-individualista inscripto al interior de cada cultura e individuo hacia uno analéctico[6]-cooperativo? La sabiduría (individual y colectiva) puede así convertirse en una necesidad vital y a la vez en un desafío político mayor. Porque los supuestos y respuestas que nos demos producen impactos y resonancias en la energía viviente -del universo, del otro y de sí mismo-, en el horizonte del conocimiento-información de principios de milenio.

Contexto y desafíos globales

 

En el mundo, las sequias y las llamas de los fusiles nos hacen pensar también en las migraciones masivas de oriente medio y África, las catástrofes “naturales” que azotan el globo terráqueo, entre tantos acontecimientos. Parece ser evidente donde observemos, que es tiempo no solo de pensar los desafíos sociopolíticos con rigor científico y empatía social, sino además de reinventar el futuro con otros horizontes en común. Para que estos orienten el rumbo colectivo de la acción política democrática participativa, “convivial” (amable, agradable, amistosa) y con gestión cooperativa. Se trata de resolver, como proceso político, el tipo de sociedad con mayor libertad e igualdad (l’égaliberté) como propone Étienne Balibar. Y preferiblemente con una orientación de la economía que facilite responder a las necesidades actuales y transgeneracionales.[7] Sin ahogarse, como en el pasado reciente, en la estrecha amenaza manipuladora y angustiante del “¡neoliberalismo o caos!”! (TINA: There is no alternative, como dicen en los países sajones, “no hay alternativa”). Ni resignarse a la estrecha utopía del liberalismo como el fin de la historia[8], sino más bien el ahora del saber histórico desde el futuro que se atreve a desear e imaginar con la voluntad y el entusiasmo de la buena vida. Es decir, restaurar el gesto utópico-futurista como posibilidad factible y plausible, sin quedar atrapados en la linealidad progresista y abrir a las alternativas posibles de diversos relatos temporales.

La mundialización económica neoliberal pretendió ponerse en relación con el mundo en todos los dominios, por la liberación y amplificación de los intercambios comerciales y financieros. Que las mercancías, los capitales, las técnicas, las informaciones y las personas circulen más en el mundo suponía, en la ideología hegemónica, un devenir mejor para todos. La globalización -o la “mundialización feliz”- que muchos celebraban está bien lejos de tales pretensiones, y aparece en muchos países (sobre todo en América Latina) como una utopía concreta fracasada en las dimensiones de la justicia, la igualdad y la libertad. Lo cierto es que muchas pautas claves de la política internacional han cambiado por la implementación de este juego de poder institucionalizado con un conjunto de reglas y normas que ponen condiciones estables para que los actores principales, las grandes empresas multinacionales, puedan competir. Las reglas que organizan la geopolítica y las finanzas internacionales post-coloniales se han acomodado funcionalmente a un nuevo patrón de poder mundial[9], en una nueva fase del capitalismo que sostiene para determinadas regiones (cada vez más virtuales) un sistema de apropiación-distribución-acceso cada vez más desigual, con posiciones políticas de privilegio. El proteccionismo económico está en baja para los países periféricos del capitalismo central. Las barreras aduaneras clásicas luego del GATT[10] son fuertemente presionadas e impedidas por la OMC, el FMI y por los países más influyentes en esas instituciones (G8). Estos países que presionan son quienes promueven el libre mercado hacia afuera, luego de que el proteccionismo económico hizo su “buen papel” para el propio país, dejándolos en una situación privilegiada. Inglaterra y otros países de Europa, Estados Unidos, Japón, son el buen ejemplo histórico[11] de que no se puede desarrollar la industria sin un mínimo -al menos temporario- de proteccionismo.[12]

 La globalización como proceso de apertura progresiva de los mercados nacionales -si lo vemos a partir de 1980-, muestra que el enfrentamiento del Mercado contra el Estado da sentido a las imposiciones ideológicas del vencedor, al privatizar lo público (servicios) y transformar en mercancía lo que es común e intergeneracional. De esta manera, se reduce el patrimonio significativamente de los que lo tienen escaso o simplemente no disponen de ninguno, aumentando la exclusión social en todas las dimensiones de análisis. Después del año 2000 el 1% de los individuos más ricos del planeta se han repartido el 50% del aumento global de las riquezas. Sin embargo, la mitad de los humanos no reciben ningún beneficio del crecimiento mundial de esas riquezas. Para el año 2017, ese 1% más rico del mundo se repartió el 82% del crecimiento.[13] El liberalismo no ha sostenido las promesas de una “mundialización feliz”, porque, como muestran los economistas más renombrados como Picketty y Rifkin, ha acrecentado las desigualdades en todas las poblaciones y regiones del planeta, además de producir un crecimiento exponencial de la degradación ambiental y destrucción de niveles eco sistémicos irreversibles.

A nivel laboral, como sostiene Giraud (2012), los capitales multinacionales crean la competencia de “trabajadores nómades” (cadres -cuadros, dirigentes- de las grandes firmas, muy diplomados y plurilingües) y demandan los bajos salarios de los “trabajadores sedentarios” (atados a sus territorios, mano de obra para la producción de mercancías y materias primas). La ausencia de límites, es decir la desregulación de los mercados impuesta por la OMC y el FMI, la voracidad no racional del capital financiero y el descuido socio-ecológico de las economías locales y nacionales son las causas fundamentales de la crisis financiera del 2008. El periodo actual (2015-2020) tiene al proteccionismo americano de Trump y al Brexit como la inteligencia sajona que asume saberse los “perdedores” momentáneos del juego que ellos inventaron en su momento -la mundialización económica en su versión actual-. Son justamente los anteriores líderes que hegemonizaron el proceso geopolítico y financiero los que ahora quieren trastocar las reglas (o salirse de juego si fuese necesario), como ya lo han hecho en repetidas oportunidades desde la época colonial, para retornar a una improbable posición de privilegio incontestable. Sin embargo, todo lo que se oponga a la libre circulación de capitales, que critique las políticas de la mundialización económica o que rechace el consentimiento ilimitado a los mercados y a las leyes del libre flujo financiero y comercial neoliberal son descalificados como “populistas”; los nuevos judíos, negros, “indios” y barbaros de antaño. En Europa y en América Latina éste es el verdadero clivaje político que promueve, en última instancia, políticas de tensión extrema al compás de las desigualdades crecientes producidas por las ideas neoliberales en ejecución. Tanto en la Unión Europea como en América Latina -hasta fines del 2019, al menos-.

 

Apoyos y recursos para re-problematizar el presente

Esta jugada ideológica (la mundialización económica neoliberal) tiene su historia y sus razones. Fue impuesta en América Latina más claramente desde El consenso de Washington[14] a fines de los años ochenta por el FMI y por el departamento de relaciones exteriores de Estados Unidos. Este juego propuesto por el neoliberalismo ha buscado hegemonizar “lo posible” consensuando “lo real”, con bastante éxito.[15] Aunque con altibajos evidentes, la hegemonía política efectiva ha sido confrontada a reveses electorales que contestaron los derrumbes económicos financieros. Sin embargo, esta perspectiva no solo no ha muerto, sino que ha salido fortalecida luego del escándalo financiero del 2008 y la crisis de la deuda con Grecia. A pesar de que esta versión de la hegemonía del “sistema mundo” ha sido criticada histórica y teóricamente por Immanuel Wallerstein, así como por la corriente crítica del pensamiento francés (Laval, Michea, Latour, Baschet), por el Pensamiento Decolonial[16] y por movimientos sociales alter mundialistas. Mucho es el trabajo conceptual y político resta desplegar para contribuir con mayor eficacia con los movimientos sociales que buscan alternativas post neoliberales.

 Estas situaciones complejas del capitalismo mundializado han ido paralizando y encerrando a nuestras sociedades en una crisis sistémica, por lo que, ahora, demandan decidir “radicalmente”, abriendo una opción hacia sociedades post capitalistas. El auge político de populismos extremos a causa de la desigualdad creciente que producen los modelos neoliberales, así como la xenofobia, los fanatismos religiosos y las adoraciones desmedidas al mercado financiero enturbian el panorama y generan una emoción nada confortable para la política, en ambos lados del Atlántico: el miedo.[17] El sentimiento que acompaña estas emociones parece ser la perplejidad y la ansiedad, y evidentemente no son para nada optimistas hacia el futuro.

 Nuestra primera afirmación a modo de punto de partida será de orden propositivo, como ejercicio de imaginación política para dejar atrás los muros del miedo, para pensar el devenir del contexto latinoamericano más “convivial”, cooperativo y con la esperanza -y la inteligencia optimista- de la experiencia histórica. Creemos que en la reflexión y el pensamiento es donde, al menos debería inscribirse y hacerse evidente la creatividad social, ecológica y política emergentes y en desarrollo. Para decidir a marcha forzada proponer a modo de hipótesis y sugerencias la orientación general de rumbos políticos positivos, caminos experimentales posibles y principios alternativos a los criterios e imperativos neoliberales del presente. Harán falta entonces los consensos democráticos y las justificaciones ético-filosóficas básicas para lo que habrá que tener visión prospectiva y cooperativa (Laurent, 2018). Es decir, sin creer en la existencia de “Papá Noel”, pero con el propósito de entusiasmar a colectivos con imaginarios creíbles. O al menos ensayar al interior de estos movimientos sociales argumentos convincentes para proponer a los ciudadanos la opción por rumbos democráticos diferentes con alternativas políticas post-neoliberales, que tengan la cooperación y lo común  (Laval y Dardot, 2014)  como horizonte de sus posibilidades.

 Para esto debemos desde el movimiento cooperativo internacional proponer imaginarios mínimos, que hagan comprender a los actores políticos y económicos que pedir más democracia, necesariamente no implica más (neo) liberalismo. E invocar y promover además y sin temores, utopías concretas[18], para que generen creativamente acuerdos básicos en situaciones sin precedentes de ampliación de lo común, alterando el concepto de propiedad, acceso, uso y usufructo de los servicios y bienes que son de responsabilidad e interés colectivo. Estos movimientos y sus alternativas post neoliberales deberán convocar e invocar a la creatividad y a la cooperación[19] como los elementos básicos indispensables de la praxis social[20] del presente, donde “la convivialidad” no sea excluyente de la política[21]. Es decir, aceptando el significado principal de “radical”, podemos decir entonces que hay radicalizar la política la cual debería ir afrontando la raíz de los problemas en aumento y los desafíos impostergables, para evitar el colapso socio ambiental que afectaría tanto la Vida en general como a cada viviente, en particular (Latouche 2006, 2011; Latour, 2017; Viveret, 2019).

 Se lee ya en la reflexión científica acerca de la sexta extinción de las especies (mil veces más acelerada que la quinta extinción, la de los dinosaurios), el Antropoceno, el Capitaloceno[22], la colapsología (la idea que la catástrofe está ya en marcha, y que solo queda la preparación humana para el desmoronamiento inevitable de la civilización actual -a causa del calentamiento global-)[23]. No hay fronteras para los bienes públicos mundiales[24] (agua, aire, océanos), ni para Chernóbil ni para el calentamiento climático que se agrava con la duplicación de las emisiones de gases de efecto invernadero desde 1980. Por esto (y sin pretensión que hayamos resumido ni agotado a la complejidad del tema), escuchamos tan a menudo a los científicos, filósofos y líderes más importantes de cada país y de las instituciones internacionales, con llamados y convocatorias para la acción y cambios concretos de hábitos de vida. Estos cambios deberían tener modificaciones sustanciales en el consumo y en el cuidado de nuestro ambiente, que disminuyan los efectos ya inevitables de la catástrofe anunciada. Sin embargo, el pensamiento hegemónico sigue poniendo a la ganancia económica como prioridad (economicismo) y al individualismo (egoísmo según Dufour[25]) como valor y principio normativo, y no el resguardo de la vida humana y no humana presente y futura, en todo el planeta. Por lo tanto, hay un punto de partida como negación critica de lo dado (a los criterios economicistas y los modos egoístas) para la búsqueda de alternativas post capitalistas y post-neoliberales[26].

 Los pensadores marxistas ya han asumido que el sistema capitalista no se autodestruye solo, también que el modelo soviético ha sido tan productivista y contaminante como el de su archirrival. Marx hizo explicita (en el Manifiesto Comunista y en El Capital) la capacidad inmanente y revolucionaria del capitalismo para reinventarse y adaptarse a sus propios desafíos de mantenimiento y expansión, para generar condiciones de acumulación permanentes. Sin embargo, algunos marxistas ortodoxos no han comprendido que el capitalismo podría salir más fortalecido a partir de cada crisis, por una capacidad inherente e inmanente de reinventarse. Esa capacidad de innovación excedió toda anticipación teórica y mostró los límites interpretativos localizados en un tipo de capitalismo (del siglo XIX) que mutó en el XX y principios del XXI hacia lo imprevisto. Sin embargo, el tema en común parece ser la demanda como imperativo de que en épocas de precarización social (“uberización social”), y ante el fracaso de las revoluciones clásicas como de las políticas reformistas es necesario buscar alternativas post capitalistas posibles, con la posibilidad de “Utopías realistas y concretas.[27] Para Slavoj Žižek[28] sin embargo no hay alternativas identificables, la esperanza en estas funcionan como un fetiche que impiden pensar que, si no hacemos algo diferente y solo mantenemos el orden existente, el mundo seguirá igual. Otros pensadores sostienen que, si bien hay que mantener los espacios de libertad conquistados en el sistema actual, las “Utopías Concretas” pueden motivar a pensar con rigor y alentar la valentía de la imaginación y la creatividad para acciones efectivas locales, compromisos voluntarios y consensuados por las instituciones locales, nacionales y mundiales. Estas utopías van desde el desarrollo sostenible hasta las sociedades que promuevan el decrecimiento (una salida del dogma del desarrollo y del crecimiento hacia sociedades frugales y no aceleradas). Sobre todo, que enfoquen en la raíz de los problemas para afrontar, crear y ensayar futuros inéditos y plausibles. Esto es, como refundación democrática y política de sociedades que desean y necesitan imperativamente regenerarse institucionalmente.

En síntesis, tenemos necesidad de políticas públicas mundiales que asocien la preservación de ecosistemas naturales, la erradicación de la miseria y la pobreza asociadas, así como de reducir significativamente el maltrato no solo interhumano, sino con lo no humano por nuestro modo de vida y consumo. La autogestión y el cooperativismo son temas y propuestas que aparecen siempre en común y articulando estos desafíos, con sus preguntas e hipótesis para responder a las necesidades del presente y a las de las generaciones que vienen. Respuestas que el cooperativismo podría sostener, sin dudas, con equidad social e intergeneracional. Otra coincidencia casi unánime en todas las perspectivas de “Utopías concretas” consultadas es que es preferible que no haya esquemas y teorías previas que ensayen encajar el presente y los acontecimientos en un plan predeterminado. Sea como sea, “el camino se hará andando” y la mejor manera es con participación, democracia y principios que emanen de una voluntad autónoma, consciente y solidaria con la red sistémica de la vida. Es por esto que la cooperación es un punto nodal de imbricación entre las filosofías, las políticas y las ciencias.

Así, podríamos comenzar a sugerir, en diversos niveles y dimensiones, entusiasmos colectivos y cooperativos no reñidos ni con la ciencia, ni con las sabidurías ancestrales, para no perderse la posibilidad de aprender de una cantidad importante de criterios operativos y conclusiones colectivas valiosas en lo normativo y relacional. Que busquen humilde y discretamente crear nuevos imaginarios locales, menos reactivos y más propositivos, que reflejen formas de vida locales deseables y posibles con sus diferencias a escala global. Con claridad determinada en sus propósitos a corto y mediano plazo (al menos), con principios ecológicos e instituciones que promuevan y contengan lo político con actitudes sostenibles a nivel individual y colectivo, a mediano y largo plazo. Estos caminos deberán ser acordados democráticamente para los humanos que elijan eludir el “antropo-cepo” del modo de vida actual. En particular las decisiones apoyadas en imaginarios donde se sostienen las justificaciones de las políticas y de los criterios de legitimación que deciden. Porque tienen un impacto global significativo sobre los ecosistemas. Por esto la tarea urgente de los nuevos imaginarios que han aparecido[29] tímidamente, creemos a modo de hipótesis heurística y prospectiva[30], será incitar a la política, a los políticos y a las poblaciones a re-humanizar las ciudades y el campo. Y en consecuencia, la conciencia ecológica-política de la propiedad, replanteando las condiciones y los resultados de la producción-consumo, del acceso, uso y el usufructo como elementos básicos de estilos y modos de vida que deberán promover las nuevas instituciones. Esto significa que -dejando de lado el asalto a palacios gubernamentales como en 1917 en la Rusia zarista- lo posible es una vuelta a la dimensión básica de la filosofía para pensar y politizar una vida democrática lograda e integral del individuo, a modo de ideal y utopía como motor de la creatividad y la comunicación dialogada de diferentes puntos de vista, desde posiciones de igualdad y sin jerarquías a priori. Es decir, nos referimos no solo al individuo occidental posmoderno (Lyotard), sino trans-moderno (Dussel) en su camino de experimentación donde caben las verdades parciales, el ensayo y el error de diversas vertientes de modos de vida y tradiciones de pensamiento. Las instituciones cooperativas deberán crear las condiciones políticas para conducir los antagonismos, minimizar los impactos negativos en los ecosistemas y en las comunidades humanas.

 Según el filósofo de la liberación argentino, Enrique Dussel, la Transmodernidad es un proyecto que va por fuera de la Modernidad, que supera al de la Postmodernidad -la cual no es su crítica profunda sino más bien su continuidad-. El proyecto trans-moderno para el colectivo decolonial es una intención paralela que surgiría por fuera del eurocentrismo (categoría no geográfica de Europa y Estados Unidos, sino epistémica), siendo una alternativa al carácter totalizante e integral que tiene el proyecto moderno eurocéntrico con su versión hegemónica actual de la mundialización económica, el neoliberalismo. Por esto, sirve -al igual que el concepto de “utopística” de Wallerstein, o el de “dispositivos de experimentación” de Isabelle Stengers- como horizonte para construir alternativas y posibilidades cooperativas y creativas (coo-creativas), como experimentos o laboratorios sociales de grupos, colectivos humanos, organizaciones específicas, comunidades y regiones.

Grecia en la última década (2010-2020) fue un intento fallido de cambio, por asfixia institucional y presiones políticas-financieras (CEE, FMI, OMC). Argentina, Brasil, Bolivia, Venezuela y Chile deberán entrar inevitablemente en estos dilemas de la crisis (ya permanente) como lo hizo Grecia, y la situación va a demandarles probablemente -y de modo ineluctable- elegir caminos alternativos, para no repetir los problemas anteriores. El neoliberalismo, como propuesta económica, política y como filosofía de la condición humana, de la vida social se ha adaptado a países y culturas diferentes. Se ha revelado en América Latina y en otras regiones del mundo como un proyecto antidemocrático. Según Laval y Dardot (2017) esto es así por sustraer y reducir las reglas de los mercados, como conjunto de normas inviolables, a la orientación política de los gobiernos.[31] A partir de fines del 2019 posiblemente la situación conflictiva exigirá a los gobiernos latinoamericanos hacerse cargo de ensayos políticos y experimentos sociales, o seguir en la misma senda como callejón sin salida. Sabiendo ya a priori que el orden de los mercados no es espontáneo, sino que demanda una fuerte intervención estatal, como lo demuestra incontestablemente la crisis financiera mundial del 2008. Crisis que ha servido en todo el mundo, paradójica y evidentemente, como estrategia de choque para radicalizar, imponer y justificar más de lo mismo. Estrategia que tiene como criterio proteger el orden de su mercado deseado, con privatizaciones, créditos financieros y con dogmas inviolables de la biblia neoliberal: reducción del gasto público, reducción de derechos sociales y de impuestos a los más ricos. Es decir, más de lo peor llevado al extremo para las poblaciones carenciadas económicamente, excluidas culturalmente y no integradas políticamente. Las causas de la misma crisis con estas estrategias de choque se llevan al extremo con las mismas causalidades de sus fracasos sociales repetidos (o éxitos para un porcentaje mínimo de beneficiados con patrimonio y capital). Transformado así en síntoma y patología, a las víctimas reales de esas políticas se las presenta, siempre, como responsables de sus propias dificultades y miserias.

 

Lo común y el tercer atractor

 

El ejercicio democrático en la política acompañado con conocimientos, rigor, imaginación y buena memoria podría dar lugar a utopías concretas, pragmáticas y cooperativas, para salir del atolladero neoliberal. Probablemente deberán hacerlo desde principios bio-éticos de convivialidad democrática, solidaridad, generosidad, empatía y asistencia en la vida cotidiana que se deberán instalar en el centro de las preocupaciones políticas, en la gestión de lo local y en las interacciones e interdependencias globales. Esto implica, invoca y convoca a las decisiones soberanas como tema prioritario de la democracia, que ha sido secuestrada por privilegiar los imperativos sistémicos del mercado frente a “lo común”.

Este concepto parece enfocar una tendencia, al marcar una ruptura con los modos desarrollistas y progresistas eurocentrados (liberales y marxistas ortodoxos), cuyas características determinantes son sus prácticas de gestión contaminantes ambientalmente e irresponsables éticamente con los compromisos internacionales para reducir el calentamiento global. Debemos relacionarnos con el futuro próximo bajo la forma de utopías para que lleven a repensar el presente como alternativa practica - concreta y local de soberanía popular, como posibilidad global de cambio de rumbo de la civilización actual para que salga del patrón de poder hegemónico de la mundialización económica neoliberal (Morin, 2016). Posibilidades de civilización diferentes se abren (o no…) en el corto plazo, a nivel de decisiones cotidianas, a cada momento. Podemos hacerlo escalando diferentes modelos de complejidades, si incorporamos la idea del “tercer atractor[32] que sugiere Bruno Latour (2017) en Où Aterrir? El “tercer atractor” para Latour es la Tierra; esta aparece en todas las agendas políticas y en las decisiones en todos los niveles y dimensiones de análisis. Situación que involucra en su destino tanto a los humanos como a los no humanos. En medio de la velocidad vertiginosa de novedades en que nos hallamos sumergidos, así como en la aridez e incertidumbre destructiva con el recalentamiento planetario (que ya es una evidencia alarmante y para parte de la comunidad científica, catastrófica, no solo en su análisis cualitativo sino en su cuantificación de las variables fundamentales de los ecosistemas). Vemos que se aceleran por los problemas y desafíos mencionados los tiempos y las urgencias, que son las causas explicitas de la intervención misma del hombre. Las causas pueden ser antecedentes de consecuencias futuras, la visión del futuro como prospectivas estratégicas (Utopística le llama Immanuel Wallerstein[33]) pueden ser también la causa futura que incita al presente a cambios de rumbos tan concretos como factuales.

 Un cambio del régimen de temporalidad moderno se da según Jérôme Baschet (2018) a nivel paradigmático, tanto en la historia como en la vida cotidiana. Lo lineal de la temporalidad pierde consistencia, ganado terreno la idea de ciclos y procesos, de futuros múltiples e inéditos. Esto toma su lugar acompañado por la incertidumbre, el caos complejo, dinámico y sistémico. La novedad invita a la creatividad, a la ecología de saberes, como plantea Sousa Santos (2010), así como a dominar cooperativamente los temores y ansiedades frente a lo desconocido. Pareciera ser que es un tiempo en el que las ciencias sociales, en resumidas cuentas, deberían ocupar un lugar central. Para re-enfocar el verdadero propósito de la política y de la sabiduría, -que es el anhelo de la filosofía así como de las espiritualidades-, en todas las culturas, el ideal de una vida buena y lograda, a nivel individual y comunitario sin descuidar el entorno de bio diversidad. Si bien el objetivo de una vida lograda en sus posibilidades plenas, tanto de la población humana como de la comunidad viviente siguen estando presentes en religiones e ideologías, las consecuencias negativas no previstas se hacen posibles como peligros patéticos que nos acechan.

La Tierra, como núcleo mítico-simbólico y político está en el centro del imaginario mundial en la actualidad. Su eco lo recoge la ciencia y por ende, las instituciones gubernamentales e internacionales que legitiman este modo de saber y poder. Está situada como sujeto y actor político con plenos derechos, ya no como en la modernidad que la relegaba como objeto externo e inerte a ser observado. Esta dimensión mítico-simbólica tiene resonancia en la política, en todas sus dimensiones. Esto va mostrando el resquebrajamiento paradigmático de la modernidad, replanteando el conjunto de relaciones sistémicas que definen las condiciones del progreso y el desarrollo socioeconómico. Situación impensable hace tan solo cincuenta años atrás, en el corazón del sistema - mundo capitalista. Hoy hay cada vez más acuerdo entre científicos y filósofos en pensar que los humanos no tenemos ningún privilegio comparativo de derecho (aunque si, de hecho) con el resto de los seres vivientes. También hay aceptación general en que debemos incorporar en la dimensión temporal de lo político a las otras generaciones humanas y a las especies no humanas, tanto presentes como futuras. Este enfoque deberá invocar y convocar como recursos disponibles a la perseverancia vital y situada, para enfrentar los desafíos del presente. Las sociedades del cono sur de América están llamadas a reactualizarse en su proyección de futuro, en su reinvención incierta y experimental. No hay tiempo para lamentarse, ni para entregarse a la desesperación, ni a la celebración de la razón que se eleva en llamas. Tal vez haya que recoger lo que hay disponible, lo que sabemos y nos contaron. El resto se hará con gritos, esperanzas y creatividad y ojalá que con un poco de dosis de buena voluntad de convivencia amistosa, con ingenio y generosidad.

 Para concluir este apartado, decimos entonces que:

Hay que reformular las utopías concretas del cooperativismo, porque la experiencia mundial posiciona al movimiento como un elemento alternativo y potencial necesario para la creación de una etapa post neoliberal. Esto es por su historia que así lo evidencia, por la eficiencia en la gestión de recursos de uso social.

La gestión cooperativa podrá garantizar, luego de los fracasos neoliberales repetidos en América Latina, la buena gobernanza para la producción, provisión y administración de los servicios y bienes públicos. Podrá garantizarla porque puede ser un reaseguro superior a la competencia del mercado, por su modo de gestión como forma espontánea de la acción política.

En lo que se debería hacer hincapié en sentido político es que el movimiento cooperativo puede mejorar las sinergias entre el Estado y el Mercado. Además, puede reducir los riesgos de la voracidad de las empresas privadas en la gestión de lo común (agua, petróleo, gas, madera, pesca, educación, dinero) y complementar los aspectos ineficientes del Estado (clientelismo, corrupción, abusos de autoridad, monopolio).

Puede garantizar la mejora de la participación ciudadana y de la gestión ecológica de los recursos públicos para su acceso, uso y usufructo, a mediano y largo plazo.

 

Un puente conceptual entre Francia y América latina. Pensar estrategias y posibilidades post neoliberales como experimentos coo-creativos

 

En este apartado ensayaremos sintetizar una parte pequeña pero significativa del amplio debate sobre las utopías y alternativas al neoliberalismo hegemónico. Rescatamos ideas y aproximaciones que hemos observado en Europa y en particular, las voces críticas del pensamiento francés.[34] Hay mucho para aprender, analizar y polemizar en estas perspectivas críticas que nutren el pensamiento contemporáneo. Lo haremos acompañadas de algunas pinceladas o perspectivas decoloniales, características del pensamiento latinoamericano critico a la modernidad eurocentrada y el capitalismo como patrón de poder actual (Quijano, Grosfoguel, Mignolo).[35] La situación actual de crisis sistémica en lo político - económico y ecológico está constituida no solo por el consumo desenfrenado, la acumulación de riqueza tan injusta como desmedida y la conflictividad social que ha emergido con virulencia. Sino también por la depredación devastadora en la Amazonia y de los ecosistemas en el continente. Decíamos en el apartado precedente que hay algo más profundo, a nivel epistémico y filosófico, no muy tangible y que acompaña este proceso. Esto es el resquebrajamiento de los paradigmas hegemónicos que en su debacle ponen en tela de juicio a la mundialización económica[36], en su variante actual de concentración financiera, como modelo civilizacional de consumo-producción. El avance impresionante de Asia como vencedor de la mundialización del modelo de juego anglosajón, ha movido el tablero geopolítico mundial. La cooperación interestatal internacional muestra el punto ciego en referencia a las urgencias vitales a mediano y largo plazo de la red viviente, en el no acuerdo profundo sobre los problemas del calentamiento global.

 “Lo cooperativo”, que propugnamos en este escrito, significa poner en reflexión la anterior contradicción progresista-reaccionaria, propia de la modernidad eurocentrada incorporando la idea de “tercer atractor,[37] la Tierra”, como sujeto político (Latour, 2017). Por otro lado, que ubique en segundo plano las perspectivas individualistas-egoístas de competición, típicas de la modernidad e industrialización liberal de los tres últimos siglos (y del neoliberalismo hegemónico actual, muy particularmente). Así, posiblemente de hecho sea un buen encuentro y cruce de caminos como punto de partida, para repensar, decidir y orientar el sentido de la crisis que vivimos como región, país, continente. Clásica y etimológicamente, Krisis indica que, o bien vamos hacia la disolución y destrucción si seguimos por la misma senda, o vamos, experimental y creativamente, hacia la recomposición y reconfiguración, tan incierta como esperanzadora de lo potencial, la novedad y la posibilidad de una nueva posibilidad. La elección de camino urge, la espera empeora tanto las condiciones de decisión como las de la vida futura. Para concluir, haremos tres proposiciones de principio, como orientación del debate que hemos recogido, con la idea de aportar a la acción de colectivos que están en transición desde el modo y paradigma moderno-productivista y liberal hacia otro con intención más cooperativo; desde la complejidad como paradigma experimental que anhela de modo utópico y concreto por sociedades transmodernas, más “conviviales” y en transición hacia algo tan incierto y desconocido como urgente y necesario.

2.Futuros inéditos. Salir de la tiranía del momento presente y adaptarse a la incertidumbre de experimentar caminos auténticos.

 

En este apartado, vamos a proponer que si anhelamos sociedades coo-creativas, pluriversales y transmodernas, es decir sociedades post capitalistas/post neoliberales,[38] entonces el marco conceptual y categorial global para poder imaginarlas deberá estar compuesto al menos por tres elementos básicos. Estos elementos deberán conjugar el cooperativismo, lo común y una alternativa societal transmoderna. El cooperativismo sigue siendo necesario y valido como posibilidad heurística, como búsqueda colectiva, experimental y no dogmática[39] a las preguntas vitales de cada comunidad y a sus desafíos concretos. Es un modo de superar las condiciones extremas de competencia que nos llevan al máximo en todo, hasta el burnout, en tanto las evaluaciones como modo de funcionamiento-control y homogenización se individualizan cada vez más, los procesos de valorización y sentido son cada vez más colectivos y las apropiaciones de los beneficios, cada vez más reducidas en número. La cooperación como característica decisiva de la evolución social humana es la particularidad de los sapiens, dice Yuval Harari en su célebre best seller Sapiens. Pero la cooperación no suprime ni la violencia ni el conflicto, da a lo sumo un marco institucional para reconducir el dilema. Puede elevarlo o simularlo, pero el desacuerdo según Rancière (1996) estructura las relaciones en la comunidad. El tema es cómo transmutarlo para que la guerra no justifique lo que ha evitado: la justicia. Tal vez la dialéctica deberá cambiar hacia conflictos creativos, con la lógica del don (dar, recibir, devolver). Es decir, sin exclusiones y con más conjunciones, ensayando los extremos potenciales de cada polo como atractores que invocan un tercero diferente e igual de intenso y potente. Como el óvulo y el esperma que crean una nueva vida (si logran entrar en conjugación). Sin ser ni lo uno (óvulo) ni lo otro (esperma), sino la novedad auténtica, el hijo, el milagro de crear vida.

Por esto creemos que es factible pensar que podemos ensayar respuestas sin imperativos economicistas modernos eurocentrados, en sentido ecológico y experimental desde una refundación de lo político y la política, desde la idea de lo común. Los temas ecológicos-colectivos y globales son el núcleo del problema político en el recalentamiento climático (ya ineluctable en sus consecuencias por ir más allá de dos grados a fin de este siglo). Es el cooperativismo con todas las implicancias filosóficas de igualdad, solidaridad y democracia donde creemos que hay que buscar estas nuevas utopías sociopolíticas y experiencias inciertas en la gestión institucional, en todos los niveles de la reproducción de la sociedad y su cultura. Un cooperativismo que tenga imperativos locales, globales y planetarios, con principios y condiciones muy determinados en lo general, como preguntas y desafíos orientados a responder local y positivamente al recalentamiento planetario, causado por un modo de producción material y estilos de vida que deben ser profundamente modificados. Sobre todo, si queremos realmente evitar escenarios aún más catastróficos que lo previsto en lo sistémico ambiental (físico-ecológico) y riesgosos en lo político (fascismo societal- ecológico).

 

Luego, en segundo lugar y siguiendo la discusión del debate filosófico y sociológico francés como orientación de nuestra reflexión crítica al neoliberalismo, propondremos la idea de lo común[40]. Y sus experiencias territoriales y municipales concretas. El neoliberalismo como modelo político, económico, social y cultural es caracterizado como proyecto antidemocrático (sin reducirlo a la falacia de la causa única). Los platos que comemos en nuestra mesa y la educación de nuestros hijos son fruto ineluctable de la cooperación, de lo que tenemos en común y que es en última instancia el capital colectivo que usamos en cada instante (si bien algunos sacan un usufructo exagerado de ese aporte colectivo). ¿Por qué la ayuda mutua y el cooperativismo no figuran en el mismo nivel de importancia en las agendas estatales e internacionales? Si bien ganan terreno por imposición de las interacciones sistémicas complejas de nuestro mundo, el límite implícito es el “paradigma moderno eurocentrado”, según Wallerstein y Dussel, que sostiene el pensar y la idea de lo real/objetivo en el sistema mundo actual.

 “Lo común” lo asumimos como orientación de las energías e inteligencias comunitarias que potencian la buena vida, la libertad colectiva y la autonomía individual, como proyección histórica global de un imaginario siempre en mutación. Enumeramos algunas proposiciones

  1. Recalcular los gastos e inconvenientes no integrados en el PBI, así como privilegiar la proximidad en el circuito extracción-producción-consumo-desecho-reciclaje, son necesarios como elementos y variables a priori de toda política pública.
  2.  Desarrollar también desde este concepto la idea jurídica de bienes comunes mundiales, para proteger recursos de naturaleza diferente como el aire, el agua, la cultura y la educación. Lo común es el compartir y el patrimonio, la herencia que recibirán las generaciones futuras.
  3.  Explorando la gratuidad como alternativa a la apropiación privada de lo intergeneracional[41] y opuesto al egoísmo-narcisismo -como característica de las sociedades actuales.[42] Si se reflexiona bien acerca de estas dimensiones de la propiedad privada, se hace más evidente que hay bienes que deberían ser inapropiables desde una idea de justicia y de libertad, más allá del capricho individual de posesión. Es decir, que sostenga la igualdad de derechos en uso, disfrute, usufructo y acceso a lo largo del tiempo.
  4.  Por lo tanto, se impone descentrar la centralidad de lo económico-financiero si acordamos esta perspectiva general. Es decir, políticamente redefiniendo el uso, el acceso, el usufructo, la gestión, la mantención y la responsabilidad en el tiempo, por las instituciones sociales democráticamente instituidas y constituidas. La posibilidad de que la idea de la “frugalidad voluntaria” sea dominante y no la producción-consumo ad infinitum es la actitud no solo deseable sino efectiva que tienen miles de ciudadanos en todo el mundo.
  5.  Esto es lo que puede y posiblemente deberá proyectar la política de lo común, como una cooperación ecológica (coo-ecología) con actitudes cooperativas, creativas y pragmáticas (coo-creativas), para que las condiciones de reconocimiento (individual y colectivo) y de la construcción de la identidad sean modificadas profundamente en lo institucional (en la instrumentalidad efectiva de la gestión concerniente a los imperativos económicos y políticos actuales).
  6.  Por último, estos “futuros inéditos” implican un saber presente, que no olvide ni se limite a lo moderno en su versión eurocentrada, sino que sea una posibilidad conceptual presentada como alternativa trans-moderna (Dussel), más allá del agobiante, acelerado y tiránico “presentismo”[43] neoliberal eurocentrado (Baschet). Más que universal, deberá pensarse pluri-versal partiendo de la idea de que para la construcción de un mundo son necesarios el reconocimiento de muchos mundos (que no estén sometidos a jerarquías preestablecidas, ni al presentismo).[44] Saber que el fin de un mundo puede no ser el fin del mundo, sino tal vez el nacimiento de algo tan nuevo como incierto.

Un futuro post capitalista tiene sus condiciones según Boaventura de Sosusa Santos (2011), habría tres condiciones básicas. Primero, no habrá justica social sin justicia cognitiva. Luego, el capitalismo y el colonialismo siguen aun entrelazados, si bien cambia el modo la forma es tan solo una manera de seguir ejerciendo su terrible hegemonía. Por último, el conocimiento debe intensificar la transformación. Entonces podemos inferir que esto podría dar voluntad y deseo de emancipación y cambio social hacia sociedades más conviviales, logradas y profundamente democráticas. Novedad que escape, en resumidas cuentas, al a priori de la tiranía de lo urgente, de la adicción a la inmediatez banal de la velocidad desenfrenada y de la satisfacción inmediata. Donde hominización y humanización no tomen el camino riesgoso de separación a causa de biotecnologías que buscan hacer solo capital económico (olvidando otros capitales como el social, cultural, político, ecológico) sin medir consecuencias en el espacio de lo común del patrimonio. Un mundo, en resumidas cuentas, donde muchos mundos sean posibles y deseables de vivir.

 

 Primera proposición. Utopías concretas coo-creativas, Post-neoliberales.

Hablamos de Utopías y lo hacemos con el propósito de sacarlas del “purgatorio” a donde han sido condenadas por el mundo unidimensional del capitalismo neoliberal. En el ideario liberal, con su concepto de libertad, la virtud está de más en tanto el hombre es reducido enteramente a la satisfacción de su interés propio. Todo lo contrario a la idea implícita de cooperación, donde las virtudes (como la generosidad, la templanza, la justicia, la tolerancia, la humildad entre tantas posibles), son valores principales para poder pensar y actuar, para ir más allá del consumismo individualista y narcisista. Esto nos posibilita abordar la idea de Utopía como significante que oriente la praxis. Este significante está marcado semánticamente, en nuestra perspectiva, como alternativa al neoliberalismo: futuros próximos post neoliberales y post capitalistas. Esta ideología hegemónica del capitalismo mundializado se ha auto propuesto como una racionalidad universalizante (“el fin de la historia” para algunos profetas imperiales), para imponer la lógica del capital a todas las relaciones sociales. Por esto las Utopías concretas podrían servir para pensar algo contra-factual, crítico tanto a recetas prefabricadas encarnadas en expertos vestidos de negro como a las profecías dogmáticas religiosas, nacionalistas y partidarias, propias de creencias atemporales y descontextualizadas.

 El pensamiento utópico puede ser una actitud activa, primero frente a lo dado de la sociedad como alternativa a la configuración neoliberal en sus dimensiones más negativas de protección deliberada al mercado y la propiedad privada. En consecuencia, una confrontación con el desprecio, en particular a los sectores menos favorecidos, así como a la insensatez que conlleva la racionalidad instrumental que ha causado ya daños ambientales irreversibles. Es decir, ensayamos reinventar salir del “declinismo” y de “la tiranía del presentismo” (Baschet, 2018) que nos paraliza socialmente y nos agobia ecológicamente.

 Lo utópico, entonces, lo pensamos en este escrito no como topos irreal (o lugar inexistente excepto en el anhelo humano), sino como topos posible y necesario (utopía concreta, pragmática), como experimento/ejercicio creativo-colectivo, de compromiso ético-solidario, empático y altruista con el presente, entusiasmado de cara al futuro. Porque no solo es necesario legitimar y justificar lo posible y necesario, sino que además hay que delinear un horizonte donde el imaginario y la subjetivación sean propicios para un reconocimiento tanto factible como plausible para el deseo colectivo de transformación. El propósito es que se dirija hacia algo que promueva acuerdos democráticos para que guíen y que entusiasmen la participación comprometida con el cambio de estilos de vida, en relación con las finalidades de las instituciones sociales y otros modos de producción - consumo no sostenibles en el corto y largo plazo. Si las nuevas utopías tienen como imperativo la ruptura con los estrechos supuestos de Milton Friedman de que el solo objetivo de una empresa es generar ganancias, las empresas cooperativas son mucho más atractivas para asociados y consumidores que sostengan principios éticos no utilitaristas. Para restablecer ideales autogestionarios y que los lugares de trabajo sean democratizados es necesario crear nuevas perspectivas políticas. No es solo esta posibilidad, también se está propagando en el debate político el ideal de salario universal. Asimismo, se extiende el debate a la viabilidad de que en la misma empresa privada exista la obligación de que los salarios máximos no puedan sobrepasar diez veces el salario mínimo. Estas ideas encuentran adherentes y un consenso cada vez mayor, como en el filósofo y sociólogo francés Dominique Meda (2013).

 Lo que emerge con fuerza en la intelectualidad de diversos países son las “proposiciones post neoliberales y post capitalistas”. Estas ensayan enmarcar y promover el sentido de lo importante (salario básico universal, disminución de tiempo de trabajo, apertura máxima de fronteras, sobriedad y frugalidad como modo de vida, salir de la sociedad termo-industrial) como una coo-creación de los participantes, sin a prioris infranqueables para asegurar las condiciones básicas de una buena vida, donde la igualdad no sea una rareza.[45] La humanidad ya llegó a ese umbral donde la utopía es posible (alimentar a todo el planeta y erradicar la mayoría de las enfermedades causadas por la pobreza) si se evitan banalidades egoístas y la violencia guerrera de sueños imperiales. A nivel internacional implicaría, evidentemente, un acuerdo nada fácil. Es decir, romper con los criterios obsoletos del PBI estándar internacional e incluir en la medición la tasa de crecimiento analizando de qué modo causa una mayor degradación ambiental y un aumento de la tasa de carbono el dogma ideológico (desarrollo y crecimiento económico) característico de las democracias liberales actuales. Esto implicaría entonces la reformulación de las instituciones internacionales cuya tarea debería ser el control y la posibilidad de sancionar las prácticas ambientales ilegales e inapropiadas a los objetivos trazados en los últimos encuentros intergubernamentales. Sin embargo, más allá de los conflictos que esto generaría, hay medios que dispone la comunidad internacional que deberían modificar sustancialmente los criterios de actuación. En particular el FMI, que debería controlar la circulación de capital financiero especulativo y parasitario con límites políticos y consecuencias jurídicas y financieras. Para esto, teniendo en cuenta que las leyes actuales no tienen poder coercitivo fuerte, habría que hacer trabajar conjuntamente a la OMC y diseñar una Organización Mundial de la Ecología (OME) para sancionar las prácticas ilegales que no cumplan protocolos internacionales básicos de acuerdos vinculantes. Esto implicaría una salida de juego en referencia a la mundialización económica dominante, de carácter neoliberal que lideran en conflicto Estados Unidos y China.

Estas composiciones de utopías concretas deberían articularse desde perspectivas cooperativas y creativas -coocreatividad-. Utopías (e ideales) que tienen como objetivo orientar la búsqueda de alternativas para ensayos no dogmáticos y pragmáticos, mejorables y perfectibles con un sentido fundamentalmente prospectivo, como tendencia a futuros posibles y deseados en común. El futuro podría devenir así una causalidad que “tira” al presente hacia un horizonte de cambio que elude deliberadamente la posibilidad de repetir, de modo sintomático y peligroso para la red viviente del planeta, las patologías del presente sistema económico hegemónico. Este sistema ha generado un estilo de vida depredador e insostenible en el tiempo (seis planetas harían falta si la humanidad consumiera como la población de Estados Unidos, tres planetas si lo hicieran como los franceses). Muchos califican nuestra época de “Antropocepo”, como una visión más política de la idea de “Antropoceno” (propuesto por Paul Crutzen, premio Nóbel de química del 2000). Por lo tanto, la situación es en muchos aspectos irreversible por sus consecuencias, pero en otros, es modificable y podríamos alterar los rumbos. Finalmente, no estamos condenados a seguir repitiendo lo que ya conocemos y verificamos científicamente que daña y destruye la red viviente en la Tierra. Podemos salirnos de juego con otro más cooperativo, ecológico y creativo. Estos son los tres condimentos básicos de las utopías concretas, que están en danza en las propuestas políticas de movimientos y asociaciones ocupados por la ecología planetaria, en la era del “Antropoceno”.

Todo esto que hemos señalado ya ha sido delineado desde perspectivas diferentes en ámbitos académicos, políticos y espirituales. Desde la preocupación en común y preguntas muy frecuentes acerca de la viabilidad de un sistema que genera y generará en su devenir futuro consecuencias ecológicas poco alentadoras, con políticas previstas e imprevistas de conflictos extremos. Situación que implica, entonces, no solo repensar, sino crear imperativamente nuevos rumbos de acción. Honnet, Latour, Hartmut Rosa, Laval & Dardot, Tony Negri, Noemi Klein, Jerome Baschet, Erik Olin Wrigt, Enrique Dussel, entre tantos filósofos y científicos sociales han sugerido en sus escritos reflexiones y ciertos “futuribles” no proféticos. Todo parece sugerir que la utopía y la prospectiva estratégica imponen pensar e incorporar la posibilidad de causalidades futuras. Sin ignorar sino más bien ir interactuando y ensayando responder retro-causalmente a las incertidumbres y las posibilidades de las causalidades ubicadas en el pasado, a las preguntas y desafíos del presente, de modo experimental-artístico/creativo, de cara al futuro. Estos son los condimentos pluri-temporales de la política como primer punto de cuestión humana. Otro tema importante está ligado a la injerencia de la inteligencia artificial, debido a la importancia y al potencial de los algoritmos, que están, en la gestión de lo común y lo público, cooptados por el mercado. Esto genera ya un tipo de realidad que se autonomiza de las decisiones de los humanos y sobre todo, del tiempo factual incorporado como experiencia vital, diferente a la de los sistemas tecnológicos. Los algoritmos y la tecnología que acompañan este proceso deberán ser una herramienta para delimitar su importancia y alcance. Pero no deben ocupar la centralidad del proceso de decisión, de la cooperación y del sentido; esta centralidad debe ocuparla la humanidad que dispone de tecnología y no a la inversa (la tecnología que impone el sentido y suplanta las decisiones de la humanidad).

Hay preguntas difíciles formular correctamente y en consecuencia, de responder con el rigor requerido. La comunidad mediática, científica y política insinúa ya de modo explícito que estamos en medio de esta transmutación de civilización, por injerencia humana en la intimidad de la vida porque desconocemos aun al detalle las posibles consecuencias. Estas problemáticas exceden, evidentemente, este trabajo. Pero hay preguntas que quedan sin responder en todas las ideologías, por ejemplo, si es posible la prosperidad sin crecimiento económico, al tiempo que otras nuevas preguntas se abren en cascada: si es deseable y conveniente, ¿cómo sería posible esto? Dos cuestiones son, en nuestra perspectiva decisivas:

  1. Primero, el proceso de valorización del capital que se subordina en esta etapa al capital económico financiero, ¿debería entonces hacerlo a los imperativos sistémicos del capital social, cultural y ecológico desde un horizonte trans-moderno (Dussel)?[46]
  2. Segundo, sin el eje desarrollo/progreso o comunidad local/ tradiciones, ¿es necesario más bien ir incorporando la idea de “tercer atractor” (Latour)? Siendo lo local, lo global y Gaia/la tierra la trilogía que reorienta la acción y la reflexión para la gestión de lo viviente, entonces ¿se justificarían las tomas de decisiones democráticas de lo común, en referencia a las comunidades políticas concretas? O por el contrario ¿deberían ser temas de expertos profesionales y de los algoritmos que impongan sus decisiones sobre el conjunto de personas involucradas?

 La Tierra/Gaia como actor y sujeto político impone reacomodar las ideas modernas de progreso ilustrado-iluminista y de libertad, propias del pensamiento liberal. Así como las ideas de igualdad y solidaridad de las perspectivas socialistas y marxistas. Al introducir un nuevo sujeto en esta tricotomía que suplanta la dicotomía local-global en el desarrollo y al hacer su ingreso la Tierra con plenos derechos políticos (como bien público y común, intergeneracional, que excede lo meramente humano), se abre el campo de la experimentación donde entra la utopía, la prospectiva y los experimentos que tienen a la cooperación y la creatividad como criterios centrales. Implica, entonces, reevaluar lo que ya sabemos, los paradigmas que determinan organizan y legitiman nuestro aprendizaje, y el de las ciencias en general.[47] Por un lado, evaluar y valorar lo que tanta depredación genera y generó (la modernidad capitalista). Por otro lado, evaluar lo que deseamos, es decir la conveniencia o no acerca del confort y la mejora de la calidad de vida, a corto plazo. Hacerlo de modo más sistemático en las humanidades y en las ciencias, y además instituirlo en la gestión pública local, regional e internacional es un recomienzo que plantea la transición en todos los niveles de la cultura, en las prácticas educativas y políticas con un espíritu pragmático. Esto es para que reintente otros caminos más adecuados y plausibles con la manifestación plena de la vida.

 Como toda visión, parte de algo en común. Al menos de lo observado y de la disputa de su interpretación y evaluación. La mayoría de las perspectivas y visiones de mundo (ideologías) dicen, a grandes rasgos, desear potenciar la autonomía individual como armonizar el todo social. En nuestra perspectiva entre lo que hay en común y la potencia individual a mejorar creemos que es posible si y solo si tiene a la cooperación, lo común y la gratuidad en el centro de sus criterios que instituyen las relaciones interpersonales y de la humanidad con su ambiente. Esto es importante para que se dé como posibilidad un reconocimiento en los distintos ámbitos de la acción, como propone Axel Honnet (2008). Hay cuatro dimensiones, la individual (sí mismo), la jurídico-institucional (igualdad), el sentido del aporte del hacer (performance) y en cuarto lugar, las relaciones de intimidad (amor). Es una perspectiva que puede permitir organizarse cooperativamente en lo que hay de común en esos cuatro niveles de acción, que deberán reflejarse en las dimensiones económicas, sociales, culturales y políticas para construir relaciones no reducidas al mercantilismo y a un mundo post-capitalista/ post neoliberal. Enrique Dussel le llamaría una sociedad y una civilización trans-moderna.[48] Las nuevas utopías que asoman parecen apuntar a espacios cooperativos y creativos (coo-creativos), donde la democracia es llevada a todos los ámbitos humanos donde sea factible colaborar y cooperar, es decir a todos los niveles de análisis (individual, grupal, organizacional, institucional, histórico estructural).

 

Segunda proposición. La cooperación es innovación social y compromiso solidario.

La cooperación creativa (coo-creatividad) es el núcleo central de nuestra propuesta heurística, que desplaza tanto a la competencia (el concepto clave del neoliberalismo actual, idea excesivamente degradada por la concentración monopólica), como también la idea de “la destrucción creativa” de Schumpeter (apropiada por las corrientes ideológicas de nuevas utopías actuales, con un entusiasmo desbordante de promesas a futuro desde el Silicon Valley). Creemos que la cooperación post neoliberal debería facilitar a través de incentivos fiscales como de incentivos simbólicos la promoción de la innovación social y de las políticas solidarias. El improbable slogan que propuso Schumpeter en 1942 de flexibilizar el mercado de trabajo para liberar el proceso de destrucción creativa propio de la innovación es utilizado hoy por todos los líderes políticos liberales. Poco les importa que la realidad ponga en cuestión y desmorone sus supuestos y argumentos. Si bien lo numérico ha intensificado más que transformado la producción, es cierto también que tiene efectos desfavorables sobre la calidad de vida, por sus efectos ambientales nefastos.[49]. La idea de Schumpeter también queda a analizar teniendo en cuenta que en Estados Unidos, según el Oficina Nacional de Investigaciones Económicas (NBER) solo entre el 10 y el 12 % de los nuevos empleos creados pueden ser atribuidos a la creación destructiva.[50] Las empresas líderes en el mercado que poseen una situación dominante de monopolio (GAFAN)[51], lo tienen actualmente por el efecto de las redes sociales, no por “la innovación”.[52]

La cooperación, base incontestable de toda innovación -que supera cualitativamente el mero acto de colaborar-, es la valoración máxima de lo común en su proyección potencial de lo esperable por una comunidad. Idealmente estas -la comunidad y la cooperación-, deberían instituir las condiciones necesarias para individuos autónomos y logrados, dentro del marco institucional de lo posible. Des-mercantilizar lo común, repensar el tema del valor y las condiciones de valorización del capital son las tareas de la teoría crítica actual, en medio del recalentamiento planetario. ¿De qué capital hablamos? ¿Qué delimita y estructura la idea de valor? En esta etapa, descentrar la dimensión económica y financiera del capital para recentrarla en lo social (relacional), cultural y ambiental parece ser la tarea primordial del pensamiento crítico. Lo financiero - económico debería ser una cuestión instrumental y una herramienta operativa para ofrecer las condiciones básicas a nivel material e institucional para que la libertad y la igualdad sean factibles sociopolítica e institucionalmente viables. Para que instituyan en su hacer comunidad, un tipo de valores universales y culturales específicos (la justicia, la libertad, la igualdad, la fraternidad, la solidaridad). Estos valores se reflejan cualitativa y cuantitativamente en la protección social y cívica de los ciudadanos, degradas profundamente desde la implantación de medidas acordadas en América Latina por el Consenso de Washington[53] y en el norte del planeta más desarrollado industrialmente desde la época de los años 80 (periodo presidencial de Ronald Reagan y Margaret Thatcher). La convivialidad de Illich, la sociedad frugal de La décroissance, la gratuidad del don y el contra-don, lo común como paradigma del pensamiento político marcan tendencias para la acción colectiva del futuro próximo. Esto puede aportar a la reacomodación social, cultural, educativa, a los escenarios apocalípticos en el corto plazo (migraciones, falta de agua, desertificación, sequias e inundaciones), a causa del calentamiento climático.

 

Tercera proposición. Lo común y la gratuidad como dispositivos de experimentación democrática coo-creativa.

Si lo común (como principio político de diversidad de iniciativas, de organización social y de producción, que implica por extensión, el uso, el usufructo y la propiedad de lo que es común a la comunidad), la cooperación y los experimentos democráticos colectivos son lo inevitable en el futuro próximo, posiblemente (dimensión del deseo de la utopía concreta) el sentido sea para que todo ello implique una repartición equitativa de la riqueza de la tierra y de los beneficios logrados por la humanidad.[54] Si bien estamos de acuerdo en oponer el derecho de uso al de propiedad, creemos, a diferencia de Laval y Dardot, que lo común debe tener tres condiciones.

  1. Es un recurso compartido; sea material o inmaterial pero que es compartido, distribuido y reglado.
  2. Esto se hace alrededor de un conjunto de actores concretos, donde se da el compartir y el uso en base a derechos asignados.
  3. Por último, lo común requiere un modo de “gobernanza” (mezcla de gobierno y confianza, un estilo de funcionamiento de una sociedad determinada que usa su capital social y cultural). Es la participación igualitaria en la decisión de las reglas que nos afectan en lo cotidiano y en el gobierno de las instituciones (como en las cooperativas).

 ¿La biodiversidad donde la ubicamos? La biodiversidad es un bien público, porque no cumple por lo general esta tercera condición de tener una estructura de gobernanza. Pero el uso de un bosque o el pastoreo de campos puede ser algo que llamamos común, si cumple la tercera condición, la gobernanza, las reglas de uso, acceso, usufructo y propiedad colectiva y pública, intergeneracional. Lo común puede y debe ampliarse, y es preferible que sea con criterios cooperativos. Estas son las condiciones amplias, generales que enmarcan la idea de lo común como alternativa a desarrollar para abordar críticamente la ideología de la propiedad exclusiva en el neoliberalismo. Y para que sugiera posibilidades y alternativas para la transformación post capitalista. El cooperativismo como modo de gestión de las cosas y de gobierno para las personas cumple los requisitos básicos para experimentar y ensayar.

El capitalismo neoliberal actual necesita imperiosamente la desigualdad social y la producción depredadora (recursos, clima, poblaciones) para estimular con el consumo desmesurado su concepto fetiche, el crecimiento[55]. El liberalismo, la socialdemocracia y el marxismo en sus experiencias históricas concretas no han encontrado los medios, aun, para brindar prosperidad sin “crecimiento” económico. Por lo general y por distintas variables lo han acompañado siempre con depredación insostenible en lo ambiental y desigualdad distributiva en lo social. Lo cierto es que en la mundialización económica, el libre intercambio del mercado mundial estructurado por el mercado y las rentas, beneficia la desigualdad creciente entre países, regiones y personas. Se posiciona el “libre intercambio” como tendencia generalizada de un sistema que no deja de crecer y concentrar los beneficios en pocas personas. Por lo tanto, ya hemos comprendido como civilización que el aumento de la tasa de crecimiento en las condiciones actuales está íntimamente ligado a la degradación de nuestro patrimonio natural (a la calidad del aire y del agua).[56]

 La transformación para promover alternativas democráticas necesita, entonces, una orientación general para poder pensar prospectivamente, guiar las preguntas, la escucha, las decisiones y en consecuencia el sentido del presente, según nuestro deseo y visión de futuro (utopías concretas). Una orientación primera podría ser la idea que presentamos del “tercer atractor”.[57] En sentido prospectivo, los “futuribles” que se deseen promover como escenarios posibles tienen al futuro como causalidad política deliberada (causalidad futura, que determina y orienta el presente). Esto implica un cambio paradigmático de la praxis hegemónica moderna-liberal actual. La transformación deseada (que será conflicto, debate y creatividad para evitar escenarios catastrofistas a corto plazo), debería ser acordada democráticamente. Esto es, desde un marco general instituido que regule cooperativamente las condiciones de producción, circulación, consumo y apropiación de lo común.

Lo dicho aquí arriba recoge orientaciones generales que se repiten y son coincidentes en muchos pensadores de los partidos políticos, filósofos y científicos sociales.

  1. Poner en cuestión las condiciones de medición del PBI incorporando y alineando las variables determinantes con los desafíos ambientales actuales, concretos, así como los de satisfacción subjetiva de las sociedades (felicidad, criterios éticos de justicia, libertad y fraternidad).
  2. Cambiar la orientación de las instituciones mundiales actuales y crear otras en consonancia con los desafíos, las orientaciones generales. Por ejemplo, que el FMI dejaría de ser la policía financiera al servicio del gran capital transnacional y financiero, para ser quien genere las condiciones desde una regulación controlada de la circulación del capital, a escala mundial. Con condiciones muy duras a la libre circulación de capitales parasitarios, ambientalmente insostenibles y que evaden impuestos. Que la OIT sea un control con poder de sanción de prácticas laborales inhumanas. Crear una Organización Mundial de la Ecología (OME) que trabaje en paralelo con la Organización Mundial de Comercio (OMC) sancionando prácticas depredadoras y ambientalmente fuera de los acuerdos de cuidado de la biodiversidad. El Banco Mundial (BM) entonces tendría como misión principal o como horizonte la finalidad de que haya alimentos para todos los habitantes (situación posible y factible ahora, pero no realizada aún) sin destruir lo biodiversidad necesaria para el presente y las generaciones futuras.
  3.  Propiciar políticamente la idea de un proteccionismo altruista, porque es necesario en sentido ecológico, democrático y en particular por razones sociales. Protege a la vez los modelos sociales más desarrollados y de este modo custodia los intereses de los trabajadores de cada región, favoreciendo económicamente a los mercados locales y regionales.[58]
  4. La autogestión y el cooperativismo a escala local, regional, continental y global implicaría la revitalización de la democracia participativa. Y por ende de la política (los lugares asignados a los actores con sus instituciones correspondientes) y de lo político (el tratamiento del desacuerdo y el antagonismo que caracteriza este espacio de comunicación y el conflicto) como tratamiento del desacuerdo constitutivo e inherente de toda comunidad.[59]
  5. La idea de lo Común integrando multitudes y delimitando las tres condiciones de que sea un recurso compartido, con actores concretos y con un modo de gobernanza cooperativa. Por esto la coo-creatividad, gestión creativa experimental de lo común, como elemento constitutivo que integra a la Tierra como actor político dentro del marco moderno heredado, deberían ser las condiciones sin recetas ni a prioris de las formas que cada colectivo local deberá encontrar según sus criterios acordados, para compaginar con otras posibilidades. De la vida en común nacen deseos colectivos de comunicación, salud, investigación, educación para los que la satisfacción no debería estar supeditada a imperativos del lucro o la ganancia, porque pertenecen en tanto bienes comunes, a la especie humana.[60]
  6.  No se parte de cero para estas experiencias, ya que aquí es donde la comunidad cooperativa internacional tiene un papel preponderante a cumplir, por su experiencia acumulada desde los obreros de Roschdale con la primera cooperativa creada en Inglaterra.

 

Los desafíos actuales son intensos y concretos a causa de la hibris (la desmesura, por extensión la temeridad y la arrogancia) que interpelan tanto a nuestra conducta individual como al sentido y los justificativos éticos de nuestras instituciones. Es como si ya supiéramos interiormente que la Némesis (el castigo divino por haber transgredido los límites, como en la mitología griega, Prometeo, Sísifo; en la Biblia en Adán y Eva, La Torre de Babel) nos corresponde y por esto la tristeza y el miedo paralizante de amplios sectores sociales. Sabemos que ya hemos sobrepasado como civilización los límites sistémicos de las condiciones de reproducción de la vida. Por esto, la vida en la Tierra está en juego a largo plazo. Esta situación nos exige prepararnos emocionalmente como si asistiéramos a una mezcla de apocalipsis cristiano, el Kali Yuga (o fin de ciclo hindú o Maya, o a una inminente guerra atómica como la de la guerra fría en décadas pasadas). Todo parece una guerra final, ya que las transformaciones son aceleradas, tanto de los ecosistemas como la desaparición acelerada de las especies vivientes (la sexta para ser precisos). Esto nos demanda tomar la situación con prudencia. Nuestras decisiones personales son importantes y las instituciones que sostenemos aún más. Más allá del debate ideológico que caracterizó la modernidad occidental, hemos resumido nuestra idea en una máxima: “Vive generando más cooperación, mejor democracia participativa, con una manera de vivir frugal que tenga a la coherencia responsable como criterio”. Vivir con mayor conciencia mirando y sosteniendo políticamente el largo plazo con cada acción de tu vida. Porque será una creación a parte entera, una responsabilidad cabal que cada uno puede asumir. En sí misma será una actitud filosófica y espiritual, que dejará la impronta individual y las consecuencias ineluctables de cada sociedad y su cultura.

 

3.Conclusión. La cooperación y la creatividad como núcleo estratégico para afrontar los desafíos sociopolíticos y ambientales post-neoliberales.

Recapitulando, decíamos entonces que ante los desafíos vitales globales y los inconvenientes que genera nuestro modo de vida, la imaginación política y las utopías concretas están de retorno. Los problemas a nivel global (“segundo atractor”, la mundialización económica) se reproducen como un fractal en lo local (el “primer atractor”, la región, el país, las versiones comunitaristas-nacionalistas). El declive de la modernidad y del sistema socioeconómico actual se manifiesta en el daño ya irreversible a la red sistémica de lo viviente, desde el “segundo atractor” (y con la complicidad ciega en la mayoría de los casos, del “primer atractor”). Por esto, la idea de “tercer atractor” que pone a la Tierra como actor político, con plenos derechos para repensar el desarrollo de las economías y de las sociedades políticas (Latour, 2017). La Tierra deberá ser imperativamente tenida en cuenta en las decisiones presentes y para el futuro en la gestión política, en todos los niveles, dimensiones de análisis y de intervención humana. Deberá serlo tanto por el neoliberalismo hegemónico actual como por las posibles alternativas post neoliberales (que tendrán algo de las reflexiones precedentes como le convivialisme, la décroissance, coo-creatividad, la ecología profunda, etcétera). Estas alternativas (o prospectivas estratégicas) en gestación no demandan esperar el día de la revolución o la superación del sistema capitalista -cual utopía comunista del siglo XIX-, sino observar lo que ya se está dando a pequeña escala, siempre local como repuesta, adelanto y anuncio de lo nuevo. Se trata de aportar, promover y sumarse a experiencias locales y regionales de estas utopías concretas, diversas y dispersas, que están ya instalándose como germen y embrión que muestra el futuro. Creemos de todos modos, a nivel analítico y sobre todo, por la manía occidental de etiquetar y nominalizar un proceso, que podrían articularse conceptual y políticamente desde un horizonte trans-moderno (Dussel), que tuviera a la cooperación como categoría intencional y significante vacío deliberado, que modulase creativamente nuevos horizontes a experimentar colectivamente, como en un laboratorio social post capitalista (Baschet). No se parte de cero en esta indagación, tanto por las experiencias comunitarias locales, como porque grupos alter-mundialistas, pensadores europeos y el grupo decolonial han hecho varias sugerencias de utopías concretas, para ensayar alternativas institucionales e internacionales plausibles, como también posibles principios de gestión de lo local, sin que sean recetas ni planes a priori. La coo-creatividad y la ecología teniendo a lo común (Laval y Dardot) como principio político, parecen orientar la búsqueda imperiosa de alternativas a lo ya agotado, ante la falta de consenso conceptual y la ausencia de una sola alternativa política concreta por ahora. Sin embargo, esta situación parece coincidir paradójicamente con que no hay que prescindir de los logros, conquistas y libertades adquiridos desde la instauración de la modernidad hasta el presente de las sociedades capitalistas occidentales. La situación se configura entonces en el presente, haciéndolo como desafío complejo. Es de prever que políticamente será un laboratorio de prospectiva antropo-social, de experimentación y ensayo colectivo.

 El intento político alternativo tendrá inevitablemente a la incertidumbre, la contextualización sistémica de los desafíos y a la cooperación como sustentos de la experiencia. Todo esto en medio de riesgos ambientales y de desafíos tecnológicos que hacen pensar en un cambio de época y de paradigmas. Estos desafíos harán del presente y del futuro próximo la certeza ineluctable e intensa de situaciones inéditas e imprevisibles. De ahí lo necesario, utopías pragmáticas y concretas, como ejercicio heurístico-político, que ponga a la cooperación y a la creatividad (coo-creatividad) como ejes de esta construcción democrática y participativa de lo inesperado, lo que ignoramos, para dar respuestas concretas, hospitalarias, como alternativas posibles al riesgo inherente de un modo de vida y experimentales, en relación con las sociedades post capitalistas a venir.

 

 

Horizontes trans-modernos para salir del atolladero neoliberal.

 

El pensamiento liberal se fundamenta a grandes rasgos por un lado, en la independencia de criterio de la vida privada en relación con 1) la vida del mercado, 2) del espacio público de decisión política. Por el otro, se fundamenta en “la mano invisible”[61] (Adam Smith) y providencial, que sigue mostrándose como manifestación de la voluntad y la justicia divina, donde los vicios privados se transforman en virtudes públicas (Mandeville). Esto se complementa en la filosofía social liberal con la racionalidad del cálculo individual en la búsqueda de beneficios que se forma y se asegura, en última instancia, por la armonía y el equilibrio del mercado. Por ende, el mercado en esta perspectiva promueve la buena sociedad que promovían los protestantes de la época. Estos supuestos sirven de justificativo ideológico, pero no se sostienen ni lógica ni científicamente, según las ciencias sociales, la filosofía y la neuropsicología.[62]

Según Cornelius Castoriadis (2011), los supuestos de independencia del mundo privado -la familia, la casa- que los griegos llamaban Oikos (de donde viene la etimología de economía, oikonomía, Oikos casa y nomos reglas o leyes) se entrelazan en el espacio público y privado a la vez -lo que los griegos llamaban Ágora, que es la sociedad civil a partir del pensamiento moderno ilustrado de la modernidad y “el mercado” en la tradición liberal-. La Ecclesia es el lugar público donde se ejerce el poder y se deposita el poder político de la decisión de la política. Este último es el lugar público-público, según Castoriadis. Si bien este pensador griego reconocía que la relación entre las tres esferas no puede establecerse de forma rígida, concluye también que no pueden estar radicalmente separadas.[63] La democracia, como el gobierno de los pobres que debe gobernar para la mayoría, debe tener -inferimos nosotros, aunque no sea explícito en Castoriadis- a la cooperación entre las tres esferas como la regla básica (o como el cemento que unifica el sentido y las mejores posibilidades de resultados satisfactorios). Aquí es donde el interés político de los pobres se diferencia de los del gobierno de la oligarquía, hoy representado por el capital financiero y las políticas neoliberales que han cooptado el poder político (Ecclesia), restringiendo la libertad de participación y decisión del Demos (pueblo). 

 El gobierno de los ricos gobierna según sus intereses y prescinde del Demos para las decisiones, aunque no de que sea la fuente de su goce de acumular la riqueza desmesurada de bienes de lujo y servicios tan extravagantes como prescindibles. La cooperación puede asegurar la libertad de ciudadanos autónomos e iguales en el Ágora y en la participación en la Ecclesia, es decir puede instalarse como el significante vacío que actúa como un imán, que integre el horizonte trans-moderno de vida que postulan las corrientes decoloniales como perspectiva de reconocimiento mutuo y de opción ética (analéctica) a la modernidad-postmodernidad eurocentrada. Este significante vacío, la cooperación como coo-creatividad, podría atraer así a los otros significantes (justicia, igualdad, libertad, democracia, pueblo, poder, desarrollo) para que redelimiten y redefinan su significado.[64] Su propósito democrático podría ser afrontar el desafío de la puesta en marcha de alternativas políticas posibles y concretas post-neoliberales, a construir, acordar y modelar para la gestión coo-creativa de lo común en América Latina. Esto implicaría la inclusión del tercer atractor, la Tierra, que dialoga y reconoce tanto lo local y lo comunitario, como lo global con pretensiones universalizantes, de mundialización de procesos, principios y criterios (las mitologías y culturas prehispánicas de toda América lo sostienen dese perspectivas animistas desde sus comienzos).[65] Así, desde un conjunto conceptual coherente a desarrollar y experimentar en cada laboratorio local, regional y nacional deberían ir desplazando la idea de competencia, que es, según Laval y Dardot (2017), la característica determinante y estructurante de las teorías y políticas públicas neoliberales. El neoliberalismo y sus “supuestos impuestos” como hegemonía al conjunto de la sociedad actúan deliberadamente en contra de la democracia, a la que dicen promover. Los otros significantes (igualdad, justicia, libertad, futuro, creatividad, poder) pueden religarse a este concepto clave, la cooperación, como conjunto de laboratorios y espacios donde lo común y la creatividad cooperativa son las palabras claves. Más que como un modelo “llave en mano” ya desacreditado, los objetivos y la gestión misma deberán entenderse como praxis que desarrolla democráticamente practicas recursivas y evolutivas. Entonces se abren dos posibilidades: primero, es probable que esto genere nuevos entusiasmos (cooperativos y participativos) e incertidumbres, que promuevan con innovación y pragmatismo pactos sociales integrales y universales de ampliación de lo común. Luego, en segundo lugar, es más probable aun como consecuencia genuina de hábitos democráticos que se involucren los interesados con una mayor participación política y compromiso en la acción. Alterando las dimensiones  socioculturales y económicas, al modificar la visión hegemónica de la propiedad, el uso y el usufructo de los bienes fundamentales y básicos de cada comunidad.

 Los problemas diversos ligados a la desigualdad, el calentamiento planetario y los rumbos alternativos políticos a experimentar deberían coincidir casi imperativamente en un punto nodal, lo cooperativo. El punto de encuentro como versión positiva que articula en la cooperación como acción aquí y ahora; el cooperar como verbo en todas sus posibles conjugaciones y el cooperativismo como dimensión pragmática del contexto de uso de un significado especifico, como organización e institución dentro de un horizonte de experiencias transmodernas. Si aceptamos esta premisa heurística y de principio, entonces podemos abordar por ejemplo un primer problema, que desde hace tiempo emana de “las venas abiertas de América latina”: la desigualdad[66] creciente en todo el continente y en el mundo.[67] Si la cooperación creativa es el principio político de base para una sociedad en transición ecológica, entonces deberá incorporar a la reflexión y a la praxis política el tercer atractor para que vaya abriendo el horizonte transmoderno, para que pueda abordar problemas ligados a la desigualdad.

Estos temas ligados a la desigualdad han sido resumidos a seis por el investigador y filosofo de Harvard Thomas Scalon (2018) en su libro ¿Why does inequality matter? Si bien la igualdad es un concepto que está a definir (¿qué es lo igual?, ¿quiénes son los iguales?) su definición es la política misma según Rancière (2006). En el escrito de Scalon la igualdad aparece relacionada a problemas y no a un valor en sí mismo. El primero de los seis problemas que él remarca es que la desigualdad es condenable si ello se acompaña de un tratamiento diferenciado de las necesidades de las personas según su situación socioeconómica. Si se desarrolla la participación y se promueven los derechos de ciudadanía desde las instituciones democráticas -y en las relaciones económicas incluidas (producción distribución, consumo y tratamiento de desechos)-, los mecanismos de decisión sobre las mejoras de las condiciones de vida y la resolución de las desigualdades verificadas en el uso y acceso de los bienes en las instituciones básicas (educación, salud, justicia) pueden ser una vía de solución. Estas pueden tornarse más fáciles que la sola regulación del mercado, que persigue, fundamentalmente a través de la competencia, la ganancia de la junta de accionistas. Sin que sea, evidentemente, una promesa del paraíso, la intervención pública que tiene a lo común como motivo y modelo político, y a la cooperación como modo preponderante de gestión[68], puede reducir sustancialmente la desigualdad generada por las perspectivas no democráticas del neoliberalismo. El segundo punto planteado por Scalon relativo a la igualdad es la indignidad ligada a desigualdades de status; el tercer punto es que son problemas moralmente condenables si da a los más ricos en lo económico (rentistas de mayor patrimonio) los medios de control de aquellos más necesitados, por ejemplo la propiedad de los medios de comunicación. En cuarto lugar, son criticables si los menos beneficiados y más expuestos tienen restringido el acceso a puestos de responsabilidad, o si tan solo se vuelve más difícil por su sola condición socioeconómica, es decir que la distribución de cargos de responsabilidad y de decisión solo es para los más diplomados y para los sectores más acomodados en lo financiero. El quinto problema, razón para condenar la desigualdad, es si la desigualdad está ligada a dañar la igualdad de las instituciones políticas, como por ejemplo, al votar leyes que favorecen a los más ricos; el sexto punto planteado por el autor es que deben ser contestados los problemas ligados a la desigualdad si los mecanismos institucionales no se apoyan en justificaciones racionales (dogmas religiosos y valores de fe en lo trascendente).

 Lo que está puesto en duda así, en situaciones de desigualdad creciente y degradación de los ecosistemas, es la democracia misma, ya que se parecería más como régimen político a una oligarquía que a una democracia. En una oligarquía se beneficia de modo irracional (desde una perspectiva inmanente a las necesidades de sobrevivencia del mismo sistema capitalista de producción y consumo) a los más ricos, cosa que hace incontestable y escandalosamente el neoliberalismo hegemónico actual (según concluyen las investigaciones de Thomas Piketty, Laval, Tony Negri, Vicenç Navarro y Joseph Stiglitz). Evidentemente, nadie se hace rico solo y toda acumulación de riquezas no puede realizarse si no hay un sistema político y socioeconómico que lo hace posible. Entonces, una persona individual o jurídica no es expoliada cuando está obligada a devolver vía impositiva (impuestos) lo que ella misma (la sociedad, la cultura y la comunidad viviente) le ha permitido ganar. Las ideas de lo común y de la gratuidad (de acceso y usufructo a servicios como la iluminación pública, las autopistas, la educación, los parques nacionales) se sostienen con los impuestos y no son “gratis”, evidentemente. Estas dos ideas entonces desde una perspectiva cooperativista, son categorías conceptuales que articulan un campo de acción experimental para salir de la limitante trinchera y atolladero de los principios neoliberales (la propiedad, la ganancia, la competencia). Esos principios convertidos en política hacen realidad la idea hobessiana del hombre como lobo del hombre; no como un a priori sino como un a posteriori, como las consecuencias mismas de sus ideas, llevadas a cabo por la política. Esta, al contrario de los supuestos metodológicos ortodoxos de marxistas y del monetarismo neoliberal actual, sobre determina lo económico en el neoliberalismo.

Insistimos que no debería haber recetas ni modelos a priori. Aunque sí puntos de partida orientadores -heurísticos y prospectivos de diagnóstico, de construcción de agendas de prioridades-, para determinar estratégicamente objetivos y propósitos consensuados y para la búsqueda participativa local y regional de caminos democráticos coo-creativos alternativos, post neoliberales. Alimentación, gestión de servicios, desechos, energías renovables pueden convertirse en un laboratorio local y experimento comunitario  de cooperación y gratuidad en contraste con el modelo vigente de imperativos de competencia y eficiencia financiera. Creemos que es necesario un acomodamiento al potencial de la situación[69] con la que hay que componer en y con la situación política. Se trata de experimentar y crear cooperativamente el presente, de componer con las necesidades y el devenir en el contexto sistémico de la situación con futuros inciertos, inéditos. Pero democráticamente construidos en lo cotidiano, con participación democrática que exceda la formalidad representativa de votaciones periódicas cada cuatro años e imperativos jurídicos legales inmodificables.[70]

 Es de esperar que si “el pueblo” (el Demos) gana poder de decisión con mayor grado de libertad y autonomía, el establishment político y económico (la Oligarquía en sentido político griego clásico) se preparará entonces para evitar los experimentos (como lo han hecho el FMI y la UE en Grecia, en 2015). También intentará evitarlo en América Latina el neoliberalismo omnipresente, con la nueva ola democrática que es de prever, vendrá  a partir de fines del 2019. Por lo tanto, el antagonismo estará en alza, la confrontación se tornará desmesurada y el restablecimiento de su hegemonía, si es que la habrá perdido momentáneamente en el periodo 2020-2025, será la orientación antidemocrática y desestabilizadora. Los sectores neoliberales salientes (Macri, Bolsonaro, Piñera) repetirán el mismo libreto como si nada hubiese pasado en el periodo 2014-2020. Ensayarán con su estrategia de Shock los mismos modelos doctrinarios e idénticas recetas políticas ya hechas y fracasadas, que degradaron y atentaron contra la democracia (como Macri en Argentina y su plan económico de retorno a las políticas que aplicó Domingo Cavallo, el responsable intelectual del fatídico “corralito” en la debacle del 2001). El conflicto, dicho de modo esquemático y reductor, será en Argentina la sola forma de la política, pues la confrontación y el antagonismo son inherentes y previas a la relación. Cada parte se necesita para sostener su identidad: el otro en su forma negativa es la razón de ser de la identidad que se expresa en el rechazo radical del otro. Entonces solo quedará la guerra. Es de esperar que se lleven al extremo en los medios y en las redes sociales las generalizaciones falaces del tipo “son todos malos, ladrones, corruptos, idiotas, perversos, necios, obsecuentes, soberbios, agresivos…”. Siempre es “el Otro”, no “yo”, puesto que “yo soy” el reverso positivo de ese “otro” (el bueno, trabajador, honrado, informado, correcto, humilde, abierto, tolerante, no violento…). Evidentemente hay algo patético o patológico en la posición que ubica al eje del bien para justificar a priori la violencia y el narcisismo de “lo mejor”. Entonces el conflicto está blindado, asegurado, es inherente a lo que viene: limpiar la escoria, violentar al bruto con brutalidad… La muerte es al final de cuentas la solución de un conflicto insuperable. Tal vez sea preferible la opción coocreativa que copia el encuentro de ovulo y esperma, donde uno más uno es tres. Entre uno y el otro no se resuelve “o bien uno o bien el otro” sino algo nuevo, lo dual que cooperando suma creatividad cooperativa. El riego es que sea una falsa alarma, que todo caiga en saco plástico, y el ovulo se quede en un triste y solitario final.

El movimiento cooperativo mundial y de cada país tiene una oportunidad profunda para replantearse su visión y misión, para adaptarla mejor al contexto sistémico con su modo de gestión democrática igualitaria. Una sociedad democrática que aumente la participación política y que mejore la calidad de la gestión para coo-crear su futuro, es una situación que aumentará los riesgos políticos y las tensiones sociales. Es posible que el desacuerdo de la política (asignación de espacios y beneficios pre-acordados) se instale muy fuerte y se manifieste como lo esencial de lo político -la emergencia y gestión del desacuerdo-. Pero tal vez ahí, la idea de innovación destructiva de Schumpeter (ligada al proceso económico), cobre sentido y se de la posibilidad de re-semantizarla hacia la dimensión política como innovación coo-creativa. Esto requiere ejercicios colectivos de imaginación intelectual y de utopías concretas coo- creativas, para que la innovación política como espacio del Demos tenga un sentido positivo de cuidado de sí mismo. Recordando que la Democracia es el resultado una victoria política del Demos, no un regalo sino, en el mejor de los casos, una conquista y un resultado del antagonismo inherente de lo político: la igualdad. Si bien el desacuerdo y el antagonismo en política son constitutivos de la lucha por el poder para la distribución de las partes en el todo social, creemos que la destrucción de alternativas y la imposición de una sola perspectiva no es el único camino ni ayuda a la consolidación de prácticas democráticas. Esta  parece ser la tendencia de la mayoría de las experiencias de políticas y gestiones de las versiones neoliberales en América Latina. Siendo las políticas orientadas por la igualdad inherentes a las tendencias democráticas y coo-creativas, las puestas en juego por los participantes son inseparables de la interacción y disputa del poder, por la siempre inestable hegemonía que se va construyendo (con o sin cooperación). Hay alternativas que existen si hay voluntad e inteligencia que copie la lógica viviente, plural y sinérgica que supere el mero darwinismo del más fuerte.

El proceso de la confrontación y construcción creativa de lo político es posible si crea aportes y reconduce el dilema del sentido de la institución imaginaria de la sociedad. Podemos asumir la posición de descentrar los ejes estructurantes de la hegemonía neoliberal, el mercado y la competencia. E instituir como reemplazo y de modo deliberado los de la cooperación, que promueven la creatividad, la ampliación democrática con la participación sin privilegios de todos los estamentos y sectores de las interacciones sociales, para decidir el futuro. El futuro, como causalidad que empuja y determina el presente en forma de utopía concreta, dispone de alternativas en “el jardín de senderos que se bifurcan”. Es decir, situando a lo común y a la coo-creatividad (el cooperativismo) como el entusiasmo del centro articulador de la praxis del futuro inmediato, en tiempos de recalentamiento social y sobre todo, planetario.

 

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[1] Profesor en Centrale-Supelec, Paris, Francia. Autor de Critica a la modernidad eurocentada, EAE, 2011. Doctor en filosofía (Paris 8-UBA). Correo electrónico: hugobussoformacion@gmail.com

[2] El informe de la CEPAL 2019 da los datos de cada país, que posibilitan pensar situaciones y tendencias en el continente. Se puede consultar en : https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/44969/4/S1900908_es.pdf

[3] Geiselberguer, (2018).

[4] Illich (2003).

[5] Además de Ilich, Morin, Laval, Latocuche y Baschet (2019) hacemos referencia a otros libros como Pour un nouvel imaginaire politique, varios autores (2006); Viveret, (2019), Laval y Dardot (2017); Latour (2017).

[6] ”La analéctica significa ir más allá de la totalidad y encontrarse con el Otro, que es originalmente distinto y por tanto su logos irrumpe interpelante más allá de mi comprensión del ser, más allá de mi interés.” (…) “Para Dussel, la dialéctica considera la unidad de los diferentes, de los contrarios en la totalidad del ser. La analéctica significa ir más allá de la totalidad y encontrarse con el Otro, que es originalmente distinto y por tanto su logos irrumpe interpelante más allá de mi comprensión del ser, más allá de mi interés.” https://es.wikipedia.org/wiki/Anal%C3%A9ctica

[7] Latouche, (2011).

[8] Anderson (1999 2000); los sociólogos Bourdieu (2011) y Wieviorka, (2004). En América Latina Sader y Gentilli (1999); Salas Astrain (2005); Grosfoguel y Romero Losaco (2009).

[9] Aníbal Quijano, Enrique Dussel, Walter Mignolo e Immanuel Wallerstein son los que han desarrollado este tema a lo largo de su obra. Ver Lander (2000).

[10] El Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT, del inglés General Agreement on Tariffs and Trade) se basa en las reuniones periódicas de los estados miembros, en las que se realizan negociaciones tendientes a la reducción de aranceles, según el principio de reciprocidad. Ver en: Wikipedia https://es.wikipedia.org/wiki/Acuerdo_General_sobre_Aranceles_Aduaneros_y_Comercio). El GATT es el precursor de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

[11] Ha -Joon Chang (2007).

[12] Joseph Stiglitz (2006) y Samir Amir (1999).

[13]Baumier (2019), 45-46.

[14] Desregular la disciplina fiscal, privatizar los servicios públicos, liberalizar las fronteras del mercado, desreglamentar la competencia, no dejar gastar al gobierno en lo social más de lo que ingresa en sus cuentas. Dogmas no solo contestados, sino que, al ser contrastados con datos y análisis de coyunturas, se autodestruyen lógicamente. En Argentina, por ejemplo (y sin hablar del “corralito”), a fines del mandato presidencial de Mauricio Macri en 2019, no había ningún indicador macroeconómico que no haya empeorado en referencia al 2015.

[15] Según Laval y Dardot (2017), 56: “El neoliberalismo se ha convertido en un sistema institucional y normativo en que la iniciativa gubernamental y la lógica disciplinaria se apoyan una a la otra. Este sistema neoliberal es inseparable de la mundialización. […] Como conjunto de reglas, instituciones y normas, ha permitido intensificar los intercambios, la internacionalización de la producción y la liberación de los flujos de capital.”

[16] Cuya influencia intelectual se incrementa en Latinoamérica con académicos como Enrique Dussel, Ramon Grosfoguel, Walter Mignolo y otros como el portugués Boeventura de Sousa Santos.

[17] Mouffe (2018) y Revista Conflits (2017), son una buena introducción del pensamiento europeo y francés para tan extenso y profundo debate.

[18] Para Henri Lefebre no hay pensamiento sin utopía. Porque esta es una dimensión normal del pensar. Si uno se priva de esta dimensión la reflexión se reduce, disminuyendo por lo tanto su propia potencia.

[19] Cooperar implica como proyecto humano la libre adhesión, voluntaria e igualitaria (una persona = un voto) en un proyecto democrático en su modo de funcionamiento, compartido y aceptado. Por lo general, la cooperación da sentido y propósito a la vida personal y comunitaria. En una cooperativa de producción, las instancias de decisiones están consensuadas y reglamentadas para los diferentes roles, de asalariado, productores, directivos, comerciales, etcétera.

[20] Ver bibliografía: Varios autores (2006), Bensaid (2008), Geiselberger (2018), Dubet (2019), Viveret (2019).

[21] Ver el movimiento convivialista en Francia: http://convivialisme.org/

[22] El desorden climático es responsabilidad del capitalismo, no de la humanidad. Maln (2018).

[23] Ver: Semal (2019); Latouche (2006; 2011); Magnan (2012). Las publicaciones científicas y el análisis de las consecuencias políticas son extremadamente numerosos en este tema, en todas las disciplinas y en casi todos los países.

[24] Kaul (2005).

[25] Dufour (2007); Jappe (2017).

[26] Massumi (2018); Laval & Dardot, (2017), Baschet (2018).

[27] Ver bibliografía. Este concepto lo utilizó Ernst Bloch en el ensayo publicado en 1976 Le príncipe d’esperance, que lo describe como la exploración de posibilidades objetivas de lo real y la lucha por su concretización. Además de las instituciones mundiales y las ONG globales, y propuestas como Le convivialisme, el decrecimiento; los pensadores y académicos de renombre como Edgar Morin, Amartya Sen, Arne Naess, Alain Badiou, Bruno Latour, Erik Olin Wright, Enrique Dussel, Laval & Dardot, Francis Wolf, Jeremy Rifkin, Juval Harari; Fréderic Lordon, los jóvenes Rutger Bregman y Luc Semal, entre tantos otros.

[28] Zizek (2018), 54-55. “El cambio aparecerá, dice este autor, como el ladrón en la noche, en el momento menos esperado y calmo, emergerá el acontecimiento que trastocará todo…”

[29] Bien compendiados por Citton (2018).

[30] La definición del diccionario Larousse es: Science ayant pour objet l'étude des causes techniques, scientifiques, économiques et sociales qui accélèrent l'évolution du monde moderne, et la prévision des situations qui pourraient découler de leurs influences conjuguées. 

[31] Esta afirmación requiere mucho más espacio para ser  justificada, evidentemente. Ver la argumentación que desarrollan Laval y Dardot (2017). Ellos argumentan más concretamente los principios y criterios rectores y muestran el desarrollo histórico para comprender mejor por qué es un proyecto antidemocrático.

[32] Lo local es el primer atractor y lo global el segundo. El tercero, la Tierra debe entrar como sujeto con plenos derechos políticos para pensar, medir y proyector prospectivamente el futuro del desarrollo socioeconómico y político.

[33] Wallerstein (2006) la define como la evaluación de los sistemas sociales humanos, de sus problemas que limitan el potencial y las zonas abiertas a la creatividad humana.

[34] Además de los libros citados de Latour, ver Thierry Paquot (2007; 2012) Revistas francesas que abordan estos temas: Magazine Litteraire n° 1; Socialter n° 35 y 36; Kaizen; Nexus; Contetemps, Sciences Humaines.

[35] Para los conceptos y categorías aquí empleados, teniendo en cuenta la extensión de este artículo, sugiero ver y consultar la bibliografía, de donde hemos tomado los conceptos y que no hemos desarrollado, ni justificado suficientemente su significación y uso en este escrito. Busso, Hugo (2012).

[36] Y en consecuencia los supuestos y las categorías básicas del liberalismo con pretensión científica. Por ejemplo, el libre mercado, los agentes racionales que deciden… Ya no se sostienen ni teórica ni empíricamente, a nivel micro y macro social en el conjunto de las ciencias sociales. Tan solo se hace evidente su nivel ideológico-político e institucional, que prefigura sus capacidades de articulación de la hegemonía internacional según las reflexiones de Bourdieu, Lautour, Boltansky y Chiapello, Lordon, Massimi, Laval y Dardot, Negri, Klein, Anderson, Honnet entre tantos otros.

[37] Este grafico del libro de Latour (2017) muestra los tres atractores, donde el tercer atractor altera el paradigma político de desarrollo y modifica la binariedad izquierda- derecha, localistas y mundialistas, desarrollistas y conservadores, local y global al incorporar la Tierra como tercer componente determinante.

 

[38] Ver artículo escrito por François Houtart (2016). En: http://www.cadtm.org/Amerique-Latine-Fin-d-un-cycle-ou

[40] Laval & Dardot (2014).

[41] Aires (2018) ; Caillé (2019); Revista Socialter (2019).

[42] Benasayag (20004) ; Dufour (2012) ; Jappe (2017).

[43] Baschet (2018).

[44] Baschet (2018) lo caracteriza como dominación del futuro inmediato, la tiranía reinante del momento que viene, de la inmediatez y la aceleración banal y destructiva. Tanto de la posibilidad de imaginar el futuro, como de la salud global, la causa del estrés alienante del conjunto de las esferas de la vida.

[45] Scanlon (2018). Un lúcido e interesante enfoque filosófico acerca de la desigualdad por este profesor de filosofía de Harvard, que desmonta los mitos liberales. Un buen complemento de las investigaciones de Thomas Pickety, acerca del Capital en el siglo XXI.

[46] Ver de Dussel Ética de la Liberación; Veinte tesis de la política. Una perspectiva pequeña y rápida de trans-modernidad : https://es.wikipedia.org/wiki/Transmodernidad

[47] Immanuel Wallerstein, Ivan Illich, Edgar Morin, Philippe Descola, Jerome Baschet, Ramón Grosfoguel y Walter Mignolo son las referencias teóricas que utilizamos en este escrito.

[48] El proyecto de transmodernidad propone la integración intercultural de los tres paradigmas culturales o cosmovisiones (premodernidad, modernidad y postmodernidad) para conformar la transmodernidad como nueva cosmovisión que va más allá de estas tres. Este proyecto interpreta al mundo por medio del consenso intersubjetivo, buscando la construcción participativa de proyectos. Además, tiene una concepción constructivista del mundo, según la cual el mundo es lo que la gente quiera hacer de él, bajo la creencia de que "otro mundo es posible". Ver: https://es.wikipedia.org/wiki/Transmodernidad

[49] Caye ( 2015).

[50] Garcia -Macia, Hsieh y Klenow (2016).

[51] Google, Amazon Facebook, Apple y Netflix.

[52] Wendell Wallach (2015). Apple, Facebook y Google con mil billones de cifra de negocio, crearon 137. 000 empleos, mucho menos que las automotrices GM, Ford y Chrysler que en 1990 generaron un millón de empleos con una cifra de negocios mucho más baja: ¡36 mil millones de dólares solamente!

[53] Que en realidad son previas y posteriores, si tomamos en cuenta desde las políticas liberales inspiradas por la escuela de Chicago, instauradas por Augusto Pinochet en Chile y Martinez de Hoz en Argentina, el colapso del corralito a principios de siglo XXI y las manifestaciones conflictivas en 2019 (Chile, Bolivia, Colombia, Argentina, México, Brasil).

[54] Laurent (2018), Busso (2019).

[55] El “Decrecimiento”, Latocuche (2005; 2011) es la perspectiva más critica a este dogma -fetiche de la economía. Ver en Francia Les convivialistes: https://www.lesconvivialistes.org/

[56] Ver artículo del eurodiputado Florent Marcellesi, (EQUO, España): http://florentmarcellesi.eu/2013/01/08/que-es-la-crisis-ecologica/ También en https://florentmarcellesi.wordpress.com/publicaciones/

[57] Que puede incorporarse como trinidad en la relación “Local, Global y la Tierra” para pensar la mundialización económica y las condiciones de progreso y desarrollo actual de la economía mundo.

[58] Cassen (2005).

[59] Rancière (1996); Mouffe (2018).

[60] Passet, (2006), 85.

[61] Si la mano es invisible realmente -se mofaba Stiglitz cuando recibió su premio Nobel de economía- es porque lo más seguro es que verdaderamente no existe la mano...

[62] La última etapa de la obra filosófica de Michel Foucault es un tema que articula el final de su obra. Enrique Dussel, Rancière, Chomsky, todos desde una perspectiva diferente, aportan reflexiones muy originales; los estudios sociológicos de Pierre Bourdieu hicieron escuela. Massumi (2018) hace un enfoque detallado y heterodoxo que demuele teóricamente los supuestos liberales.

[63] Castoriadis (2011).

[64] Laclau y Mouffe (1988).

[65] Descola (2005).

[66] Ver informe de la CEPAL 2019, y un pequeño comentario en: https://www.cepal.org/es/comunicados/cepal-la-region-ha-subestimado-la-desigualdad En el informe, la CEPAL enfatiza que para erradicar la pobreza y reducir la desigualdad y la vulnerabilidad de los estratos de ingresos bajos y medios son necesarias políticas de inclusión social y laboral. También se requiere un mercado de trabajo que garantice empleo de calidad y remuneraciones dignas, eliminar las barreras de inserción laboral de las mujeres y fortalecer el desarrollo de sistemas integrales y universales de protección social en el marco de Estados de Bienestar centrados en los derechos y la igualdad.”

[67] World inequality database: https://wid.world/fr/accueil/

[68]  Busso, (2014).

[69] Julien (1996); Benasayag (2004) 81-140.

[70] Como por ejemplo las mordazas constitucionales para asegurar la propiedad privada y el usufructo de bienes públicos y de uso común por un porcentaje reducido de ciudadanos beneficiarios económicos y financieros del trabajo colectivo del valor añadido por la comunidad.